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flashback w. jackuge:
Esa cuestión también había estado dando vueltas dentro de la cabeza de Jack, preocupándose por la poca cantidad de dinero con la que contaban diariamente. Sabía que su hermano mayor no pagaría por uno de los delitos cometidos por el mediano de los Bauge, pese a que su inocencia fuese tan palpable como la misma piel hinchada de sus muñecas. Sus orbes curiosas se pasearon por las facciones ajenas, deseando así obtener una respuesta silenciosa a la pregunta puesta sobre la mesa. Sin embargo, ésta nunca llegó y los uniformados les obligaron a avanzar por un pasillo un tanto oscuro hasta llegar al nuevo destino. Le retiraron las esposas y lo empujaron dentro de una celda en donde se encontraba otro muchacho que parecía sumido en un mar profundo de resignación. Jackson le echó un vistazo antes de comenzar a abrir y cerrar los dedos de ambas manos. Luego de que los hombres se fueran, el área se ahogó en un manto silencioso que perforó completamente sus oídos, pese a que dicho detalle no era posible. “Lo estamos,” estuvo de acuerdo con las palabras de la chica. “Pero parece que todo esto es únicamente con la intención de asustarnos. No han seguido los procedimientos adecuados, ¿sabes?” y al igual que a su contraria, ese era un detalle que le brindaba un poco de esperanza. “Nos dejarán ir dentro de veinticuatro horas si las cosas salen como las han planeado. No nos pueden retener aquí a todos por más de un día completo,” el compañero de celda de Jack habló por lo bajo, obligando al ya mencionado a girarse sobre sus propios pies para enfrentarlo. “Además no hemos hecho nada y ellos lo saben. Simplemente están atrapando a personas al azar para hacerlos pagar por lo que ha sucedido en la casa de las Doherty. Su escepticismo no los llevará a ningún lado,” la última frase añadida en un susurró que lo obligó a pensar con detenimiento absoluto.
Su mirada se alzó tranquilamente, las palabras de aquel desconocido parecían darle la calma que tanto necesitaba en esos momentos. Varios mechones rebeldes que ahora descansaban en su rostro fueron acomodados detrás de su oreja, su cabeza reposando en aquella pared mientras aquel relato seguía. —Es estúpido, sin decir injusto. ¿Por qué atrapar inocentes cuando los responsables de todo pueden estar afuera, gozando de la libertad? — bufó, la amargura danzando entre sus labios. La única respuesta que recibió por parte de su ahora compañero de celda fue una encogida de hombros, era lógico, él también se había hecho aquella misma pregunta y recibido nada a cambio. El aire le llenó los pulmones y con un movimiento logró ponerse de pie y caminar hasta Jack, sus manos buscando refugio en el interior de los bolsillos de su chaqueta. —¿Al menos lograste ver a tu hermana? ¿Estará bien? — relamió su labio inferior, el sabor a óxido haciéndose presente de nueva cuenta. Al menos esperaba que no hubiera corrido con su misma suerte, que hubiera sido más rápida que cualquier oficial. Su mirada se posó en la celda del frente, tres personas ya la estaban habitando y no tenía idea de cuantos más se le unirían en el transcurso de la noche. Sólo esperaba el que su padre se hubiera ido a dormir temprano, que por una sola ocasión se le olvidara llamarla antes de dormir, así al menos no tendría que mentirle a su viejo al día siguiente.
Era la calma después de la tempestad, el clima que se abría para encontrar disfrute en un día que podría ser igual a cualquier otro. El sol apenas la abrazaba y, sin embargo, sus delicadas facciones habían caído presas de la calidez de su compañía; el menor de sus hermanos. Ya casi siete años poseía aquel cuerpo y los juegos se mantenían en la misma línea infantil, la pelota en sus manos era un vaivén cuyos segundos de posesión se perdían en el efímero tiempo para acabar en los dígitos más pequeños. La sonrisa en sus labios se tiñó de colores alegres, una pintura con vencimiento estipulado que sólo se reflejaba frente a aquel ser que definía como luz y vida. Fue la distracción, la indiferente atención prestada a los extraños movimientos, que el chiquillo efectuaba en cada lanzada, lo que le impidió detener el impacto contra un desconocido. Fue su espalda, su cabeza, la nunca o hombros, no tenía ni idea y sus labios parecían prevalecer eclipsados por la energía que minutos atrás la había rodeado.
Los días habían pasado y las cosas se calmaban, todo había regresado a la normalidad ( o al menos lo más normal que podía estar en aquel pueblo ) El sol brillaba y los rastros del invierno parecían desaparecer día a día, la calidez de la tarde acariciaba su mejilla. Haciendo aquel recorrido a la tienda de antigüedades como cada jueves, la ojiverde caminaba tranquilamente por el lugar. Su mirada distraída un par de segundos por la pantalla de su celular bastó para que un objeto se impactara en la parte baja de su cabeza. Un quejido fue lo único que se escuchó, su mirada se alzo rápidamente buscando al responsable mientras que con su mano libre trataba de aliviar aquel dolor. —¿Quien ha sido?— con el ceño fruncido se dirigió a los únicos cuerpos lo suficientemente cerca, sin reconocer de primera instancia a la fémina con la cual había cruzado palabras semanas atrás.
¿Intentarías drogar a alguien en tu trabajo? Si alguien te pide el favor por dinero.
“ Uhm, NO. ¿Sabes lo jodido que sería siquiera considerar ser parte de algo así? Si alguien me pide que haga algo así me encargaría de hacer que ese imbécil no vuelva a pisar el bar donde trabajo, tal vez hasta le diría a Joey que le de una buena paliza o lo que sea. No tengo dinero pero jamás haría algo así por un par de billetes.”
flashback w. jackuge:
Escuchó la respuesta a medias y permitió que sus orbes analizaran la respuesta salida de entre los labios ajenos durante un instante. “Esto no es nada,” señaló en dirección al exterior para hacer énfasis en una escena más violenta en comparación a la que él había protagonizado con anterioridad. Sus manos juntas se removieron detrás de su espalda, la sensible piel de sus muñecas comenzando a sentir las consecuencias del forcejeo al que se había enfrentado segundos atrás. Frunció el ceño, sus músculos fríos comenzando a sentirse medianamente adoloridos. Recargó la cabeza contra el cristal, haciendo todo lo posible para ignorar a los dos oficiales acomodados en la parte frontal del vehículo parpadeante. Una sensación extraña se acentuó en la boca de su estómago una vez que los neumáticos comenzaron a moverse sobre el cemento firme, el paseo sintiéndose fugaz cuando llegaron a su destino. El automóvil se detuvo frente a una fachada luminosa, esa misma que desprendía una autoridad indescriptible que lo hizo permanecer en silencio por un largo rato. Al abrir la puerta lo jalaron del brazo, obligándolo a subir los escalones que los llevarían dentro de dicha estación. Al entrar una brisa algo cálida le golpeó el rostro, varias miradas viajando en su dirección. “¿Cuándo podemos realizar nuestra llamada? ¿Cuánto tiempo nos tendrán aquí retenidos en contra de nuestra voluntad?” las palabras brotaron incluso antes de poder hacer algo para remediarlo. Echó un vistazo a Frankie, dejándole en claro que si deseaba añadir algo ese era el momento indicado para hacerlo. Jack, por su parte, se removió en su lugar y avanzó de mala gana cuando un leve golpe fue dejado en su hombro derecho, haciéndolo callar.
Alzó su mirada, y aquello se sumaría a la lista de malas decisiones que había tomado ese día ¿Enserio creía que ver desgracias ajenas le harían sentir mejor? Qué tonta. Sus labios formaron un mohín y sus hombros se encogieron. Por su cabeza corrían un sin fn de pensamientos y el que predominaba era ese que decía: ¿cómo saldría? pues dinero no tenía si es que llegase a necesitar una fianza, y su orgullo no le dejaría recurrir a su padre. Mordió su labio con fuerza, no fue hasta que un sabor metálico se hizo presente y fue éste lo que la devolvió a la realidad. —¿Vamos a poder salir bajo fianza? — qué estúpida pregunta ¡Si eran inocentes! ¿Por qué deberían pagar por un crimen que no cometieron? Decirlo en voz alta te daba el poder de darte cuenta de lo absurdas que tus palabras podían llegar a sonar. Pero su pregunta no fue respondida, ni siquiera hubo intención de aclarar tanto sus dudas como las de Jack, pues de un momento a otro ya los estaban encaminando a una de las celdas. ¿Acaso en las series no les tomaban fotografías y tomaban sus huellas? ¿O harían eso después? El proceso era un misterio en sí para Frankie, pero el hecho de que no los hicieran pasar por todo ello les daba esperanza ¿Y si sólo los tenían ahí con el afán de darles una lección? Quería aferrarse a ese pensamiento. Sus manos se sintieron libres una vez que las esposas fueron retiradas, pero aún dolían. Sus pasos comenzaron a andar de un lado a otro, tanteando el terreno hasta llegar a la pared más cercana, apoyar su cabeza, espalda y dejarse caer lentamente hasta estar en el suelo, con su cabeza entre sus rodillas. — Estamos jodidos. — murmuró más para ella, pues lo estaba. Encerrada en una celda y en lo único que podía pensar era el cómo justificaría su falta al día siguiente o si le descontarían y de hacerlo cómo le haría para sobrevivir a la renta y todos esos gastos del mes o peor, si le llegaran a pedir una fianza ¿de donde carajos sacaría el dinero? mierda, mierda y más mierda.
Si tuvieras la oportunidad de besar apasionadamente a alguien en este momento, ¿a quién elegirías?
“Leo Dicaprio desde que ganó ese oscar, wow. Uhm ya¿serio, verdad? Para un beso tal vez elegiría a Jack o a Serena, pero a ella lo haría porque me daría curiosidad saber a qué saben los labios de la Barbie Malibú.”
¿Cuanto tiempo mas vas a pretender que no te quieres tirar al padrecito?
“¿Enserio mis coqueteos son tan obvios? Creí que los disimulaba más. Pero enserio, no lo veo de esa manera. Masoquista no soy para tener una especie de crush con el párroco del pueblo. Ya vi el crimen del padre amaro y no es algo romántico, ok. No te mentiré, es guapo y muy atento, pero no intentaría tener algo con él. “
Cuál es tu secreto para ser tan bonita???
“Mi fórmula para la belleza infinita consta de una dieta a base de comida chatarra, tener un pésimo horario de sueño y hacer yoga cada seis meses, yay. Sigue mis pasos y en tres meses verás un terrible cambio“
¿Eres de las que cree que las Doherty podrían estar aquí como fantasmas?
“No. Creo que lo único de las Doherty entre nosotros son sus cuerpos descomponiéndose en el cementerio”
HONEST HOUR TIME.
Un juego, sí, sí, hora de sacar ciertas verdades a la luz. Tú dale reblog si deseas que anónimos lleguen a tu buzón para preguntarte cositas, sólo hay una regla: que sólo se debe decir la verdad.
¡Recuerda mandarle a todos para que se haga más interesante!
flashback w. jackuge:
Permaneció de cara al suelo hasta que descubrió que el forcejeo no lo llevaría a ningún lado, Jack optando por tragarse el orgullo y adoptar una postura mucho más tranquila que la que había mostrado con anterioridad. El metal contra sus muñecas le envió una oleada fría que le hizo maldecir por lo bajo, odiarlos a todos y sentirse especialmente molesto con su hermana y con su abuela, cual si de esa forma pudiese arreglar aquel jodido inconveniente al que se encontraba enfrentándose. ¿Qué iba luego de que lo llevaran hasta la estación de policías? ¿Cuánto tiempo lo tendrían retenido en contra de su voluntad? Seguro estaba de que no iba a necesitar de un abogado, pues no había pruebas que lo incriminaran de absolutamente nada. Transcurridos varios segundos, los hombres obligaron al muchacho a incorporarse. Le empujaron con fuerza (pese a que no se estaba resistiendo) todo el trayecto hasta el objetivo. Era increíble la satisfacción que algunas figuras autoritarias sentían al comportarse de una forma tan imbécil para con un civil como Jack o como Frankie, a quien claramente habían pescado también. Escupió en el suelo un líquido escarlata que se había unido a él (o desprendido, según se viera) luego de haber sido testigo de uno de esos tantos golpes al azar que los seres humanos con desesperación repartían al viento. Cuando se deslizó en el asiento y la puerta fue cerrada tras de él, Jack tomó una gran bocanada de aire y observó a la contraria por el rabillo del ojo. “¿Te encuentras bien?” pregunta estúpida para una situación de tal magnitud. “Es verdaderamente increíble que las cosas hayan terminado así,” volvió a añadir. Mientras tanto, se dedicó a observar a través de la ventanilla la escena que se desarrollaba en el exterior, decenas de cuerpos siento atrapados por las garras mismas de aquellos malditos lobos que no hacían más que desear conseguir a más figuras inocentes para arrastrar hasta su guarida. Entonces, segundos más tarde, el mediano de los Bauge se percató de su hermana menor huyendo con un grupo de personas a quienes Jack no conocía, el muchacho sintiéndose medianamente tranquilo en relación a la seguridad de dicha fémina.
Por su cabeza un montón de preguntas comenzaban a formarse, ¿qué haría? ¿era cierto eso de que tenía una llamada permitida? y de tenerla, ¿a quien llamaría? Claro que no le diría a su padre, no querría un sermón innecesario y un “te lo dije” infinito. Su cabeza estaba apoyada al cristal, fuera del vehículo se podían ver a los afortunados corriendo y huyendo de la escena, cómo los envidiaba a esos que esa noche dormirían en las comodidades de sus camas. Por otro lado también estaban quienes habían corrido la misma suerte que ella y Jack, forcejeaban pero ella sabía que entre más lucharan peor la pasarían. El radio del vehículo hizo sonidos mezclados con estática, y lo único que entendió era el que querían las patrullas de vuelta. La diversión se había extinguido de un momento a otro. Frankie bajó la mirada y los mechones rebeldes cubrieron la mayor parte de su rostro. —Me han dejado mejor que a ti — susurró, tragándose aquella mentira pues era cuestión de tiempo antes de que los moretones se hicieran presentes en su muñeca, pero esas pequeñas marcas eran nulas en comparación a como habían dejado a su compañero. No diría que sentía lástima por él, porque no lo hacía. Lo que sí era la impotencia y el enojo hacia aquellos que abusaban de su poder. Los oficiales pasaron a ocupar los asientos del conductor y el copiloto en cuestión de segundos. El camino hacia la estación fue callado, pues si quedaban algunas ganas de charlar aquellas dos personas al frente terminaban con ellas en cuestión de segundos. El vehículo frenó, las puertas se abrieron en cuestión de segundos y un jalón innecesario le obligó a salir, la briza golpeaba en su rostro y su cuerpo era escoltado hasta las oficinas. ¿Cuánto tiempo podían dejarla en ese lugar? Después de todo, no había hecho nada ¡Era inocente! Y eso era lo más jodido de todo.
“Frankie es hermosa de pies a cabeza” — Anónimo.
“Porque no tengo uno,” quizá era una extraña confesión viniendo de alguien que poseía su misma edad. Sin embargo, con el tiempo había descubierto que no era tan indispensable y que no contaba con los fondos suficientes como para permitirse uno decente. En ocasiones hacía falta, pero la mayor parte del tiempo se las apañaba. Cuando su acompañante señaló a un grupo de féminas, Jack negó con la cabeza para indicarle que no se trataba de ninguna de ellas. Y antes de añadir algo más, las luces características de las autoridades quedaron a la vista. El muchacho tomó una gran bocanada de aire y se preparó para una huida de película. “Tenemos que irnos en este instante,” porque fue entonces cuando se percató de que el objetivo de los uniformados era atrapar a tantos inocentes como tuvieran frente a ellos. Jack no deseaba permanecer tras las rejas esa noche ni ninguna otra, pues no se podía permitir faltar a los deberes de al día siguiente. ¿Verdaderamente la noche se jodía cuando intentaba tomarse un respiro de la vida? Era increíble las claras señalas lanzadas en cuestión de una jodida hora. Sus intenciones de huir se vieron interrumpidas por dos pares de manos sosteniéndolo de ambos brazos. El muchacho se retorció y forcejeó tanto como le fue posible. “¡Suéltenme que yo no he hecho nada!” pero comportarse a la defensiva era incluso peor cuando intentaba demostrar su irrefutable inocencia. Los hombres no tardaron en emplear la fuerza necesaria para hacerlo caer, su rostro encontrándose directamente con el asfalto húmedo y frío. Volvió a retorcerse, ganándose una oleada dolorosa en la espalda baja.
Estaba apunto de ofrecer el suyo, que si bien no era uno de esos aparatos modernos y recién salidos del mercado, servía para lo indispensable, y siempre procuraba que éste tuviera algo de crédito, no por ella, si no por su padre quien tenía la costumbre de recibir las llamadas de Frankie para asegurarse que se encontraba bien. Pero aquel acto de solidaridad se vio opacado por un par de luces rojas y azules: las cosas se pondrían feas. Pensó y observó por el rabillo del ojo a su acompañante, un movimiento de cabeza bastó para darle a entender que estaba de acuerdo. Pero no habían sido lo suficientemente rápidos y antes de hacer un movimiento siquiera, las autoridades ya habían tomado a su acompañante, pocos segundos pasaron cuando escuchó una voz masculina diciendo “tomen a la chica”. Frankie dio dos pasos atrás y in saber en qué momento un hombre ya la tenía sujetada, trataba de moverse, de zafarse, pero su fuerza era un chiste en comparación a la del uniformado. — Salvajes, ¡lo van a lastimar! — escupió al ver el cuerpo de Jack caer al suelo de manera brusca, preguntándose si emplearían la misma fuerza bruta contra su persona. El oficial que la tenía no tardó en mandarla a callar de una manera autoritaria, fría. Sus quejidos eran audibles pues mientras más luchaba más le lastimaban, de pronto, el frío del metal se impregnó a su piel y aquellas palabras que sólo había escuchado en los programas televisivos salieron de sus labios. Se vio obligada a avanzar entre la multitud, sus pasos eran jalados por el oficial en cuestión y a un par de pasos al frente se encontraba el vehículo que la llevaría a la perdición. Tomó aire, observando a su alrededor a los cuerpos huyendo y algunos contando con su misma suerte. En esos momentos no sentía vergüenza, si no rabia, ¿por qué ella? de lo único que había sido culpable era de presenciar el especáculo de unos enfermos que quizá ahora se encontraban a salvo y poco probable era que fueran castigados por sus acciones. Su cuerpo se deslizó entre el vehículo, su cabeza reposando en los asientos y por los vidrios blindados las luces y cuerpos moviéndose estaban dando el espectáculo de la noche. Girando su cabeza se percató de que poco faltaba para que su acompañante se le uniera en aquel viaje hasta la estación de policías.
Bajó la mirada con la clara intención de observar la expresión femenina a través de la oscuridad dominante de la escena. Los cuerpos seguían moviéndose en todas direcciones, extremidades golpeaban su espalda, hombros, brazos y piernas. Se quejó en un par de ocasiones cuando los golpes resultaron incluso más dolorosos de lo que había esperado. “Bueno, es que los vidrios rotos han sido un toque verdaderamente innecesario. Esta jodida broma pudo dejar a un par de personas heridas y eso es lo que realmente me molesta. No pensé que las personas fueran capaces de llegar tan lejos con tal de satisfacer el morbo del resto,” añadió en voz lo suficientemente alta como para que cualquiera que pasase por los alrededores lo escuchara si prestaba la atención debida. Tras pensarlo con detenimiento, tomó con delicadeza la muñeca femenina con la clara intención de guiarla por entre el mar agitado de gente que parecía a punto de formar olas enormes que nadie podría dominar. Empujó a algunas personas que servían de obstáculo entre ellos y el principal objetivo, segundos más tarde llegando a una zona alta pero cercana a la escena que le permitiría a Jack echar un vistazo en la multitud. “¿Podemos jugar a avisarle a Jack cada vez que vea una melena rubia femenina cerca de aquí? No quiero regresar a casa sin mi hermana, y claramente dejarte ahí por tu cuenta no parecía una buena idea. ¿Podrías ayudarme, por favor?” aunque cabía la posibilidad de que la ya mencionada hubiese regresado a casa, pero no quería arriesgarse. “Desde aquí tenemos un ángulo lo suficientemente bueno.”
Y de un momento a otro las palabras comenzaron a faltarle. Su atención estaba en el hogar de las hermanas, ¿quienes podían ser los responsables de dicho acto? ¿A que mentes retorcidas se les había ocurrido montar aquel show? Sus pasos avanzaron, dejándose guiar por su acompañante, tratando de esquivar los cuerpos que al igual que ellos, trataban de salir de ahí de una buena vez. Los ebrios caminaban sin rumbo alguno, unos cuantos golpeaban a diestra y siniestra en su intento por huir, un tipo fornido le golpeó el hombro por accidente y al instante un quejido se hizo presente. — ¿No crees que es un mal momento para juegos? — y quizá ese momento no estaba para bromas, pero esa era su manera de tranquilizarse. Tomó aire y asintió, para así comenzar con la tarea de buscar aquella rubia melena. — ¿por qué no le marcas a su celular?— pronunció sin quitarle la mirada al frente, un sin fin de cuerpos pasaban, melenas castañas, un par de pelirrojas y las únicas melenas rubias que lograba localizar eran las de algunos muchachos. Mordió su labio inferior, siguiendo aún con la búsqueda de la blonda, cuando finalmente dos chicas se instalaron en su rango de visión, estaban de espaldas pero con suerte su acompañante podría reconocerla así. —¿Será alguna de ellas?— señaló, su brazo a unos cuarenta y cinco grados de donde estaban, las féminas no se movían, pues parecía como si no tuviesen idea alguna de a donde ir.
Cualquier rastro de la conversación anterior quedó de lado durante una mínima fracción de segundo, Jack dedicándose a agitar la cabeza en ambas direcciones y a esbozar una sonrisa entretenida que tardó varios segundos en desaparecer. “Jack, sí,” asintió con la cabeza. Antes de siquiera poder añadir el nombre de la fémina que era su acompañante en ese momento, un chirrido proveniente de la casa abandonada le erizó la piel de pies a cabeza. Observó a la muchacha, entornando los ojos durante unos segundos antes de añadir: “¿Los efectos especiales de esta noche no te han causado ni un poquito de miedo? Porque si me lo preguntas, es bastante perturbador,” su voz sobresalía de entre la multitud cual la cosa más peculiar de aquella fiesta. Más tarde y debido a un par de sollozos, gritos y susurros provenientes de los alrededores más alejados, el muchacho enfocó sus orbes claras en la fachada una vez más. La luz se había ido y un silencio casi aterrador se había apoderado de toda la calle. Jack expectante contuvo la respiración. Entonces los vidrios comenzaron a volar en todas direcciones, dicho detalle obligándolo a ponerse en una postura defensiva. Cuando creyó que el peligro había pasado, volvió a adoptar una postura medianamente normal. “¿Estás bien?” añadió fugazmente, desviándose para buscar a su hermana. No lograba ver absolutamente nada y eso le ocasionaba una extraña sensación en el pecho. Sin llegar a moverse del todo, la multitud se le adelantó y la mayoría comenzó a moverse con rapidez, empujándole en la dirección contraria a la que él quería llegar. Encontrando un camino libre, volvió a quedar cerca de la figura femenina. “Venga, tenemos que salir de aquí antes de que las cosas se pongan más feas,” añadió en voz alta, intentando armar un plan con el poco tiempo que tenía entre las manos.
Y como si las hermanas trataran de hacer que se retractara en ese momento el espectáculo comenzó, las luces en aquel hogar, el sonido que emanaba de éste logró hacer que la respiración de Frankie se volviera cortada, era imposible el quitarle la vista a ese lugar, como si algo te invitara a ver su próximo movimiento y la ansiedad por saber que sería lo siguiente se impregnara en tu piel. — Un poco, tal vez — tragó saliva, y aquella mentira no podía sonar más falsa. Quería aferrarse a la idea que aquello solo era obra de fantasmas de carne y hueso, personas más ebrias y más trastornadas. Pero la mirada de todos los espectadores sólo le indicaba que nadie tenía la más mínima idea de lo que realmente estaba ocurriendo. El sonido de los vidrios volando era tan inquietante y como instinto juntó sus antebrazos para cubrirse lo mejor posible el rostro y cualquier parte de su anatomía que lograra salvarse. Segundos más tarde la voz de su acompañante fue como una invitación para bajar la retaguardia y asentir sólo una vez. — bien, quizá esto si me da algo de miedo— y su orgullo se maldecía, el verse como una niña indefensa era solo un amargo recuerdo contra el que había luchado por tantos años. — ¿A dónde iremos? — y en ese momento la respuesta no parecía importarle mucho, pues sabía que hacer un montón de preguntas solo alentaría el proceso, pero el resultado sería el mismo: tenían que abandonar el lugar. Poniéndose de pie de un brinco se aferró a su chaqueta, divisando la multitud a su alrededor evacuando el lugar y otros cuantos aún mirando aquella casa como si estuvieran hipnotizados.
Con cuidado, las orbes del mayor escrutaron las delicadas facciones femeninas, atento a las palabras que abandonaban los labios carmín. “Yo tampoco tengo varios. Lo que sí me sorprende es que la mayoría del pueblo las conociera. Estoy seguro de que me cuesta ahora identificar rostros de los que asisten a la iglesia” chasqueó su lengua, un pensamiento que se coló por sus cuerdas vocales sin permiso previo. “A nada en particular. Una vez me invitaron a esta casa. La madre de ellas. Quería que hablase con su hija menor, no fue un resultado excelente, pero me divertí” obsequió el resumen de lo vivido, nada fuera de lo normal ni con secretos escabullidos. Nuevamente las pupilas del mayor se fijaron en la previa zona accidentada, una sonrisa que pecó de satisfecha se acentuó en su rostro. “A los jóvenes nada los para, en realidad” ah, y fue como si unos setenta años hubieran caído sobre sus hombros de pronto, tuvo que negar con la cabeza para evitar rememorar aquello; sin embargo, el comentario ya estaba pronunciado. Una parte de él agradeció el alboroto que se hizo justo frente a ellos; el silencio se volvió ruidoso, el grito de un alma indescifrable capturó su atención, mas no planeaba dejar a la muchacha de ojos claros abandonada en la mitad de la calleja, en especial cuando entonces la casa que tenían frente a sus narices pareció ser la única fuente de iluminación. “Siempre tengo curiosidad. ¿Llegó finalmente la tuya?” cuestionó con un ápice de sorna condimentando su hablar. “Supongo que esto es parte de todo el espectáculo, ¿no?” prefería convencerse de ello, inclusive sólo ingresaría a las tierras deshabitadas para demostrarlo. “¿Por qué no echamos un vistazo?”
Este lugar no es una ratonera, pero apuesto a que la mayoría se conoce aunque sea de vista— sus hombros se encogieron con tranquilidad, lo cierto era que todos asistían al mismo colegio, el mismo supermercado y era casi imposible el pasar desapercibido en un lugar tan pequeño como lo era Versemont. —quizá tu memoria solo es mala— una efímera sonrisa se instaló en sus facciones, negando con ligera diversión. Resultaba curioso, el tener recuerdos no solo de las tres hermanas, si no de su mundo en particular. Ella había decidido ignorar todo lo que las rodeara, quizá porque aquello era mejor para ella, menos drama y las cosas se olvidaban con mayor facilidad. Una de sus cejas se arqueo ante las palabras que su acompañante había decidido usar, y en esos momentos no sabía si ella era una cría o un anciano. Chasqueó su lengua antes de refrescar su garganta con el líquido amarillento de su cerveza. Sus claras orbes se posaron rápidamente en aquel espectáculo, cuando un escalofrío le recorrió la espalda y aquella sugerencia fue soltada, negando ligeramente. — ¿Enserio quieres entrar a un lugar de donde los vidrios salen volando? — pues la primera piedra había hecho acto de presencia y unas cuantas más le acompañaron, los cuerpos moviéndose, un par de gritos y el nerviosismo era algo tan palpable, no en ella si no a sus alrededores. Bajó la mirada, negando rápidamente. —Creo que pasaré por esta noche — pues si eran bromistas ebrios no querría lidiar con ellos, y la idea de que fueran realmente las Doherty sonaba tan absurdo que hasta daba miedo. —también debería irme, el camino a casa es largo— y las ganas de quedarse eran nulas.
La estudió, haciendo lo mismo con aquella cuestión que retumbó dentro de su cabeza durante una mínima fracción de segundo. Humedeció discretamente su labio inferior con la punta de su lengua, pensando con detenimiento. “En realidad solamente a pocos, pero considero que la mayoría comparte el mismo patrón,” o al menos su madre era de esa forma. Y no se consideraba equivocado sobre aquel tema debido a que convivió con ella más tiempo del deseado. “¿Me estás diciendo que hay más de una?” resopló por lo bajo, consciente de que las personas solían añadir a su antojo y crear versiones propias de historias que posiblemente no eran tan exageradas en un principio. “Creo que únicamente he escuchado la oficial: suicidio, tres hermanas que eran conocidas y queridas por la mayoría del pueblo, cosas ocurriendo en esa casa luego de ese terrible acontecimiento. ¿Me he dejado algo de lado?” aunque podía considerar que lo dicho por sí mismo era un resumen correcto. “Podría echarle un vistazo si así lo deseas,” se ofreció. No era que se considerase a sí mismo una buena persona, pero lo decía con tal sinceridad que se sorprendió un poco. Quizá se debía a que no disfrutaba de estar quieto en el mismo punto por tanto tiempo. Bueno, podía hacerlo si se encontraba realizando una actividad decente. Cuando el manto oscuro se apoderó de los alrededores, Jack desde su altura echó un vistazo por los alrededores. Frunció el ceño tras escuchar aquellos gritillos que consideraba de más, buscando entonces la melena rubia de su hermana menor. “Puede también significar que está comenzando. Estoy seguro de que no podían conformarse con una estupidez de este tamaño, así que ahora desean asustar a los invitados con esas bromas absurdas que no sorprenden a cualquiera,” o quizá se encontraba hablando muy pronto. “Al menos lo digo por mí, no sé tú.”
Negó ligeramente, cabizbaja. Una sonrisa divertida no tardó en instalarse en las facciones de Francesca, pues si había algo que le divertía en su trabajo era clasificar a cada cliente en su lista ya “predeterminada” de ebrios. — No todos, huh. Creo que hay algo así como “tipos de ebrios”— comillas al aire acompañaron a sus palabras. —como los amistosos, los que pierden toda la vergüenza, o hasta los que se quedan dormidos donde sea — sus hombros se encogieron, restándole así importancia alguna a sus palabras. — solo hay una historia, las versiones son las que suelen variar— aclaró, sus labios rápidamente buscaron el frío contacto de aquella botella de cerveza, escuchando con atención cada una de sus palabras. Apartó rápidamente la botella al escuchar la palabra queridas, pues al menos ella jamás usaría esa palabra para definir sus sentimientos ante las Doherty, y mucho menos la de enmedio. —te olvidas de los aliens, pero muchos no le dan credibilidad a esa teoría, pero tienes lo más importante — negó rápidamente, recordando así aquellas palabras que había escuchado de un par de niños hace algunas semanas, no había duda alguna, los infantes tenían una imaginación inmensa. — sería genial, pero no te molestes. Estará bien — o al menos eso esperaba. Pues a sus ojos el contrario ya había hecho suficiente al ayudarle aquel día. — Eres Jack, ¿cierto? — y esperaba no equivocarse o que su memoria le traicionara, pues de hacerlo probablemente tendría que buscar otro lugar para beber. Un par de linternas improvisadas no tardaron en apoderarse del lugar, su mirada viajó de un lado a otro, inspeccionando las borrosas siluetas en la lejanía, mordiendo su labio inferior en el proceso. —¿Qué dices? estoy aterrada ¿acaso no se nota?— arqueó una de sus cejas, tratando de borrar cualquier rastro de sonrisa que pudiese llegar a delatarla, pues si era sincera lo único que había logrado asustarla (por así decirlo) había sido aquel grito sorpresivo.