Durante mi infancia miré a las estrellas con infinita devoción, eran tan lejanas pero siempre estaban cada noche para ser admiradas por todos nosotros.
Un día mientras leía sobre ellas comprendí que las más brillantes habían muerto siglos atrás y supe que no éramos tan diferentes a ellas.
Brillantes a los ojos del resto, pero muertos tiempo atrás, quiza solo estamos hechos de polvo de estrellas.
-Forastera §















