CARTA I
Como ando por la casa
diciéndote querido
con fervorosa voz
con desesperación
de que pobre palabra
no alcance a acariciarte
a sacrificar algo
a dar por ti la vida,
querido,
a convocarte,
a hacer algo por esto
por este amor inválido.
Y eso es todo
querido.
Digo querido y veo
tus ojos todavía pegados a mis ojos,
como atados de amor
mirándonos, mirándonos
mientras que nos amábamos,
mirándome tus ojos
tu cara toda
tú,
y era de vida o muerte
estar así
mirarnos.
Y cierro las ventanas diciéndote
querido,
querido y no me importa
que estés en otra cosa
y que ya no te acuerdes.
Yo me estoy detenida
en tu mirar aquél,
en tu mirada aquélla,
en nuestro amor mirándonos
y voy enajenada por la casa
apagando las luces
guardando los vestidos,
pensando en ti
mirándote
sin dejarte caer
anhelándote
amándote
diciéndote querido.
— Idea Vilariño | Carta I














