“Lo recuerdo. Lo recuerdo muy bien.” Aseguró, asintiendo un par de veces con la cabeza. El chico solía ser un tanto despistado y olvidadlizo la mayoría del tiempo, probablemente su mayor impedimento como futuro rey. No obstante, le gustaba prestar atención a las personas y aprender de éstas también, por lo que resultaba fácil que al mencionarlo de nuevo, la fémina refrescara un poco la memoria del príncipe. “No es agobiante, de hecho. Es interesante poder llegar a conocerlas a todas ustedes y muy necesario si lo que quiero es tomar una buena decisión para la nación.” Así es, para la nación, porque en ninguna circunstancia sentiría Harry que estaba haciendo esto para sí mismo. Casarse a tan temprana edad no formaba parte ni siquiera de sus más disparatados planes, pero lo hacía por su país, por ese reino que tendría que cuidar y proteger a toda costa. Millones de personas dependerían de él tarde o temprano, y lo último que podía hacer en esa clase de situación era pensar en su bienestar por encima de todo. Claro, Marianne le parecía una muchacha encantadora, y el hecho de tener que compartir su vida al lado de alguien tan hermosa como la morena le resultaba un privilegio, pero sabía que las cosas no debían ser así, pues existía la posibilidad de que ella, en conjunto con el resto de princesas, e incluso la inocente rubia de dulce sonrisa que se encontraba frente a él, estuviesen haciendo aquello a base de un interés económico que únicamente lastimaría al príncipe. Ese era, quizá, uno de sus mayores temores.
Frunció el ceño, un tanto sorprendido por el hecho de que la rubia se acercara a él en busca de su atención, más que eso, con el propósito de establecer un lazo de confianza más estrecho al querer ser llamada por su nombre. Sonrió, porque no rechazaría las buenas intenciones de la princesa, aunque por su mente lo único que cruzaran fueran las posibles consecuencias que aquello podría tener con la inglesa. “¿Está segura, princesa? No quiero que se sienta ofendida. Créame, suelo agarrar confianza muy rápido cuando me lo permiten y no planeo faltarle el respeto de ninguna manera.” Aclaró un poco apenado y nervioso, reacción que se volvía más evidente conforme aumentaba la velocidad y ritmo de sus palabras. “Pero por supuesto que tiene razón. Es aburrido, incluso a veces desesperante tener que ser tratado con tanto cuidado. La formalidad a veces debe tener cierto límite. No me gusta ser la autoridad para todos, me es imposible creer que la gente no me tiene miedo cuando me tratan de esa manera. ¿Usted me tiene miedo, prin– ?“ Hizo una pausa, frenando por completo la aceleración de sus vocablos, justo a tiempo para no perder el control de sí mismo. Elevó la mirada hacia ella, tomando una bocanada de aire. “¿Me tienes miedo, Vivianne?”Interrogó, tragando un poco de saliva luego de aquel atrevimiento, sintiéndose de cierta forma un poco sonrojado ante la presencia de la contraria. La interrogante había sabido despertar una nueva capa de curiosidad en su alteza, tanto así, que no pudo ignorar esa duda que de pronto golpeaba dentro de su cabeza. “¿Qué es lo que realmente piensas de mí?” Más allá de inseguridad, era la incertidumbre por querer averiguar si en verdad ella, o alguna de las princesas, podría llegar alguna vez a hacer todo aquello por él, no por la corona, el dinero, los recursos, ni nada más. Por él.
La sonrisa que esbozó esa vez estaba dirigida a ella misma. No todos los futuros gobernantes tenían la suerte de enamorarse, de elegir con quién pasar el resto de su vida. Su madre no la tuvo, pero sí su padre. Sus abuelos tenían la historia más bonita de todas, ese era su relato favorito para poder descansar todas las noches. Antes de despedirse de su abuelo, le había hecho la firme promesa de pensar siempre en su felicidad, cuidarla, no sacrificar su corazón. Que no se engañara a ella misma. Asintió una única vez, dándole a entender que lo entendía, más que nadie. El amor era un lujo que no muchos se podían impedir, pero se encontró con que dentro de ella, Vivianne enserio deseaba que ese muchacho que las había recibido a todas bajo su techo, tomara la decisión correcta para su corazón.
—Segurísima —confirmó, con una risueña sonrisa. No estaba pensando en que estaba cerca a su objetivo, Vivianne pensó desde el primer día que el príncipe de Lykaios podía llegar a convertirse en un amigo para ella—, Mi nombre, con todo lo que eso implica —determinó, un poco alegre y entretenida con su actuar, ¿realmente suponía un problema pedirle algo como eso?—. ¿Tendríamos que estar acostumbrados, verdad? Desde que tengo memoria que me tratan como si fuera un frágil cristal que se puede romper. Me incómoda, si he de ser sincera, pero tampoco quiero meterlos en problemas, pensando que alguien podría regañarles si es que escuchan que se dirigen de esa forma ante nosotros —confesó, con una mano sobre su pecho, expresando su pena. Lo siguiente la desconcertó, porque no era algo que asociara con él en lo que llevaba de conocerle—. ¿Disculpe? ¿Por qué, entre todos los sentimientos que una persona puede llegar a experimentar, sería el miedo la predominante hacia usted? ¿Se ve capaz de generarlo? —curiosidad, simple curiosidad—. No le tengo miedo, príncipe.
»Y... Si pensara que es una mala persona, que no cuida a su pueblo o a la gente que le rodea, hace mucho hubiera hecho mis maletas y le hubiera pedido mi lib... que me deje ir —declaró, con honestidad—. Puedo decirle que pienso que es muy inteligente, un digno justiciero, que conoce lo que es una diversión sana y que tiene infinitos temas de conversación. Podría también... —se acercó, sin desviar su mirada de él en ningún momento—, hablar de sus ojos, tan transparentes, expresivos. Que me dejan ver lo valiente y preocupado que es, atento, como cuando no duda en correr a protegernos cuando los rebeldes atacan. También la cantidad de sueños que tiene, la forma en que brillan cuando algo que es de su interés se cruza en su camino. Generoso, noble, he visto cuánto se desvive para que los menos afortunados reduzcan cada vez más sus carencias. Cómo intenta integrarlos —con su último movimiento, pudo sentir la respiración del heredero sobre su rostro. Y aunque amagó a dar otro paso, uno que los envolvería en una situación íntima, Vivianne decidió retroceder dos—. Eso es lo que me ha dejado ver, podrían bien tratarse de solo palabras o tal vez es mi mente, que no deja de repetir que es una de las mejores personas que he conocido, pero ¿Qué le asegura que sean verdaderas? —miró tras el hombro del muchacho, ya que había escuchado el inconfundible sonido de alguien que estaba próximo a ellos—. ¿Y si mi deja mostrárselo? Qué es lo que realmente pienso de usted, de Harry, sin títulos, sin pretensiones, sin Selección.