*ENERO SE ROMPIÓ*
Todos voltearon en enero.
Preguntaron. Vinieron. Lloraron conmigo.
Ahora el mundo sigue girando
y yo me quedé aquí, clavada,
recogiendo los pedazos que dejó el infarto que nos partió a las dos.
Hoy otra vez no supiste mi nombre
y yo lo supe antes de que se apagara el día:
que el miedo no avisa,
que se mete en la sangre,
que te arranca la luz de golpe y sin pedir permiso.
Y entonces pasa:
Llegan los que nunca estuvieron, te miran dos minutos y sueltan:
"¿Pero por qué no hacen nada?"
¡Que vean las ojeras de mi padre si tienen ojos!
¡Que huelan a hospital mi casa si tienen nariz!
¡Como si quedarme aquí, desvelándome contigo, no fuera hacerlo TODO!
Y todavía tienen el descaro de hacerme sentir culpable por no hacer más,
cuando ya ni recuerdo lo que es dormir sin que el miedo me muerda la nuca.
Me enojo porque ya nadie pregunta.
Me enojo porque te quiero tanto
que me falta el aire
cada vez que a ti se te olvida cómo respirar.
Pero esta noche te reíste.
Una tontería que dijo alguien
y tú soltaste la carcajada,
y ese sonido
me pegó con fuerza algo adentro
que ni sabía que traía quebrado.
Esta noche estás comiendo.
Esta noche me viste.
Esta noche tu mano buscó la mía
como siempre,
como tú.
Y yo aquí,
rota y entera a la vez,
entendiendo a golpes que el amor
a veces es tragarse la rabia
y cargarte
cuando ni tú puedes con tu peso.
Pero también es esto:
reírnos en la cara del miedo.
Saber que la luz regresa aunque duela,
aunque se vaya sin avisar.
Saber que tú regresas.
Siempre regresas.

















