Cuando decidiste alejarte de mí 😔
Cuando decidiste alejarte de mí, opté por restarle importancia a tu sentencia.
Me concentré en las miles de ocupaciones que me exigían mis empleos, donde mantenía mi vida activa y mi mente muy ocupada.
A pesar de mis sentimientos tan profundos hacia ti, asumí que tu decisión era lo mejor para los dos.
Porque ni los mensajes de textos ni las videollamadas constantes fueron suficientes para confortar la distancia que acrecentaba día con día.
Hasta que llegó el momento...
Mi desidia fusionada con tu impaciencia se confrontaron en aquella despedida. Expresaste "no aguantar la lejanía". Seguro estoy que en respuesta esperabas: "no estoy de acuerdo".
Sin embargo, con un tono de orgullo y lagrimas ahogadas respondí: está bien".
No porque así lo quisiera, sino porque era la manera de proteger mi dignidad. Disfrazada de una clara incapacidad de priorizar mis sentimientos.
Que antipático y frío fui. Discúlpame, me cegué.
Mientras tú te lamentabas entre océanos de llanto buscando resignación, yo me asumía digno, orgulloso, seguro de que todo lo tenía bajo control.
"Sé canalizar mis sentimientos", "no me duele", "fue su decisión", "sufrirá más que yo", eran las frases que se hacían presentes cuando llegaban tus recuerdos. Y llegaban todos los días.
Hasta que me percaté, que en el intento de querer protegerme ocultaba que te estaba extrañando, me estaba doliendo tu despedida, me estaba doliendo tu ausencia. Realmente te estaba necesitando en todo momento.
Quería buscarte, correr a abrazarte, observarte, acariciarte, seguir siendo parte de tu vida y que tú siguieras siendo parte de la mía.
Pero mi incapacidad de priorizar mis sentimientos siempre se hicieron presentes... Y decidí respetar tu decisión... 🤦
Me duele despertar extrañándote.
Te preocupabas por mi, por mi tranquilidad, mi bienestar, ofreciendo en cada momento lo mejor que podías para demostrar que me amabas.
No fui suficientemente inteligente para valorar y entender todo lo que me ofrecías.
Me duele pensar que ya no soy parte de ti, ni de tus pensamientos ni de tus sentimientos.
No es fácil aceptar que ya no estás.
Al final superaste la agonía de la cual fui culpable. Ese acierto para ti ahora me reconforta.
Cuando comencé a escribir estas palabras habían pasado tan solo cinco meses, en los que yo aseguraba te habían servido para superar nuestra relación de casi cuatro años.
Hoy sé que estabas padeciendo al igual que yo nuestra ausencia. Me tocaba a mí buscarte para reconfortanos, pero no lo hice.
Después de tanto tiempo, debo confesar que sigues presente en mí y es por buena causa y justa razón.
Gracias a todo ello he aprendido a ser agradecido con la vida, por permitirnos compartir mutuamente un momento único de nuestra existencia.
Ahora se querer y valorar a cada una de las personas que me ofrecen su cariño y amor sincero y se corresponder, como tú lo hiciste conmigo en su momento.
Cada día que te recuerdo, pienso que tu felicidad es y será siempre lo más reconfortante para los dos. Y que la mía también te hará feliz.
No te perdí, ni me perdiste. Solo nos transformamos.