Nanami sketch!

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macklin celebrini has autism
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❣ Chile in a Photography ❣
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Xuebing Du
Sade Olutola
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@infinite-moon27
Nanami sketch!
:)
—Y entonces, creí que podría escapar de él, que podría olvidar su lujuriosa mirada y aterradora sonrisa— Susurró.— Pero no, jamás podré esconderme de él, mis pesadillas solo saben hablar de él.
commission for @raimiwasbetter
“Definitivamente no desearía que volvieras. Desearía que nunca te hubieras ido.”
— Blue. (y entre esas opciones, hay una gran diferencia)
- Oye. ¿Me odias?
- No, no te odio.
- ¿Entonces?
- Odiar es un sentimiento y yo no siento nada por ti.
es que ya no sé que escribir, perdí el encanto
Sea Glass By IG: @seaglass_takechan
takipçi hilesi Pinterest: @artwoonz
Qué le pasa a esta generación?
Todos estamos estresados, deprimidos, con ataques de ansiedad o de pánico.
Y cuando nos quejamos, somos unos pendejos de mierda a los que nunca les faltó nada y no sabemos agradecer
@- theacoak
Feliz cumpleaños a ese que alguna vez fue mí mejor amiga y mí hermano. Feliz cumpleaños a ese con el que compartí toda la vida y junto a quien crecí.
Feliz cumpleaños a mí mejor amigo, que incluso aunque ahora seamos completos desconocidos siempre espero el día en el que todo vuelva a ser lo de antes.
Gracias por haber nacido y sido parte de mí vida.
Fuiste, sos y siempre serás alguien muy importante y especial para mí.
Miedo al miedo Ilustración: Herikita
“Los pastorcitos estaban en una montaña y la virgen se les apareció y les habló”, dijo mi mamá, no recuerdo por qué o para qué, en la mitad de la nada, un día mientras cenábamos en el comedor estrecho de esa casa de ladrillos en Cali donde crecí.
Un momento. La virgen se APARECIÓ. Sí, se apareció. ¿Cómo los fantasmas? ¡No, Amalia! Como la Virgen, la virgen es buena y traía mensajes bonitos para los pastores. Mamá pero la virgen está muerta, o sea que sí es un fantasma, y además un fantasma QUE HABLA.
Imaginé ese momento: yo frente a la virgen, completamente muda, muerta del susto. La virgen me había escogido a mí y sin embargo yo solo podía concentrarme en no orinarme. Decepcionaba a la madre de Dios, a la mía, a mi abuela y al mundo entero.
Tenía ocho años o tal vez diez, no recuerdo bien. Lo que siguió fue mi mamá tratando de explicar que aquello de la aparición de la virgen era un suceso místico maravilloso al que no había que temerle bajo ninguna circunstancia. Pero el daño ya estaba hecho. No habitó mi cuerpo, desde ese momento, un temor más enorme que tener que enfrentar la aparición de la Virgen, de Jesús o de cualquier ilustre miembro de la Sagrada Familia. Comencé a vivir con miedo. Miedo a ser muy buena y que la virgen decidiera hablarme, lo cual inauguro una paradoja emocional que me marcó para siempre: lo que llevaba de vida me lo había gastado tratando de ser buena para evitar castigos, gritos o regaños y de la nada ¡BOOM! Que susto portarme bien, que pavor sus consecuencias. Nació así una nueva versión del miedo, permanente, conflictiva, imposible de contrarrestar, a la cual le sumaba además el miedo a la oscuridad, miedo a las iglesias, miedo a ir al baño. Miedo a que Jesús me dijera que debía dedicar mi vida a ser monja y transmitir por siempre el mensaje de Dios. Miedo a que me revelaran el fin del mundo. Miedo a irme al infierno por no querer asociarme con ellos. Miedo a tener todos esos miedos.
Desde ese día, o probablemente desde antes, me convertí en una miedosa irremediable. Mientras otros coleccionan carros, postales o imanes coloridos de ciudades visitadas que adornan la nevera, yo crecí coleccionando miedos: al vómito, a cruzar la calle, a las alturas, a los aviones, a que me dé ébola, a la mediocridad, a que me rompan el corazón.
Mi pequeña colección personal de temores me ha convertido muchas veces en una lisiada, atrapada en una cárcel propia, incapaz de moverme o lanzarme a perseguir aquello que ferozmente deseo. Pero paradójicamente, mis miedos han hecho de mí una enérgica beligerante del terror, alguien para quien las pequeñas victorias significan todo. Hoy crucé la calle, el año pasado sobreviví a diecisiete vuelos e ingerí altas cantidades de ceviche de playa sin temor alguno a vomitar.
Aunque muchas veces esta batalla campal conmigo misma resulte extenuante, llegué a la conclusión de que la suma de todos mis miedos, y mi miedo a todos eso miedos, puede ser tan paralizante, como revolucionaria.
- ¿Por qué es tan difícil dejar a alguien que no te ama?
- Recuerda que el amor quema, pero el frío también.
MarianneVG