A veces tienes que perdonar a tus padres por no saber cómo amarte como necesitabas, y luego perdonarte a ti mismo por buscar amor en los lugares equivocados.
Xuebing Du

PR's Tumblrdome
taylor price
The Bowery Presents
NASA

Kiana Khansmith

No title available
trying on a metaphor

No title available

shark vs the universe
Today's Document
I'd rather be in outer space 🛸

@theartofmadeline

Discoholic 🪩
YOU ARE THE REASON
RMH

roma★
Jules of Nature
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
seen from United States

seen from Australia

seen from United States

seen from United States
seen from United Kingdom

seen from Russia
seen from United States
seen from Philippines
seen from United States

seen from Brazil

seen from United States
seen from Malaysia
seen from Philippines

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Singapore

seen from Spain
seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
@fucking-universeus
A veces tienes que perdonar a tus padres por no saber cómo amarte como necesitabas, y luego perdonarte a ti mismo por buscar amor en los lugares equivocados.
Por esta semana voy a dejar de lado a bryan tracy y todos los libros de desarrollo personal para enfocarme únicamente en la administración eficiente del tiempo.
Si me muero, me reviven con cultura profética
Me libero de la idea de que todo hubiera sido mejor si yo hubiese hecho algo diferente
Agua
Me encuentro en una ilícita formación de caracteres puro de conocimiento intelectual. Me hallo envuelto en un horizonte casi casi perfecto. Anoche mientras terminaba un expediente importantisimo, lo detuve y lo reemplacé por un momento solo para mi, salí a las 4:00am, sin rumbo fijo, pensé en conducir hasta pimentel, pero decidí solo dar vueltas a mi centro de toda la vida.
Me crucé con 3 arboles curiosos, uno sin hojas, otro floreciendo y uno ultimo que tenia en él entre hojas amarillas y verdes, pintones, diría mi madrecita linda. Y un suspiro me invade como si una ola de mar te atrapara de imprevisto surfeando.
¿Qué era eso? ¿Soledad en su más cruda esencia o algo más?.
No hay nada como el olor a petricor de la tierra que esta por ser sembrada, y nada como escuchar el nuevo álbum de cultura profética dentro del auto a volumen 30 porque en 31 comienza a oírse mal.
Que ironía cuando yo era tormenta el cielo era sol.
Ahora que encontré la calma, es el cielo quien lleva la lluvia.
Experiencia universal, no me hace especial, pero esto me indica que no hay tiempo ni de sentirte mal o parar un momento y eso si me da tristeza.
Las personas que nunca trabajaron en sí mismas creen que todos los demás son el problema.
NYC by melliekr
A los veintiséis
Hoy cierro una puerta. No con tristeza, sino con gratitud. Detrás de ella queda un muchacho que soñaba demasiado rápido, que amaba con toda el alma y que, muchas veces, confundía el destino con la primera mano que le ofrecía calor. Creía que algunas personas durarían para siempre y que ciertos abrazos serían un hogar eterno. No sabía que la vida también enseña a despedirse.
Fue un buen muchacho. Se equivocó muchas veces. Construyó castillos donde apenas existían cimientos. Se ilusionó antes de tiempo. Lloró en silencio para no preocupar a nadie. Quiso salvar historias que ya habían terminado y buscó un hogar en los brazos de otros sin saber que el suyo aún estaba esperando ser construido.
Lo vi caer. Lo vi romperse. Lo vi quedarse solo más noches de las que hubiera querido. Pero también lo vi levantarse cuando nadie lo aplaudía. Tender su cama cuando todo parecía no tener sentido. Ir al gimnasio cuando el corazón pesaba más que las pesas. Trabajar aun cuando el miedo al futuro le apretaba el pecho. Pedir perdón. Perdonarse. Y seguir.
Con el tiempo entendió algo que ningún libro enseña. El amor propio no aparece una mañana cualquiera. No llega como un milagro. Se construye. Como una casa. Como una ciudad. Como una empresa. Como una vida. Ladrillo por ladrillo. Hábito por hábito. Decisión por decisión.
Hoy miro hacia atrás y ya no siento vergüenza por ese muchacho. Siento ternura. Hizo lo mejor que pudo con las herramientas que tenía. No conocía todo lo que hoy conozco. No entendía lo que hoy entiendo. Y, sin embargo, gracias a él, hoy sigo aquí.
No tengo todas las respuestas. Gruva todavía tiene mucho por crecer. Mis sueños siguen siendo más grandes que mis recursos. Hay países que aún no conozco, edificios que todavía no he diseñado, canciones que aún no aprendí a tocar y caminos que siguen esperándome.
También existe una pregunta que durante mucho tiempo gobernó mis noches: ¿quién llegará a compartir conmigo esta vida? Antes necesitaba desesperadamente una respuesta. Hoy solo siento curiosidad. Quizás algún día alguien toque la puerta de la casa que estoy construyendo. Quizás no. Y, por primera vez, ambas posibilidades pueden convivir sin destruir mi paz.
Porque entendí algo que cambió mi manera de vivir. No puedo prometerme que alguien me amará para siempre. No puedo controlar quién llega ni quién decide marcharse. Pero sí puedo prometerme algo mucho más importante: nunca volveré a abandonarme a mí mismo.
Por eso hoy no celebro solamente un cumpleaños. Celebro las cicatrices que dejaron de sangrar. Celebro las preguntas que me obligaron a crecer. Celebro las despedidas que me enseñaron a volver a casa. Celebro cada error que, en lugar de endurecerme, me hizo un hombre más consciente, más humilde y más humano.
Durante mucho tiempo pensé que mi hogar era una persona. Hoy sé que mi hogar soy yo. Y esa ha sido la construcción más difícil de toda mi vida. Levantar una casa donde pudiera descansar incluso cuando el mundo guardara silencio. Aprender a hacerme compañía. Aprender a querer al hombre que veía en el espejo. Aprender que mi valor nunca dependió de que alguien decidiera quedarse.
Si algún día una mujer decide caminar a mi lado, encontrará una casa con las ventanas abiertas, una mesa servida, un jardín cuidado y un hombre que ya no busca ser rescatado, sino compartir el camino. Y si ese día tarda en llegar, o incluso nunca llega, las luces seguirán encendidas. Porque esta casa ya tiene un habitante. Y, después de mucho tiempo, ese habitante aprendió a vivir en paz consigo mismo.
Gracias, Luis.
Por no rendirte, cuando era más fácil endurecerte.
Gracias por seguir creyendo que el amor existe, sin dejar de creer que tú también existes cuando el amor no está.
Un aprendiz de la vida
Primero de Julio
Hoy es 1 de julio, y algunos recuerdos continúan orbitando mi cabeza como astros obstinados. Quisiera no evocarlos, pero regresan sin pedir permiso, veloces y precisos, como una flecha que encuentra siempre la misma diana. Llegan de improviso y me atraviesan con una nostalgia difícil de nombrar: dulce, serena, delicada; una nostalgia que abriga y duele al mismo tiempo, como la caricia de una herida que ya cerró, pero cuya memoria permanece viva bajo la piel.
Hay días en que esos recuerdos parecen iluminarlo todo. La luz me acompaña; cae plena sobre las cosas y las vuelve más suaves. Y aunque aún cargo ciertas ausencias, encuentro en esa claridad una calma inesperada. Ya no es el desgarro de antes. Es otra cosa. Es la contemplación silenciosa de lo que fue, de aquello que amé con toda la fuerza de mi alma y que, por razones que aún no termino de comprender, tuvo que transformarse en recuerdo.
No sé qué va a pasar. No sé quién llegará, quién se irá o qué paisajes me esperan más adelante. El futuro sigue siendo una habitación apenas iluminada, y confieso que todavía me da miedo cruzar su puerta. Pero también sé que he sobrevivido a mis propios inviernos. He recogido los fragmentos de mí mismo después de la tormenta y, con paciencia infinita, he comenzado a construir un hogar con el amor que quedó.
A veces duele mirar atrás. Duele porque hubo belleza. Porque hubo sueños que parecían eternos. Porque existieron abrazos en los que creí haber encontrado mi lugar definitivo en el mundo. Sin embargo, también hay algo profundamente hermoso en seguir caminando. En descubrir que el corazón, incluso después de romperse, conserva la extraordinaria capacidad de volver a florecer.
Y así avanzo: con nostalgia en los bolsillos, con cicatrices que ya no escondo y con una luz que insiste en acompañarme. No tengo respuestas. No sé qué historia está escribiendo la vida para mí. Pero mientras el miedo y la esperanza continúan compartiendo la misma mesa, sigo aquí, salvándome de a pocos, aprendiendo a habitar mi propia compañía, contemplando el horizonte con el alma abierta.
Si aquel muchachito de 6 años que descubría que ese pedacito de sol en la esquina de una hoja de papel que hacia de su dibujo el más hermoso de todos me preguntara ¿Que somos ahora? Estaría orgulloso y emocionado. Si aquel adolescente de 16 años que solo pensaba en futbol me preguntara ¿Lo logramos? Le diría que seguimos siendo uno de los mejores jugadores pero que el camino nos llevó por un lugar más interesante. Y estoy seguro que ese adulto de 40 años, me abrazaría y me daría las gracias, porque mi joven de 21 años fue el que comenzó todo y nos ha dado el mejor futuro que alguna vez deseó.
Lloraré mucho como el año pasado pero lloraré por mi, porque cuesta, y cuesta el doble hacerlo solo, pero que fortuna que haya sido de ese modo.
Construyendo un hogar
Hubo un tiempo
en que tuve una casa.
No era de ladrillos,
ni de concreto,
ni de puertas de madera.
Era una promesa.
Una mirada compartida.
Un lugar donde imaginaba
que podría descansar para siempre.
Planté flores en el jardín.
Colgué sueños en las paredes.
Imaginé mañanas tranquilas,
risas en la cocina,
y un futuro que parecía infinito.
Y durante un tiempo,
creí que aquella casa
duraría toda la vida.
Pero los caminos cambiaron.
Y un día,
sin darme cuenta,
me encontré caminando entre habitaciones vacías.
El eco reemplazó las voces.
El silencio ocupó los espacios.
Y tuve miedo.
Mucho miedo.
Porque pensé que había perdido mi hogar.
Porque pensé que aquella era la única casa posible.
Porque pensé que sin ella
no sabría dónde volver.
Entonces llegó la noche.
Llegaron las lágrimas.
Llegaron las preguntas.
Y me senté entre los escombros
de todo lo que había imaginado
Pero algo seguía ahí.
Pequeño.
Casi invisible.
Una luz.
Era el amor que me había quedado.
No el amor recibido.
No el amor prometido.
El mío.
El que seguía vivo.
El que seguía respirando.
El que se negaba a desaparecer.
Y con ese amor
comencé a construir de nuevo.
Una pared a la vez.
Un hábito a la vez.
Una herida a la vez.
Un día a la vez.
Descubrí que podía sostenerme.
Que podía acompañarme.
Que podía abrazar mis propias tristezas
sin huir de ellas.
Y poco a poco,
sin darme cuenta,
la casa volvió a levantarse.
Ya no es la misma.
Tiene cicatrices.
Tiene marcas del tiempo.
Tiene ventanas que antes no existían.
Y, curiosamente,
es más fuerte.
A veces todavía recuerdo
aquella vieja casita.
Y sonrío.
Porque fue real.
Porque fue bonita.
Porque alguna vez me dio refugio.
Pero ahora sé algo
que antes no entendía.
El hogar nunca fue un lugar al que regresaba.
El hogar era quien regresaba.
Y hoy,
mientras sigo construyéndome,
mientras aprendo a vivir conmigo,
mientras rescato pedazo por pedazo
todo lo que creí perdido,
siento algo nuevo.
Algo sereno.
Algo cálido.
La tranquilidad de saber
que me estoy salvando de a poquitos.
Y que, por primera vez,
la casa que estoy construyendo
lleva mi nombre.
Esta casita merece existir.
Y quien sabe…
Fiodor Dostoyesvky me regala la mejor pregunta de esta temporada. Nunca se sabe quién es el cazador y quién el pájaro.
Puedes pensar que eres el dominante, pero en realidad eres el objetivo.
3 vueltas más y me olvido, lo prometo.