Fue un veintitrés de marzo de algún año terminado en seis, siete u ocho cuando llegué a la conclusión de que nada tiene sentido, es algo que me atormentó siempre, y realmente ni siquiera sé si la fecha es correcta, si me di cuenta ese día o hace tres años, es lo mismo, no viene al tema la fecha, hay quienes dirían que el tiempo no existe, que no les importa la mañana, madrugada o tarde, a mí tampoco, puedo desayunar a las tres de la madrugada y beber licor de menta a las seis a. m., tal vez quienes crean en que el tiempo no existe ni siquiera se fijen en esta tontería. Es una tontería, el tiempo, escribir, ver televisión, comer pochoclos, hacer arte, el amor, charlar interesadamente sobre un tema que nos cambiará jamás la vida, sobre filósofos o escritores que dejaron su alma en máquinas de escribir o tintas y plumas para que alguien tan insignificante como yo esté ahora mismo cuestionando que nada importa, tirando mi opinión como quien contamina el suelo con papeles y bolsas, podríamos discutir cien años sobre lo mismo, podríamos crear debates y llegar a confrontaciones sobre mil temas diferentes, podríamos tener razón o no, pero siempre llegamos a lo mismo: no tiene sentido.
Y es algo que me atormenta todos los días, algo que me cuestiono cuando busco un par de medias que combine con mi remera, pero después digo ¿para qué? Y termino con una a rallas y otra floreada, no viene al caso tampoco. Me frustra, que nada venga al caso, que nada tenga sentido, tal vez para otros si, tal vez para alguien el sentido de la vida es viajar, es sonreír ante pequeñas cosas, es escribir una novela y que sea la número uno en ventas, es correr y ejercitarse todas las mañanas, es tener una empresa exitosa. El sentido de la vida, según yo, un don nadie, es eso. Es todo lo que hacemos y yo no puedo aprovechar, es lo que envidio de todos. Sí, envidio, es algo que muchas personas no suelen admitir en voz alta ¿alguna vez le dijiste a alguien en la cara que lo envidias? Sería raro, te mirarían con mala cara, creerían que lo decís con maldad, y no, no siento maldad cuando digo que envidio a alguien, que quisiera sentir lo que sienten, supongo que es porque alguien, lo calificó como un pecado algo “mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual” pido perdón entonces, si es necesario que oigan esa palabra para sentirse mejor… Tal vez alguien me maldijo -nos maldijo- con esto, con no sentir absolutamente nada, pero a su vez sentir todo el doble o triple que los demás. ¿Quienes son los demás? No sé, no tengo idea, no me interesa.
Y volviendo a lo anterior, no, no siento nada. Tengo eso que llaman alma tan marchita que una rosa cortada con los pétalos en el suelo está más vivaracha. ¿Tenemos alma? Sí, no. Me gustaría creer que sí, queda más poético en esta patética vida. ¿Para qué sirve? No sabemos, no es comprobable con la ciencia… Es algo que existía mucho antes que la religión* se entrometa y nos dicte que está bien, que está mal. Se adueñaron de una entidad que poseemos los seres vivos, (animales también, por si te lo preguntas), es aquello que forja nuestra identidad… Entonces, no tengo alma, no sé bien cómo funciona, no se activó esa parte espiritual o como sea.
*Tengo que dejar de conectar cosas con lo espiritual, supongo que es culpa de criarme en un entorno católico. Crecí hasta los ocho años sin saber qué es un dios, qué es la religión, hasta que me metieron a una institución donde rezaba al entrar y salir. Ni siquiera sabía rezar.
Qué horror, estar vivo para hacer cosas que no te satisfagan, ser máquinas que crean y desarman, que nos gobierna y dirigen máquinas más grande o más pequeñas según el punto de vista de cualquiera… No sé a dónde quería llegar con este texto, supongo que perdí el hilo varias lineas atrás. No siento, no siento nada y voy a explotar de tanto pensarlo, de tanto esperar que se me active el chip que a todos los demás le funciona. Y sí, puedo reírme a carcajadas de un chiste malo, puedo llorar hasta sentir que ya no me queden más lágrimas con un patético libro de john green, pero siempre llego a lo mismo: No siento.
No puedo reír a carcajadas correctamente sin pensar en para qué, no puedo amar, no puedo responder sinceramente a los ‘te extraño’, no puedo sentir lo que los demás sienten hacía mí, no puedo hacer que sea recíproco, ¿por qué? ¿por qué no puedo? sí sé que tal vez me quieran, que me extrañen de verdad. Pero existe ese ‘tal vez’, ¿tal vez qué? Tal vez no me quieran, es mentira, no me extrañan, no sé para qué lo dicen, tal vez mienten sin intenciones, como yo lo hago, para no lastimar a nadie.
Y a veces me olvido de no lastimar, me canso de fingir y muestro quien ‘en verdad soy’: una nada sin sentimientos. Que desaparece y no responde mensajes en días, que no felicita a nadie por su cumpleaños a pesar de qué vio la fecha, que no pregunta si estás bien porque en el fondo la respuesta no le interesa. ¿Las relaciones se basan en eso? ¿Nos importa algo de lo que digan los demás? ¿Realmente lo hace? ¿Te importa lo que opine tu padre sobre los gays? ¿Lo que opine un volantero de green-peace sobre la capa de ozono? ¿Lo que diga tu amigo sobre esa serie tan sobrevalorada actualmente? Seguramente no, somos esto, algo que no importa, que viven sucesos que tampoco importan, que nos produzcan felicidad o tristeza. Pero al fin y al cabo, nada tiene sentido.