“Nada, nada. Me olvido que estoy cerca de la persona más buena e inocente de Willow Creek” le dijo para molestarla, porque a veces hasta le divertía buscar escandalizarla pero lograr todo lo contrario. Cuando escuchó como comenzaba algo que parecía una pregunta importante, tragó lo que estaba comiendo para poder responderle bien a su cuestionamiento. “¿Quién dice que tengo pretendientes, uh?” quiso saber, porque estaba casi seguro que era bueno ocultando cosas. Sin embargo, sí, había chicas en su vida. “Eliminé mi cuenta de Tinder” le contó, porque no había tenido interés de ir a la plataforma desde que estaba India. “Pero si había chicas… la verdad es que no me interesaban mucho” confesó, porque era la realidad. Le parecían todas iguales, con los mismos interés y objetivos. Ahí tenía algo diferente, algo que le gustaba. Se rio cuando quiso molestarlo, pero no buscó afirmar o negar nada, sino que la empujó por los hombros hacia un lado del sillón, buscando picarla con los dedos de una manera tan inocente que el Thadeus de hace un mes estaría dandose un golpe en la frente.
“¿Recuerdas cuando me decías que no querías que te dijera vulnerable y, blah blah blah?” Fueron tantos conceptos con los que estuvo reacio que ya no los recuerda enteros. “Bueno, a mí tampoco me agrada que me llames inocente, también puedo ser mala, ¿sabes? El otro día, en el casamiento, me lleve mi toalla a casa y no la devolví.” Responde totalmente convencida de que aquella actitud es totalmente rebelde y diferente a lo de siempre, a la vez coloca un tono de victoria, como si estuviese efectivamente probándole lo contrario a sus palabras. “Todo Willow Creek.” Se mantiene seria, no porque esté enojada sino porque no puede creer que en verdad se esté haciendo el desentendido. No es sorda ni ciega, ha escuchado y leído rumores. “¿Tinder?” Suelta una pequeña risa que contrasta su actitud anterior y hace que se relaje, aunque no del todo. “Ya, entonces cerraste tinder, ¿eso es todo?” Alza ambas cejas, no quiere dejar cabos sueltos en esa conversación de los cuales luego pueda excusarse, aunque espera que no tenga que hacerlo y las cosas entre ambos sigan fluyendo con facilidad. Siente como comienza a picarla con su dedo, cae contra el respaldo del sillón y suelta una carcajada tras otra hasta que logra atrapar los dedos del chico con sus manos, impidiéndole que se siga moviendo. “Ya, detente, detente.” Pide sin haber dejado de reír, necesitando recuperar el aire. Lo observa con la sonrisa aún plantada en su rostro y entonces decide hacer la pregunta que no puede sacarse de la mente. “¿Nunca tuviste una... relación formal?”