Slytherin
Irina descansaba recostada sobre uno de los inmensos sofás que se encontraban dentro de su sala común. Gracias a un estúpido compañero de clases había estropeado su pergamino y ahora no tenía su tarea preparada. Para más mala suerte, cuando tomó su libreta de apuntes, se cortó con una de las hojas - ¡Maldición! - exclamó con ira, mientras que una gota de sangre se deslizaba por su dedo índice hasta su palma derecha. Definitivamente ese no era su día... Sin embargo ahora estaba calmada, con un vendaje en su dedo, admirando las formas que se armaban en las paredes, gracias al Lago Negro.













