En medio de tanta oscuridad, la luna se volvió mi compañera en las noches de insomnio.
- ¿Vale la pena? - me pregunté,
- ¿Vale la pena? - le pregunté.
Sin dudarlo dos veces la respuesta de ambos fue la misma…
Cada noche al llegar tu recuerdo a mi cabeza, se cruzan junto con el viento aquellas caricias marchitas que aún perduran en mi habitación o el sonido de tu risa; que se prolonga con intensidad cada vez que el ruido de mi interior se hace más fuerte.
Recordamos juntos el foco de luz que nos brindaba en cada calle que caminamos, y me lo recuerda cada vez que la miro buscando respuestas, como si no las necesitara, como si supiera que en mi interior está todo lo que busco.
Con su brillo me mostró cada beso que te dí, cada mirada tímida y nerviosa que solía hacerte para guardar cada expresión de tu rostro en mi memoria, me mostró la belleza que logré captar de tu interior, aquella que junto al humo se ha esfumado.
Cuando la tristeza ganaba en mi interior, solía hablarle de ti.
- ¿La quieres? - me pregunté,
- ¿me quiere? - le pregunté.
Sin dudarlo dos veces la respuesta de ambos fue la misma…
Junto con gotas saladas, el aroma de tu piel refrescaba mi cara, dejando en mí una sensación de vacío, de una pieza faltante que encajaría perfectamente al tomar tu mano.
La miro buscando respuestas, te miro buscando respuestas.
No hay nada.
En una noche fría no apareció su luz y me sentí agobiado, solamente contaba conmigo mismo y con aquella vela que encendimos juntos.
Encontré respuestas.
- ¿Por qué te fuiste? - le pregunté,
- ¿Te encontraste? - me preguntó.
En ese mismo instante entendí todo, aprecié el brillo de su luz como nunca antes, pero esta vez; la respuesta no fue la misma…
- Noah.
















