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—Oh, justo venía por eso —Ash pasó un mechón de cabello rubio que se había escapado de su chongo alto por detrás de la oreja—. Son muy hermosas, la verdad. La vi desde allá arriba —señaló la terraza de madera a sus espaldas, a la altura de la calle y volvió la vista a la rubia contraria—. Quiero decir es muy peligroso que esté a la orilla del mar. Depredadores o turistas, tómalo como quieras. Está muy perdida.
Sonrió al oír a la rubia, mientras acariciaba el tosco caparazón del animal. --Oh, tienes toda la razón, estaba pensando en ayudarla a ingresar nuevamente al mar --murmuró, colocándose de cuclillas para lograr depositar al anfibio en la fría arena--. ¿Tampoco podías dormir? --cuestionó, debido a que por una razón la contraria se hallaba en su terraza a tales horas de la noche.










