Se aproxima una fecha importante para todas las mujeres: el 8 de marzo. Confieso que antes yo era de esas personas que nos felicitaba por ser mujer, sin pensar en todo lo que hay detrás, afortunadamente fue llegando a mi información, personas y vivencias que me hicieron comprender el verdadero significado de este día.
Históricamente somos seres violentados, transgredidos, sobajados e invalidados. Muchas son las generaciones a las que se nos instalaron creencias de cómo debíamos ser, y bueno tampoco es que haya cambiado mucho, seguimos siendo nosotras al final del día quienes estamos criando a estas nuevas generaciones; creencias que se fueron enraizando en lo más profundo de nuestra estructura, llevándonos a perder la autenticidad de nuestra esencia, eclipsando nuestros verdaderos deseos de vida.
El “deber ser” instalado por el sistema, reforzado por las figuras que nos criaron, sostenidas por la educación y la cultura, perpetrado por nosotras mismas, que, gracias a la inconsciencia de ello, repetimos día a día a través de conductas, comentarios hacía las demás y claro, hacía nosotras mismas.
Como lo dije, afortunadamente llegó a mi información, experiencias y personas que me ayudaron a ver más allá del “deber ser”, a detectar la violencia que he vivido durante toda mi vida, de parte de quien recibí esa violencia y también, cómo la ejerzo yo.
Y durante mucho tiempo viví con culpa, con una lucha interna por haber elegido un camino distinto al que el “deber ser” me asignaba, también, por no haber visto las acciones violentas que mis seres queridos y personas con las que me relacionaba día a día ejercían sobre mí y, sobre todo, el dolor que causó darme cuenta de que yo era una persona sumamente violenta y agresiva, con los demás y conmigo misma.
Ahora entiendo que todo eso ha sido aprendido y cada día trabajo para poder ser más consciente de ello y cambiar mi pensamiento, conducta y andar en esta vida.
Alguna vez leí que la mujer tiene que hablar de su historia, reconocerla, y sentirla para comenzar a sanar emocional, espiritual y físicamente. Por ello me encantaría invitarlas a hablar, hablar (y si quieres gritar) tu verdad interna, hablar con miedo, con incertidumbre, con todas las emociones que se presente, a través de la escritura, a través de tus redes de apoyo, a través del acompañamiento psicológico, a través del arte, a través de lo que mejor te venga a ti pero hablar, denunciar aquello que hay en tu interior y que ha carcomido tu esencia, esa mis queridas es la mejor manera de comenzar de aceptar e integrar esas heridas que nos han marcado la vida.
Estoy yo contigo. Estamos muchas juntas, unidas, derrumbando estructuras internas, sociales, sanando heridas, acompañándonos, recuperándonos.