Who knows, who cares
—Lamento ser tan grosero pero no puedes correrme, esta cafetería es pública y si quiero puedo sentarme en la mesa contigua a la tuya e incomodarte con mi mirada todo el día o al menos hasta que seas tú quien se marche. Ups. —Comentó con un fingido y exagerado pesar. ¿Decirle una completa extraña a Dante Behhadi lo que debía o no hacer? Imposible.
—Wow. Qué gran discurso, ¿lo usas con todas incluyendo a tu madre? Qué sorprendente. —Suficiente mierda era con la que la morena estaba cargando como para encima lidiar con un desquiciado que desde que había llegado no era otra cosa que una molestia. Por ende le dio el gusto, dejó el poco dinero que tenía encima sobre la mesa, se cargó el bolso al hombro y se puso de pie—Y por cierto, púdrete. —Le enseñó su dedo medio y sin más se largó de aquel lugar, saliendo por la puerta con un sentimiento de victoria invadiéndole.












