En cuanto escuchó su voz, Sion no pudo evitar largarse a llorar como nunca antes lo había hecho - tanto que en un punto empezó a costarle respirar y no podía dejar de ahogarse una y otra vez, pero aún en ese estado tan patético en el que se hallaba, en su cara reinaba la mayor de las sonrisas que había puesto desde que ella se había marchado.
“Oh, Isla." Sollozó y cerró los ojos cuando ella empezó a acariciarle el rostro con cuidado. Se sentía tan natural, tan… Tan correcto. Era como si de repente las cosas volviesen a estar en su lugar, como si todavía siguieran siendo dos adolescentes estúpidos que recién se habían confesado su amor y que no podían dejar de actuar estúpidamente respecto a ello porque estar tan enamorados el uno del otro les era más que suficiente. “En ese caso estamos en las mismas condiciones, amor." Susurró poniendo su mano sobre la de ella y finalmente mirándola. Lo de ‘amor’ se le había escapado, pero honestamente no se sentía culpable. "Sé lo patético que va a sonar esto, créeme, pero me siento como si fuera la primera vez en seis meses que puedo respirar sin esa sensación de vacío aquí." Se llevó la mano a su pecho y sonrió un poco. Era la verdad, después de todo. "Es cierto. Además de esa charla, todavía sigues debiéndome la revancha en el Fifa. Sion Thomas no olvida.”
Los siguientes dos minutos fueron sólo ellos dos mirándose, y en ese momento Sion sintió que estar ahí, en ese preciso instante, era lo más cerca de cielo que iba a estar alguna vez. Nada podría arruinarle o quitarle ese momento. Ni siquiera el sonido de la puerta abriéndose y Wade parado en el umbral pidiendo hablar con él.
“Volveré enseguida, ¿sí?" Murmuró girando su cara para besarle la mano y levantándose para ir a ver qué mierda era lo que quería Wade, que no perdió tiempo en hacer exactamente lo que Sion sabía que iba a hacer. "Woah, ¿qué tenemos aquí, eh?" Se mofó y lo empujó, quitándoselo de encima sin demasiado esfuerzo. "Tranquilízate, machote. ¿O quieres pasar todavía más vergüenza? Porque si ese es el caso entonces yo estoy más que dispuesto a ayudar. Para qué son los amigos, ¿no?" Entrecerró los ojos y lo arrastró al otro lado del pasillo, lo más lejos que pudiera para que Isla no oyera pero aún así sin dejar al resto fuera de su campo visual."¿Qué haces aquí? ¿Quién diablos te crees que eres, Wade? ¡¿QUÉ MIERDA ES LO QUE TE SUCEDE, IMBÉCIL?!" Gruñó entre dientes, acorralando al rubio contra la pared. woah que mal que sonó eso ”¿Con qué jodido derecho te crees habilitado a aparecer aquí después del daño que causaste? Por que esto es culpa tuya, Wade. Tú arruinaste todo." Acusó clavándole un dedo en el pecho. "Tú arruinaste nuestra amistad por una calentura, tú eres el culpable de que Isla se fuese en primer lugar, así como es tu culpa el que ella haya sido atacada de esa manera. ¿Y quieres que te diga qué más eres? Lo único que eres, en realidad." Enarcó una ceja "Eres un jodido pendejo egoísta que nunca pudo aceptar que desgraciadamente Isla decidió enamorarse de mí y no de ti, éso es todo lo que eres. Pero no sé ni para qué te digo todo esto, si tú nunca vas a crecer. Nunca vas a entenderlo." Sacudió la cabeza, sintiendo las lágrimas empezando a caer por sus mejillas. Detestaba tener que estar gritándole esa cantidad de cosas horribles a su mejor amigo - joder, ¿qué decía? Wade era su hermano. Su hermano que había decidido ser un jodido idiota, éso era. “No sé qué quieres que haga, Wade. Tal vez todavía estás esperando que te pida perdón por todo esto - pero no puedo, ni quiero, ni voy a hacerlo. No voy a pedirte perdón por estar enamorado de Isla. Te guste o no, la amo. Y en vista de que tú prefieres pelear conmigo por algo que ninguno de nosotros pudo evitar… Hasta aquí llego, Wade." Musitó. "Renuncio. A nuestra amistad - si es que seguíamos siendo amigos, a sentirme culpable porque me enamoré y por último…" Sion tragó con dificultad y tomó un respiro profundo. "Renuncio a la banda.”
Dicho eso, se giró sobre sus talones y caminó hasta la salida del hospital, donde hizo un par de metros hasta el final de la calle y se sentó a llorar en el cordón de la vereda.