Reminiscence
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Hades x Gemini Saga HadeSaga
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En tus ojos encuentro la reminiscencia de un hado prometido, aquel que siempre nos roban, amado mío.
El pantallazo verde de la tarjeta aprobada fue lo último que vio antes de pedir un taxi al aeropuerto. Valija en mano para los siete días que iba a disfrutar al volver a su natal Grecia, luego de años viviendo en Londres por negocios, quería volver a las playas, al sol, la comida, el arte y su cultura; retirarse por al menos una semana de su lúgubre departamento en Liverpool y gozar de su querida Grecia.
Esta vez había planeado distinto las cosas, como si las moiras hubieran hecho un cambio en sus hilos, tensándolos a que el rumbo no difiera más su expedición sí.
Llegar a Grecia se sentía como volver a casa con sus hermanos, había cierta melancolía en las casas azules y las escalinatas con azulejos, en como los niños jugaban libres en las plazas o como la gente se tomaba su tiempo para disfrutar de cosas como la comida o el simple hecho de pasar las tardes. Al llegar el lugar tenía un silencio de penumbra, pero el jardín aún estaba en condiciones óptimas, los sirvientes vinieron a recibirlo ese día, habían dejado la casa impecable, impoluta a rastros de lo que creyó que sería un fantasma por mucho tiempo. Aun sentía el aroma a granada, el perfume floral en los cojines, la tela suave de las cortinas.
Debía deshacerse de todo eso.
Pero prefirió ir al jardín. Su pequeño Eliseo no tenía la culpa de malas relaciones, no merecía su furia algo tan bello. Se sentó en uno de los bancos de piedra observando las flores danzar con el viento y el sol, inspiró profundo antes de soltarla el aire de golpe, el sonido de la charola de su sirviente lo alertó y el café junto a unos papeles se colocaron en la mesa.
—Los documentos para la aprobación de su colección, mi señor.
Sacó una pluma del bolsillo, leyendo el acuerdo entre los museos y su trabajo. Firmó rápidamente, antes de tomar un sorbo al café, debería ir a ver como se veía en otro lado.
Llegó al museo con ropa casual, observando cuadros, esculturas y animales disecados, que era una novedad al ser aves que él mismo había prestado de su trabajo del museo de ciencias naturales para que se expongan esta vez en el de arqueología. Había cierta belleza en esos ojos muertos que encontraba fascinantes, sentía que podía jugar con sus vidas, como posarlos, como hacerlos bailar, moviendo sus cuerpos sin alma para manejarlos a su antojo.
Una voz ronca y pasajera le hizo soltar la vista de su inspección, a la vuelta de una estatua de Atena Pártenos la figura alta e imponente de un hombre relatando sobre la historia de arte captó su atención, tenía el rostro serio mientras apuntaba a los turistas pequeños detalles que generalmente saltaban de largo y les recordaba que no podían usar flash para tomar fotos. Hades quedó quieto un minuto entero, sólido, refrescado por la imagen de alguien que sabía de lo que hablaba y no parecía ser simplemente un niñero de turistas por una hora.
Cuando se acercaron a la zona de los animales el taxidermista prefirió oír con más atención.
—Acérquense, no muerden, al menos ya no —El humor atrajo a las personas, curiosas por la exposición —En colaboración con el museo de ciencias naturales, tenemos una entrega de aves autóctonas de Grecia, todos los especímenes pasaron por un proceso de taxidermia y son tan reales que parece que solo les robaron el alma para ser expuestos.
—¿Son totalmente reales? —Un turista levantó la mano, su rostro reflejaba algo entre pavor y curiosidad.
—No, solo su piel, están rellenos de espuma o resina, sus ojos son piezas de cristal pintadas a mano y generalmente si el animal tiene dientes, se hacen moldes también de resina para mantener su apariencia. Es un trabajo de artesano sumamente delicado y podría apostar, que son las mejores piezas que he visto.
Hades asintió lento, siempre le costaba explicar su trabajo, muchos lo veían como alguien cruel, pero los animales ya estaban muertos cuando llegaban a su mesa. Este hombre logró explicar su profesión con simpleza, haciéndolo pasar por un tamizador, dejando la crueldad, la muerte y el desahucio de lado para empapar con nectar los labios de todos, incluso los suyos propios.
El recorrido terminó luego de unas fotos. El hombre llevó a todos a la entrada y Hades, ni lento ni perezoso, se acercó a su cuerpo notando que aquellas facciones tenían un encanto peculiar, casi nostálgicas.
—Bonita presentación.
El guía giró sobre sus talones tranquilo, sobando su cuello —Muchas gracias.
—En especial la de taxidermia, se nota que estudió bastante.
—Es mi trabajo, no puedo quedar mal —Respondió mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo junto a un encendedor —Además, me gusta el trabajo del taxidermista.
—¿En verdad? ¿Quién es?
—Se hace llamar Aidoneo, siempre se mantiene en anonimato, he ido a ver varias obras, pero nadie sabe cómo luce en realidad. Aunque bueno, lo importante de un artista son sus obras, no su persona.
Dos chasquidos del encendedor, poca chisma, el guía parecía molesto, Hades sacó uno de su bolsillo, encendiendo y sacando una llama azul, un fuego fatuo que hipnotizó al más alto por un segundo ante de quemar la punta del tabaco.
—¿Tiene un minuto para hablar sobre él? Sus obras son fascinantes.
—¿Quiere comprar una? Puedo derivarlo con uno de ventas y…
—Me gustaría que usted me lo explique, señor…
—Saga —Empujó el humo hacia el cielo, por un momento el de cabellos tan oscuros como cuervos deseo que lo haga observando el infierno —Saga Moliónidas.
Charlaron por horas, tantas que tuvieron que detenerse cuando uno de seguridad les pidió retirarse. La invitación a cenar vino luego, se sintió fresca luego de estar horas bajo el foco de luces artificiales, la luz de la luna acariciaba el cabello del peliazul, dándole un brillo único. Caminaron por la costa un rato más antes de que el menor riera mientras pedía un taxi.
—¿Hades? ¿Cómo el Dios?
—Qué quieres que te diga.
—Es irónico, yo tengo un nombre sumamente asiático y tu… el de una deidad.
Aun así, atesoró el nombre. Saga se despidió yendo hacia el piso en el centro y él llamó a su chófer para que vaya a recogerlo. Todo el viaje se mantuvo en sepulcro, pensativo, tenía ese escozor en la garganta que lo hacía sentirse nostálgico. Toda la cena, toda la noche, cada que la verde esperanza se mezclaba con el oro líquido, dando un resultado único y desolado. Intentó hacer memoria y falló, así que lo último que pensó es que debía volver al museo.
Verlo se le hizo costumbre, llevarle café un detalle, encender su cigarro con aquella flama azul un pequeño gesto y entre tanta cortesía terminaron más juntos que lejos.
Las sábanas se hicieron testigos de sus encuentros, el cenicero de la cómoda vibraba mientras hacían la cama rechinar, se fundían, Hades lo observaba a los ojos, estaban muertos, tan apagados mientras suspiraba que parecía otro de sus animales. Lo notaba cada vez más, cuando desayunaban o incluso mientras Saga daba sus guías, algo dentro de él no estaba del todo correcto y no lograba averiguar qué.
—¿Te sientes bien?
Cálidos entre sábanas, compartiendo un puro como siempre, Hades se atrevió a preguntar, por un momento ninguno dijo nada, al otro Saga solo suspiró humo, como un lamento lento, algo tácito e incorpóreo se instaló en el aire.
—Tengo esta sensación de que te conozco —Los ojos de oro bailaron por su figura, al parecer no era el único —Pero no que las cosas terminaron bien. Como si tuviéramos un mal destino.
El sabor amargo de granada se le filtró por la garganta, no dijeron mucho más, Saga se fue y él volvió a trabajar. La pena era gasolina, mientras peor estaban más podían trabajar. Saga siguió con sus guías y Hades con su trabajo de artesano; hoy más que nunca se sentía un verdugo, la forma en la que estaba pintando los ojos de aquel búho cornudo, pintó sus ojos color dorado, y acomodó sus plumas con la misma elegancia que el hombre trabajaba. Aquel athene noctua que tanto quiso retratar, debía ser parte de otra colección, pero prefirió llevarlo con él.
Al lado de su valija, lo encontró en la entrada, tenía el cigarro apagado ya que la flama que siempre lo encendía estaba tardando en llegar. Le acercó el encendedor, permitiéndose darle un último vistazo para agacharse a tomar la caja que tenía.
—¿Qué es esto?
—Un regalo.
Saga inclinó la cabeza hacia la valija, viendo al inframundo un momento —¿Te vas?
—Vivo en Londres, ya es hora de volver.
—Supongo que estaba destinado a terminar mal.
Otra afonía, esta vez una escandalosa, Hades solo asintió, las hebras negras le tapaban el rostro negro, pero en medio de esa tormenta de pensamientos se permitió sonreír.
—Quizás en otra vida, Saga.
Se dieron la mano, luego un beso y oyó las ruedas de la valija rodar camino abajo. No lloró por la perdida, sino que prefirió abrir vino, tomando un cúter abrió el paquete que lo intrigaba y notó la pequeña estatua, aquel búho disecado que parecía observarlo profundo, con ojos gemelos al del mayor. Acarició las plumas encantado, antes de ver en su base escrito en una plaqueta dorada.
"Búho Cornudo. Kokuto."
"Firmado: Aidoneo."
La copa se hizo añicos en el piso, dejando que el rastro carmín se expanda como un charco debajo de él. De pronto las memorias vinieron, los recuerdos de un antaño que parecían quemarle la garganta ahora se reflejaron en sus ojos, gritó, pero no salió nada, su voz no era fuerte a un lado, se infló de pena y malaria observando la estatua. Era él, su Aidoneo, su Plutón, su Eubuleus, y nuevamente el destino los hizo perderse, quedando esa reminiscencia en el aire, donde el corazón lloraba y el alma se ahogaba en pena.
Hades llegó a Inglaterra pasada las seis, el clima húmedo lo recibió, el cielo lloraba la pérdida mientras él, igual que Saga, notaba como el destino había jugado de nuevo con ellos. Nuevamente perdiendo frente al destino.
Pero entre penas y lamentos se elegirían, una vez más, buscando que aquel dolor floreciera en anhelo por aquel hado prometido.
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Un pequeño regalo de cumpleaños para @hyleastrum, espero que te guste corazón <3

















