Conoce a F r e d d i e G a l l a g h e r. Él tiene 2 7 años, viene de I n g l a t e r r a y se le confunde con M a r k F o s t e r, pero él no lo ve.
❝ I don’t trust words, I trust actions…❞
H I S T O R I A D E V I D A
Acostumbrado a la mala vida desde niñez, Freddie no lo ha tenido fácil en su infancia. Observando todos los días como su madre se vendía a todo tipo de personas, y su padre siendo víctima de estupefacientes sin molestarse en reparar en el daño que estaba causando, más unido a sus adicciones que a su propia familia, provocando que la economía del hogar estuviera en constante inestabilidad. De ahí que su progenitora tuviera que recurrir a dicho oficio como última opción, esperando al menos, poder sacar a su hijo y a ella misma adelante con el salario que recibiera a cambio de sus servicios. El pequeño sufría por la situación que vivía en su casa, incapaz de evitar la realidad en la que se encontraba, obligándole a madurar antes de tiempo. Se hacía responsable de sus actos y los de su padre, fueran las consecuencias que podría conllevar asumir las culpas de lo que aquel hombre hiciera fuera del hogar. Freddie deseaba sacar a su madre de aquella vida, o al menos, alejarla del tirano sin remedio que era su progenitor, al que era incapaz de reconocer como tal. Con unos pocos ahorros que fue guardando lentamente, logró cumplir uno de sus sueños; adquirir una guitarra para él solo. No tenía a nadie quién le enseñara sobre música o cómo tocar, por lo que tuvo que aprender por si solo, como en la mayoría de eventos de su vida. Tras unos meses de práctica, pudo dominar lo mejor que pudo sin ningún tipo de ayuda a manejarla, llevando su música a las calles, donde esperaba conseguir alguna limosna para poder salvar a su madre de aquel destino que se les presentaba. Y muy a pesar de que el menor no era el mejor músico, la gracia de ver a aquella criatura con un instrumento en sus manos, fue más que suficiente, obteniendo cantidades suficientes como para poder sacar a la mujer de aquel pozo que no parecía tener fin.
Dicho momento no llegó hasta que Freddie alcanzó la adolescencia, dejando a su padre solo y desamparado. No querían saber nada más de él ni que volviera a sus vidas por nada. Alquilaron un piso más bien aviejado y en bastante mal estado, pero poco le importaba a la familia aquello; ambos habían dado un paso adelante que les permitía acceder a un futuro distinto. Freddie fue mejorando su práctica musical conforme los años pasaban, sin embargo, su madre aún no era capaz de dejar la vida de las calles a causa del poco dinero que llegaba a la casa. Al escaso tiempo de permanecer de alquiler en su nuevo domicilio, su progenitora contrajo una extraña enfermedad de la que no consiguió sobrevivir. Los gastos médicos eran demasiado altos para la pequeña familia, impidiendo otorgarles cualquier ayuda, dejando al joven totalmente vacío.
Sin nada que lo retuviera ni le mantuviera en aquel lugar, Freddie tomó la decisión de marcharse. Ya no había nadie que lo esperara a la vuelta de su ‘jornada’, y se negaba rotundamente a encontrar a su padre, ni siquiera a informarle del fallecimiento de su madre. Con el dinero que ganaba en sus actos musicales callejeros, administraba dicho dinero en viajar y seguir adelante como si de un nómada se tratara, en constante movimiento y sin ningún lugar concreto donde hospedarse, tomando cualquier ocasión que se le presentara sobre la marcha. En uno de aquellos aleatorios viajes, arribó a una casa familiar donde convivían madre e hija. No pudo evitar que recuerdos le asaltaran ante tal casualidad. ¿Lo mejor? La mujer se dedicaba a la prostitución. Al igual que su progenitora. Aquella situación no podía ser más irónica.
Sintiendo empatía por la pequeña familia, pagaba los servicios de la joven madre sin recibir ninguno de dichas funciones a cambio. No le interesaba mantener relaciones con ella. Pero sí quería ayudarlas a que ellas sí salieran de aquella situación al tener historias tan similares. Desde el primer día, hizo buenas migas con la menor, bromeando con aquellos gestos coquetos que en un principio eran inocentes y sin ningún tipo de interés romántico, pues la edad entre ambos no era precisamente pequeña. Pese a eso, de un modo u otro unos fuertes sentimientos empezaron a crecer entre ellos, sin poder evitar que el muchacho terminara prendado de la chiquilla. Los rumores y cuchicheos no tardaron en aparecer en el vecindario, estorbando más de lo que ya hacían por el trabajo de la madre de la niña, provocándoles inseguridades y molestias que no pudieron solucionar. Con todo el dolor del mundo, Freddie tomó la decisión de marcharse de Sheffield y proseguir con sus viajes con tal de que la familia pudiera reanudar su vida nuevamente sin necesidad de más complicaciones. A día de hoy, el chico recuerda los momentos y la sonrisa de aquella adolescente constantemente, y no le desea nada más que la felicidad para ella y su progenitora, esperando que tras su partida aquella situación mejorara. Freddie prosiguió sus viajes mejorando su carrera como músico, logrando formar una pequeña banda con los que terminaron por ser sus mejores amigos.
Pocos lugares le quedan a Freddie por visitar que no haya concurrido hasta el día de hoy. A pesar de eso, siempre tuvo curiosidad por cierto país al que sus ojos jamás habían admirado; España. En una de sus rutas, decidió pararse en Ibiza y tomarse unas vacaciones disfrutando del sitio.
A Freddie le agrada divertirse, pasar un buen rato y conocer a gente agradable. Tiene sus distintas maneras de entretenerse, pero siempre está abierto a nuevas propuestas que llamen su atención. Sobreprotector con la gente de confianza, no duda en hacer lo que sea necesario por el bienestar de la persona en cuestión, pues su peor temor, es la pérdida de un ser querido. Siempre se ha preocupado y cuidado de las pocas relaciones estables que ha mantenido, sin poder evitar mostrarse un tanto reservado ante estas, siéndole difícil el expresar sus sentimientos. Su lado sarcástico y ciertamente, algo hiriente, pocas veces sale a luz gracias a su paciencia. Sin embargo, cuando lo hace, es preferible dejarlo estar y que pase el calentamiento del momento. Responsable y maduro, tiene su lado bromista que pocas veces decae. Su peor pecado es la gula, come por comer sin necesidad de tener hambre la mayoría del tiempo, y pocas veces sigue una alimentación sana y equilibrada.