6x216 MIXTAPE
Gerardo Figueroa Rodríguez
13 abril 2021
PN MXT 006
6x216 Mixtape (2020-21) (03:37)
6×216 Mixtape, compilación conmemorativa del 15° aniversario de Pueblo Nuevo.
Material sonoro organizado por Gerardo Figueroa Rodríguez (GFR) en MacOS Catalina 10.15.17 con softwares Audacity 2.4.1, Loopback 2.2.2, Virtual DJ 8.5.6263 (sin actualizar), VLC Media Player versión 3.0.12 Vetinari (Intel 64 bit) y planilla de cálculo de Google Drive, en las comunas de Conchalí y Maipú (Región Metropolitana de Santiago), entre el 13 de septiembre de 2020 (fase sanitaria 2) y el 21 de febrero de 2021 (fase sanitaria 3).
Audio clips etiquetados por Gerardo Figueroa Rodríguez (GFR) entre el 26 de febrero y el 12 de marzo de 2021 (fases sanitarias 3 y 2, respectivamente) con softwares Audacity 2.4.1 y Ocenaudio 3.7.12, 64 bits.
Todos los tracks utilizados fueron producidos por sus respectivos autores.
Diseño por Mika Martini. Ilustración de portada por Claudio Pérez P. (Ud.No!) @usted_no
A GFR Broadcasting System – Pueblo Nuevo Netlabel joint venture.
Infinitas gracias a quienes me han acompañado en este tiempo de múltiples maneras, por su cariño, amistad y apoyo incondicional. “This one ‘s for you…”
Gerardo Figueroa Rodríguez
Acróstico sonoro: un ejercicio plunderfónico
No existe mejor forma de celebrar un catálogo que meter todo a la juguera y apreciar el resultado. Al menos es eso lo que esperaba al enterarme de lo que haría Gerardo Figueroa, el experto plunderfonista, para elaborar su próximo mixtape en Pueblo Nuevo. Sin embargo, el resultado compilatorio, cargado de una energía intensa, densa y vibrante, no solo se perfila como una mezcla indescifrable de sonidos aglutinados en un track de 3 minutos, sino que también devela múltiples cargas simbólicas que revelan discursos en torno a procedimientos de composición, historia y tecnología.
“6×216” no tiene una premisa muy diferente a los demás mixtapes publicados por la plataforma. Se trata de un curador que propone una selección de músicas que forman parte del catálogo para ser presentadas bajo una nueva perspectiva temática y/o estética. Es esta metodología que el autor subvierte para incorporar una mirada más amplia. Figueroa selecciona los primeros seis segundos de todas las publicaciones de Pueblo Nuevo y las reencuentra en una sola línea argumental que da cuenta de la diversidad sonora y artística de la producción electrónica chilena desde mediados de los 2000.
Si bien la elaboración del mixtape sugiere un resultado sonoro ecléctico y lleno de clicks producto del copy paste, la música nos hace cuestionar si Figueroa dejó de lado su tarea de remixer y emprendió una labor compositiva de mayor envergadura. Ya a medio camino en el track es posible poner en juicio la naturaleza misma de estos conceptos y comenzar a entender que la propuesta post-digital del autor desdibuja los límites entre composición, remix, apropiación y re-significación. Por otra parte, no solo es el método utilizado por Figueroa el que otorga un desplazamiento orgánico a la narrativa de la pieza, sino que los sonidos utilizados se presentan como una fuente inagotable de ideas, discursos, narraciones y remezclas.
“6×216” es el vivo ejemplo de que el arte proceso no siempre se materializa en un resultado desprolijo. Por el contrario, la metodología matemática del autor para interpolar el material parte desde el cuidado por la calidad sonora. Es esta característica lo que da valor a los experimentos de Christian Marclay y a la técnica de Grandmaster Flash. El proceso le otorga una forma a la música, pero es la aproximación de Figueroa la que, en este caso, nos hace encontrar un acróstico sonoro escondido en más de una década de música electrónica chilena.
“6×216”. Una operación estratégica
“Variaciones IV” es una obra compuesta por John Cage en 1959 y estrenada ese mismo año en una galería de arte de Los Angeles, EEUU. En esta composición de 4 horas de duración, 12 músicos manipulan televisores y radios aleatoriamente desde las 7 pm hasta las 11 pm. Las indicaciones de Cage a los intérpretes son vagas, dejándolos libres de decidir qué sonidos incluir, en qué momento hacerlo y cuánto durarían. Con esto, Cage eludía participar directamente, liberándose y dejando de lado su expresión y gusto musical. La obra antes de su estreno no era más que una silueta y, sin ensayos previos, “ocurrió” sin él.
Antes de observar en las notas de programa que GFR hacía referencia al aforismo “el arte consiste precisamente en ir demasiado lejos”, sabía que así enfrentaría la tarea.
La libertad total en la invitación, su cercanía con el sello y con muchos de sus artistas, la extensión y diversidad del catálogo y, finalmente, su prontuario musical, eran componentes que le atraían y obligaban. Un terreno fértil para llegar lejos.
El punto de partida es político. GFR se propone incluir por partes iguales a todos los artistas que han publicado en el sello, pero, exprimiendo a Alain Robbe-Grillet, lo hace incluyendo todos los tracks del catálogo y finalmente, en una composición de menos de 4 minutos de duración.
recopilar todo el material publicado por Pueblo Nuevo hasta fines del 2020/
abrir PN001 y extraer los primeros 6 segundos de cada track. Guardar/
importarlos y superponerlos generando un nuevo track de 6 segundos. Guardar/
aplicar fade in y fade out de 1 segundo al comienzo y final del nuevo track. Guardar.
calcular el bpm del nuevo track y taguearlo/
repetir los 4 pasos anteriores sucesivamente hasta PN176/ (*)
Importar todos los nuevos tracks y montarlos uno tras otro en orden creciente de bpm/
(*) En el caso de las compilaciones, los 6 primeros segundos de cada track constituyen el nuevo track (en esta instrucción no se sobreponen fragmentos de distintos artistas).
Con unas líneas de programación básicas, un computador podría ejecutar todo este tedioso trabajo con sólo un click. Hasta este momento, el compositor sólo ha generado indicaciones que preparan el material. Una metodología de composición en modo MUTE y que, al igual que en la citada obra de Cage, no tiene forma musical. Sólo preexiste un collage que aún no suena.
Es en este punto donde aparece el artista. El que no quiere dejar escapar su mixtape entregándolo por completo al computador. Justo a tiempo, da un giro y abandona la doctrinaria línea recta de “Variaciones IV”…
… en la pantalla, una línea de tiempo y un tren de 216 barras que, sin alterar el orden, GFR va traslapando según su apreciación musical. Escucha y vuelve a hacer pequeños movimientos una y otra vez. No hay mucho espacio de juego, pero lo hace con pinzas hasta llegar a la mezcla final. Estampa así su identidad y con precisión se apropia de la pieza.
aplicar reverb sobre los últimos 15 segundos. Guardar/
¿Y el mixtape?… lo interesante es que en este frenético y denso viaje hay una coherencia musical. La electroacústica, el ruido, las grabaciones de campo, la música concreta y la música de baile conviven, mostrando tanto una evidente fragmentación como una elegante integración. Invita al receptor a entrar en un estado de atención, abrir los oídos, atrapar detalles, reconocer o creer reconocer samples, separar y conectar sonidos, pero invita también a recorrer el catálogo de Pueblo Nuevo.
El mixtape presenta una imagen panorámica de la libertad con que el sello ha construido su catálogo. El cruce de géneros musicales, la inclusión de la calle y la academia, de consagrados y emergentes, son temas que están en la genética de Pueblo Nuevo y el mixtape los expone.
Aparecen múltiples lecturas. Por ejemplo y por sorpresa, una anecdótica y misteriosa: el mixtape comienza con Alejandro Albornoz, José Vicente Asuar y Gustavo Becerra-Schmidt. Resultado inesperado que no ocurre por seguir un orden alfabético, ya que sabemos que el algoritmo que construye la secuencia responde a otro parámetro, sino simplemente porque la electroacústica suele contener silencios y ser “lenta”, permitiéndonos reconocer a esos artistas y a GFR comenzar el mixtape con autoridad.
Un buen trabajo en equipo; el artista obrero junto a su amigo el computador.
LA ILUSIÓN SÓNICA, práctica desde el encierro
El año 2020 será recordado en la historia de la humanidad como el tiempo del no tiempo, el tiempo en el que el mundo se detuvo, el cual poco a poco fue dando paso a energías planetarias renovadoras que, a nivel global, y no diferenciando países ricos o pobres, occidentales u orientales, del norte o del sur, han ido sacando a la luz los inmensos desbalances que nuestra sociedad viene cargando, cual pesada mochila, desde tiempos inmemoriales. 2020 también es el año en el que Pueblo Nuevo, netlabel especializado en editar música de corte electrónico, cumple 15 años de vida activa e ininterrumpida. A modo conmemorativo, aún en medio de tiempos de pandemia, cuarentenas y estallidos sociales, Mika Martini, co-fundador del sello y actual director del mismo, decidió encargar una serie de mixtapes que se nutrieran del material editado por el netlabel a lo largo de su historia. La frase que caracteriza y sintetiza la esencia del propio sello se hace así más vigente que nunca: resistir y permanecer.
Cuando Mika convocó, entre otros colaboradores, a Gerardo Figueroa Rodríguez para confeccionar uno de estos mixtapes, seguramente nunca imaginó la extraña morfología musical que este alcanzaría. Hay que decir, con toda honestidad, que el resultado final, tanto en su sonoridad como en su formato, se aleja a tal punto de los convencionalismos, que se hace incluso difícil categorizar este trabajo dentro de lo que es (o se supone debe ser) un mixtape en el sentido tradicional del concepto. Con seguridad, Mika Martini nunca imaginó que el “mixtape” entregado por Figueroa incluiría todo (y aquí recalco) absolutamente todo el material editado por Pueblo Nuevo en estos 15 años. Tampoco imaginó que tamaña obra monumental estaría resumida en un solo track. Y mucho menos pudo anticipar, de eso estoy seguro, que este único track tendría una duración de apenas 3’37”. Tal como en un acto de prestidigitación (donde la ilusión de lo que es, en un instante parece no ser), incontables horas de música se reducen a un único tema crípticamente titulado “6×216”, el que, gracias a su breve duración, bien podría homenajear los tiempos de gloria discográfica de décadas pasadas y ser editado como single en un vinilo de 7” y 45 rpm.
A primera escucha, “6×216” aparece como un tren que pasa frente a nosotros a velocidad crucero sin detenerse, dando apenas tiempo para que nuestros oídos puedan fijar su atención en algún sonido en particular, donde cada vagón es de un color y forma distinta. A pesar de lo rápido que se suceden los acontecimientos se puede apreciar que, en su diversidad, todos los vagones de este tren de sonidos son iguales en tamaño, dando lugar a una suerte de zapping musical de ritmo constante que le entrega total cohesión al mixtape. A nivel sensorial, es como saborear todos los bocados disponibles en una bandeja, generándose finalmente una yuxtaposición de sabores que, a su vez, son un «otro» sabor que los incluye a todos, pero que no es ninguno. Por momentos, si llevamos la experiencia al imaginario visual, “6×216” se nos presenta como si observáramos un paisaje parcelado, sin límites ni rejas divisorias aparentes, en el cual cada parcela es del mismo tamaño y forma, pero cuyo terreno va variando a medida que el paisaje se extiende ante nuestros ojos. Territorio rocoso, desértico, árido, selva tropical, montañas y glaciares… todo coexiste en su natural belleza y diversidad, y cada cual lo hace en la misma proporción, sin protagonismos de ningún tipo. En conclusión, puedo decir que, engañosamente amparada bajo la denominación de mixtape, “6×216” se presenta como una obra musical por derecho propio.
¿Es posible condensar 15 años de historia de Pueblo Nuevo, en apenas tres minutos y medio de música?. Tal como un mago que generosamente enseña sus trucos, en las propias notas de programa el autor entrega interesantes detalles de cómo logró dicha hazaña, explicando de manera exhaustiva la metodología utilizada, la cual demuestra una planificación rigurosamente intelectual y, sin embargo, sugiere una apertura y disposición a dejar que el “azar” intervenga de manera libre y espontánea en el desarrollo de la obra. Lo que a primeras luces pareciera ser una evidente contradicción entre intelecto e intuición, resulta más bien ser un perfecto equilibrio entre mente y corazón, lo cual me lleva a pensar en el hecho de que el azar, como tal, no existe en ninguna experiencia de vida, si no que en realidad los hechos se suceden en un devenir de sincronicidad, en donde, a un nivel más profundo, todo está conectado de alguna forma invisible pero claramente palpable. Con esa disposición en mente, Gerardo Figueroa Rodríguez estableció un método de trabajo en el que dejó, de manera consciente e inconsciente, espacio para que la propia obra, en definitiva, fuera mostrando la pauta de cómo se iba armando a sí misma, convirtiéndose el autor en un instrumento o canal, más que un creador de “pleno derecho”. De esta manera Figueroa busca llevar al mínimo su propio sesgo personal: es como si intentase dar un paso al costado, actuando de manera casi invisible. Aún así, el sólo hecho de adoptar esa actitud constituye un sello en sí mismo, ineludible y propio del autor, lo cual entrega a este mixtape la categoría de obra musical autoral en sí misma.
Las interesantes notas de programa que acompañan esta obra explican su aparentemente críptico nombre: de las 216 obras incluidas (que abarcan lanzamientos desde julio de 2005, hasta diciembre de 2020, formatos físicos y otros mixtapes inclusive) se utilizaron rigurosamente los 6 primeros segundos de cada track, de cada disco. Esta idea de incluirlo todo, absolutamente todo, resulta de una belleza casi mística, pues permite que coexistan en poco más tres minutos y en perfecta armonía, música de géneros y estilos tan diversos que, de otro modo, difícilmente podrían convivir dentro de un mismo track. Obras electroacústicas y electrónicas de club, experimentales y noise, ambient y de corte dance, todas son tratadas de manera igualitaria, cual si fueran seres diferentes en forma, cultura, idioma, raza y color, pero que en su alma pura son lo mismo en esencia: en todos los casos, se trata de sonidos organizados de algún u otro modo. Curioso resulta el hecho de que, en su limitado conocimiento sobre cómo actúan los complejos algoritmos de software de procesamiento de audio, Figueroa haya decidido confiar la disposición y organización del material sonoro precisamente a programas computacionales de reconocimiento de tono y tempo. Si la idea era agrupar los sonidos por similitud, el “mal” funcionamiento de este método resultó totalmente afortunado en este caso, dando lugar a una obra que, en su breve duración, entrega una gran diversidad sonora que, de haber estado “verdaderamente” organizada de acuerdo a tempos y tonos, hubiera resultado muchísimo más plana en su desarrollo evolutivo. Lo hermoso de este proceso, es que se utiliza un método con rigor casi científico para finalmente dar paso a resultados azarosos. Nuevamente se me viene a la cabeza la idea de que nada es casualidad si no causalidad. Otro aspecto interesante tiene que ver con la decisión del autor de no someter el mixtape a un proceso de masterización final. Intuitivamente, y sin conocer a cabalidad la manera en que interactúan múltiples sonidos cuando conviven en una mezcla multi-pista, Figueroa decidió alterar los volúmenes de las muestras de audio originales para evitar la (de otra forma inevitable) saturación del sonido resultante. Esto hace que “6×216” exprese un nivel sonoro que sería considerado sub-estándar según las normas actuales, pero que rememoran el sonido de los CD de las primeros años ‘90, o de fines de los ‘80, cuando los métodos de masterización aún no hacían uso (y abuso) de los procesos de híper-compresión dinámica, dándole a este mixtape un sabor bellamente “vintage” en su sonido global, lo cual se agradece, pues logra que la obra retenga algo del ya escaso rango dinámico con el que vio la luz.
En definitiva, esta es una obra musical que funciona en varias capas: se le puede dar play y disfrutar de manera “superficial”, dimensión en la cual funciona perfectamente dada su bella cualidad sonora. Aún así, estoy seguro que a más de algún auditor se le hará imposible resistir la tentación de bucear un poco más profundo y escuchar “6×216” repetidamente, poniendo cada vez más atención, consultando acuciosamente la guía entregada por el autor, revisando con lupa el listado de todos los fragmentos musicales utilizados. Cual si se tratara de un juego de puzzle; “afinar el oído” e intentar reconocer las distintas piezas que lo componen, se transforma en un lindo juego-desafío. Constituye, de esta manera, una invitación a descubrir y re-descubrir el vasto y variado catálogo de Pueblo Nuevo, el cual, de seguro, tomará otra dimensión en el oyente luego de escuchar este mixtape. Sumergiéndose en aguas aún más profundas, ésta se transforma en una obra de carácter interactiva, que invita al auditor no sólo a escucharla, sino a ser parte de la misma. Precisamente, la inclusión de una carpeta con todos los samples utilizados, son la motivación perfecta para que el propio auditor se transforme en creador y así haga su propia versión de “6×216”… tal vez para ser incluida en el lado B del vinilo 7”.
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