Y va a llorar cuando se indisponga con una irregularidad que la saca de las casillas. Va a llorar cuando se acuerde cada paso. Va a llorar cuando se acuerde del malestar. Cuando se acuerde de la culpa que le supo introducir en la cabeza. La culpa inexistente. Porque sólo quiso ejercer el derecho de decidir sobre su cuerpo. Porque no se merecía el maltrato psicológico y sexual. No se merecía las pesadillas. No se merecía haber tenido que lidiar con su situación de manera traumática. Se merecía (y merece) que la quieran bien. Que la respeten. Poder ser libre sin que la juzguen. Tener voz y voto sobre ella misma.
Ir a una marcha nunca va a volver a ser lo mismo. Hoy se le llenan los ojos de lágrimas cuando escucha a sus hermanas gritar. Porque gritan por ella en carne propia. Porque lo sintió. Porque entendió a fondo esta lucha, aunque de la peor manera.
Seamos directos: el aborto existió y va a existir siempre. Necesitamos que sea legal, seguro y gratuito. No es un capricho. No queremos que se nos mueran más pibas. Te prometo que no van a correr a abortar todos los días como un método anticonceptivo más. ¿Que cómo lo sé? Tuve la desgracia de vivirlo. Te juro por mi vida que es una experiencia que no vas a querer que te ocurra de nuevo. Pero a las pibas hay que cuidarlas. De eso no tengo dudas. Esto es parte de cuidarlas.
















