Palabras: 6190 (Duración media - larga)
Personajes: [FursFell!Temmie (Mimi), FursFell!Sans (Fierce), FursFell!Chara] Ponpon (Breve).
Resumen: La historia oculta de la relación entre FF!Chara y Fierce, la cual terminó en una inevitable tragedia. Sus diferencias nunca lograron apartarlos.
Tenía que admitir que no era la primera vez que Ponpon asistía a alguna de esas fiestas pero no pensó que una de sus amigas cercanas terminaría en aquella situación tan rápido, es decir... esperaba que pasaran al menos unos cinco años.
¿De qué fiesta hablaba? ¡Un Baby Shower, por supuesto!
Y ahí estaba, junto al resto de amigos de Mimi, ex habitante de FellFurs. A veces ni siquiera creía que ya habían pasado 13 meses desde la destrucción de aquel AU, y aquello era literal puesto que en ocasiones despertaba creyendo que Fierce y el resto seguían con vida.
Al menos el tiempo lo cura todo... o eso dicen.
— ¿Entonces en serio van a ser tres? — Preguntó Ponpon algo impresionado a lo cual su amiga asintió. — Y las tres van a ser niñas…
— Sí, o al menos eso fue lo que aseguro el Doctor Temmie…
— Qué locura… — Comentó y ambos rieron un poco. — Me pregunto si se pararan como tú o se parecerán más a tu novia.
— Oh, estuvimos hablando sobre eso ayer… la verdad es que no tengo ni idea, pero espero que al menos una se parezca a mí, creo que sería lindo.
Hubo un corto silencio en el cual el de orbes azules se fijó en los invitados a aquella celebración, la mayoría de ellos eran Temmies lo cual no le extrañaba considerando que la casa que Mimi compartía con su novia (también Temmie) estaba ubicada en la Ciudad Temmie.
A algunos les parecería fastidioso, pero Ponpon era paciente con respecto a su forma de hablar y expresarse, después de todo no era culpa de los Temmies ser como son.
— ¿Y qué hay de ti, corazón de Pony? — Preguntó la felina y, por un instante, el mayor no entendió su pregunta. — ¿No has pensado en agregar a alguien a la familia? — Desvió la mirada unos instantes, sintiendo sus pómulos algo cálidos de pronto.
— N-No realmente… — Murmuró. — Aunque bueno, de igual forma tengo a Furs, él es mi familia. Y, siendo sincero, no creo que vaya a ser un buen padre… me han dicho que soy demasiado consentidor y sobreprotector… — Comentó con tranquilidad pero sincero. Otro aspecto importante es que él pertenecía a un multiverso distante al suyo, ni siquiera sabía si sería capaz de tener hijos.
— Hey calma, yo hablaba de casarte. — Mimi rio en voz alta haciendo que el esqueleto se sonrojase más todavía, cubriendo su rostro con algo de gracia por el asunto.
— Nunca se me paso por la cabeza algo así…
— ¿No crees en el matrimonio?
— No estoy seguro, se ve bonito pero no creo que sea lo mío…
— No debes de sentirte mal si es así, yo tampoco creo en ello… y Fierce mucho menos, aunque, bueno… admito que una vez consideramos en casarnos… — La felina parecía nostalgia mientras hablaba.
— ¿En serio? Wow, nunca me lo dijiste…
— Sí, es por eso que el día del aniversario fúnebre me puse un velo de color negro.
— Entiendo… — Miró al suelo durante unos instantes. — ¿No tienes problemas hablando de ello? Quisiera preguntarte algo…
— Adelante, me siento bien hablando de Fierce con otros, quiero que todos conozcan cómo fue él.
— Es que… en FursTale hay un Chara apodado Winter y quería saber, ¿Existió un Chara en su AU, cierto? ¿Qué fue de él? — Preguntó.
Ponpon se llevaba algo bien con Winter aunque este no parecía interesado en su compañía, así que tal vez una versión alterna suya podría ser su oportunidad de hacer otro nuevo amigo.
Mimi se quedó estática unos instantes, cambiando su expresión a una llena de melancolía antes de soltar un profundo suspiro. Ponpon temió haber preguntado sobre un tema demasiado delicado y estuvo a punto de disculparse.
— Sí, lo hubo. Y fue el chico más tierno y tímido que he conocido. — Su expresión se relajó nuevamente. — No tengo problemas en hablar de ello pero… es una historia realmente triste y… la verdad es que Fierce no era perfecto ni mucho menos bondadoso todo el tiempo, hizo algunas cosas de las cuales estoy seguro nunca se sintió orgulloso…
— Te contaré toda la historia, pero te advierto que es un poco fuerte y… tal vez no puedas seguir recordando a Fierce de la misma manera.
El mayor lo pensó durante unos instantes, era obvio que Fierce no era realmente la mejor persona, mucho más considerando el hecho de que era una versión Fell de Furs pero le recordaba con cierto cariño por lo tierno que podía llegar a ser con él.
Lo correcto sería conocer la verdad.
— Me parece bien, en cierta manera tal vez él pensaba contármelo algún día. — Sonrió levemente.
— Bien, entonces presta atención… No estoy seguro de cuándo o cómo empezó todo, pero me enteré de ello tan solo medio año después de haberme unido a su campamento, cuando empecé a acompañarlo a sus misiones.
Varias columnas de humo se alzaban contra la parte superior del subsuelo, siendo acompañadas con los gritos y llantos de monstruos que trataban de escapar del laberinto de fuego que se había formado en una pequeña porción de Hotland. Desde edificios más altos y a una distancia segura, un esqueleto con largas orejas en punta observaba junto a dos lobos negros, los orbes de aquel monstruo brillaban de un morado intenso, más su mirar era serio y analítico.
Y así era Fierce, un frío y cruel mercenario cada vez que la situación lo ameritaba.
Sobre su hombro aguardaba su fiel compañera Temmie llamada Mimi, quien llevaba un pañuelo para evitar que el humo la molestase demasiado. Ella parecía consternada con la situación, desviando la mirada en varias ocasiones para evitar ver.
— Parecen asustados… — Murmuró, el mayor la vio de reojo.
— Y más vale que lo estén, es nuestra segunda advertencia, a la tercera no habrá piedad.
La felina evitó hacer comentarios, sabía que aquellos a quienes atacaban eran monstruos que no querían meterse en ningún problema al no apoyar al rey o a nuestra causa, simplemente preferían ignorar todos los problemas ocasionados por la guerra y tratar de vivir sus vidas con los recursos que poseían, algunos de ellos eran esqueletos. Fierce odiaba a ese tipo de criaturas, ser indiferente ante las injusticias era el peor bando que podías tomar, mismo bando que dificultó a que alguien se revelara hasta ahora.
Lo peor es que ni siquiera tenían que luchar si se les unían, con aportar algo de oro, comida, medicinas o ropa faltante era más que suficiente… pero no, al parecer cualquier otra cosa era más importante.
Tampoco es que creyese que era justo que los incineraran vivos con fuego mágico… pero eran tiempos duros.
Fierce se dio la vuelta para dejar de observar aquel paisaje infernal, dando un par de pasos.
— Saben las reglas, chicos. — Ambos lobos giraron a verlo para darle su máxima atención, ambos lamieron sus bocas en anticipación. — No pueden matar a nadie, pero si ven a alguien que no puede levantarse… buen provecho.
Chasqueó sus falanges y ambos cánidos no dudaron en saltar al mar de llamas que anteriormente habían provocado, desatando más terror y pánico entre los sobrevivientes. En definitiva no se quedaría a ver eso, no le gustaba provocar sufrimiento a menos que fuese absolutamente necesario ni mucho menos ver las consecuencias de ello.
Cuando las palabras fallaban, el miedo era la mejor arma.
Fierce recorrió los techos de los edificios con saltos largos, deteniéndose de vez en cuando para voltear y asegurarse que el incendio no se extendiese a zonas donde vivían inocentes o edificios de servicios públicos. Había monstruos que los apoyaban en Hotland, así que debía asegurarse de no dañarlos.
En un momento dado Mimi se sintió algo mareada cuando el mayor se teletransportó a un sitio más lejano, casi entrando en pánico al darse cuenta que se encontraban a las afueras del castillo, justo después de pasar los muros exteriores. De no ser porque su compañero le tapó la boca seguramente su voz habría alertado a los guardias que dormían en las cercanías.
— He estado aquí decenas de veces. — Justificó el hiénido, permitiéndole hablar.
— ¿E-En serio…? ¿Y cómo es que no planeas un plan de ataque desde aquí dentro o algo así?
— Eso no serviría, no podemos pelear contra un monstruo jefe como Asgore… nuestro plan consiste en hacerle caer junto con su reinado. — Caminó de forma sigilosa y lenta, alerto a cualquier sonido. — Además, si tomas algo por la fuerza tendrás que vivir toda tu vida peleando para que no te lo arrebaten.
Aquella lógica sonaba extraña, más considerando que aquel mundo se vivía en algo que podría considerarse “comunismo” dado que era un reino y también con el dicho de “matar o morir”, pero por lo visto Fierce deseaba convertir la democracia en ley aunque conservando los viejos títulos honorarios.
— Lo verás en un instante.
Dio un salto hacia una de las torres principales, las cuales curiosamente poseían una vigilancia menor que la entrada y sus alrededores. Luego de impulsarse con una de las torres, aterrizó en un balcón y bajó a Mimi, haciéndole un gesto para que mantuviese el silencio y guiñándole una cuenca.
Fierce por su parte fue dentro la habitación, la cual tenía tintes algo lujosos aunque había una atmósfera pesada en ella, había rasguños en las paredes y algunas cosas rotas en el suelo. En medio de la cama yacía acurrucado un chico de unos 15 años, quien aun en oscuridad absoluta no era capaz de conciliar el sueño.
— He llegado… — Murmuró y el menor se giró para verlo, dándole una leve sonrisa. — Buenas noches, Chara.
El aludido se sentó en la cama, limpiando sus ojos no porque tuviese sueño… sino porque había estado llorando desde hace ya largo rato, lo cual hacía más notorias sus ojeras.
La piel de aquel humano era sumamente pálida al punto de confundirse con la blancura de las sábanas que le rodeaban, en cuanto a su cabello era castaño y corto. Sus ojos rojos no contrarrestaban su apariencia dócil puesto que su mirar era tranquilo pero melancólico.
Para complementar todo, poseía una esponjada cola de conejo blanca.
— Fierce… — Lo llamó por aquel apodo cariñoso que había inventado antes de abrazarlo, siendo correspondido al poco tiempo. — Te extrañé, ¿Qué estuviste haciendo…?
— Lo usual, tratando de matar al señor Asgore. — El menor rio un poco. — ¿Cómo están tus piernas?
— Ah, la medicina que me trajiste me alivió el dolor… todavía no puedo ponerme de pie por mucho tiempo y tengo que usar pantuflas… pero papá ya lleva dos meses sin golpearme. — Soltó un suspiro de alivio. — Sabía que todo iba a mejorar…
— No llames “papá” a ese cabrón, no lo merece. — Gruñó algo irritado.
— Lo siento… es sólo que cuando Asriel estaba vivo las cosas eran mucho mejor…
— Asriel te encerraba en tu cuarto por horas y se burlaba de ti.
— Pero nunca me golpeó. — Y ahí fue donde Fierce le dio una palmada sobre la cabeza, suspirando.
— Hay algo que se llama “amor propio”, Chara. Úsalo.
— Sí, entiendo… — Desvió la mirada con una leve sonrisa.
Para aquel humano el concepto de “amor propio” no estaba bien definido, él sólo quería que su familia fuese feliz como alguna vez lo fue, le daba igual el trato que obtuviese de ello.
— ¿Vienes a dormir aquí? — Preguntó el menor con curiosidad.
— Lo haría, pero estoy acompañado…
— Mimi, ¿Puedes venir hasta acá?
La felina dudó unos instantes pero se acercó a paso lento, parándose para observar mejor al humano que yacía en cama, quien a pesar de tener un aspecto lamentable no dudó en darle una cálida sonrisa como nunca antes había visto.
— Hola, me llamo Chara… — Extendió su mano hacia ella. — ¿Eres amiga de Sans, verdad? Es un placer conocerte.
Mimi no estaba acostumbrada a ser tratada con tanta cordialidad por los desconocidos puesto que a los Temmies se los consideraba objetos, pero correspondió su saludo de igual manera. Era raro que sus manos fuesen cálidas aun con el frío invernal que reinaba.
— Tu suéter a rayas se parece a uno de los míos, qué loco. — Añadió el humano con una leve risa, haciendo que ella sonriese.
— Tendré que cambiar de sastre entonces. — Bromeó Mimi haciendo que riese una vez más.
— ¿Por qué no jugamos un juego de cartas? Siempre quise jugar con tres personas.
— Claro humano, será divertido. — Fierce se encogió de hombros antes de ir a buscar el mazo de cartas que siempre usaban.
Terminaron haciendo varias partidas de un juego que Temmie ni siquiera sabía que existía, se llamaba “corazones” y consistía en que el jugador con menos puntos resultaba ganador cada cierta cantidad de turnos… lo cual no había entendido, motivo por lo que se emocionó cuando se dio cuenta que poseía muchos puntos.
Era un juego que tanto Fierce como Chara parecían conocer bien, por lo cual se preguntó durante cuánto tiempo lo habían jugado juntos.
— Bueno, han pasado unas dos horas creo… podemos dejarlo para otro día. — Dijo el esqueleto mientras se levantaba.
— ¿La próxima vez podría ser al póker? O bueno… realmente tengo muchos otros juegos de mesa guardados que podríamos probar… — Mimi volteó a Fierce, quien asintió.
— Pero otro día, el chico debe descansar.
— Sí, sí, ya te oí mandón. — Replicó la felina mientras recogía el mazo de cartas y se alejaba para guardarlas en su sitio, se quedó viendo la repisa por unos instantes, notando varias cajas de juegos de mesa y pequeños folletos que explicaban cómo jugarlos. No pudo evitar preguntarse si al humano le gustaban mucho o si había un impedimento físico que le impedía disfrutar de otras actividades.
La Temmie se propuso a volver para despedirse pero al voltear notó como Chara acariciaba la cabeza de Fierce con afecto, justo antes de que este se inclinase para besar sus labios haciendo que el chico se sorprendiese antes de corresponder pasando sus brazos tras su cuello en un abrazo. Incluso su boca se abrió debido a la impresión, aunque no tardó mucho en irse al balcón para darles un segundo de privacidad a ambos.
Unos momentos más tarde Fierce ya estaba junto a ella, tomándola en brazos para subirla a sus hombros.
— See ya’, Chara~ — El esqueleto le hizo una seña desde el balcón y Mimi se despidió con su mano y una sonrisa.
— Buena suerte, chicos. Vuelvan pronto.
En un chasquear de dedos ambos se encontraban fuera de los muros del castillo, camino al campamento alfa ubicado en Snowdin pasando a saltos por los tejados de los edificios de Hotland. El escándalo que habían ocasionado hace rato parecía haberse silenciado hace ya un largo rato, más todavía algunos escombros ardían.
— Así que… — Mimi rompió el silencio y Fierce rio roncamente en anticipación pues con su percepción futura sabía lo que iba a decir. — Ustedes son pareja…
— ¿Sabe que estás con tu hermano, cierto? — Recibió un ‘ajám’ como respuesta. — ¿Y tú hermano sabe que estás con el humano…?
— Sabes cómo es el jefe, me mataría si llega a enterarse que le estoy ocultado algo.
— Entonces ambos lo saben y les parece bien, no hay celos ni discusiones…
— Pues sí, más o menos así funcionamos los poliamorosos. — Le vio de reojo unos instantes, su pañuelo ocultaba su rostro pero sabía que él no dejaba de sonreír.
— ¿Cómo? — Fierce frenó abruptamente y Mimi tuvo que clavar sus garras en él para evitar resbalarse.
— ¿Por qué tantas preguntas? ¿Te interesa formar parte acaso? — Acarició su nariz con un falange a lo cual ella apartó su mano. — ¿O acaso son celos lo que presiento…?
— No es eso, es sólo que… ¿Tres no te parecen multitud? — El contrario rio, negando.
— A veces el amor es muy lindo como para guardarlo sólo para una persona, al menos así es como funciona para mí. — Arqueó una de sus cuencas mientras la veía. — Y, respondiendo tu pregunta, pueden ser cuatro si la oportunidad se da. — Mimi desvió la mirada con leve timidez, en lo cual Fierce continuaba con su camino.
No es que la poligamia fuese escasa en FellFurs, pero ella no se había esperado que aquello fuese algo practicado también por los de “alta clase social” tal como lo eran Fierce, Papyrus o Chara. Tampoco es como si Temmie prefiriese la monogamia por encima de todo pero se le hacía más ‘natural’ para los monstruos.
— ¿Y por qué me presentaste al humano…?
— ¿No es obvio? Para que sean amigos. — Soltó un suspiro, parecía afligido. — Estoy teniendo mucho trabajo con eso de los infiltrados, ser el jefe de sicarios es cada día más difícil… y me rompe el corazón no poder visitar a Chara como solía hacerlo. Sé que suena loco, pero quisiera que tú lo acompañases…
— ¿Quieres que me quede con el hijo del rey a solas? — Preguntó incrédula y él asintió.
— Eres la persona más responsable y discreta que conozco, sé que puedes hacerlo.
— Es… una petición difícil de aceptar…
— Lo sé, es sólo que no puedo trabajar tranquilo sabiendo que Chara vive solo en esa torre, me harías un gran favor.
La verdad convivir con un joven humano no era una tarea difícil ni del otro mundo… pero estar cerca del tirano de Asgore era realmente algo muy distinto, ella muy bien conocía monstruos que lloraban con tan sólo oír su nombre y se alegraba de no haberlo visto nunca en persona.
Por ese mismo motivo fue que Fierce había asesinado a Asriel en una de sus redadas más peligrosas, la familia real estaba llena de bestias… y no se podían permitir dejar herederos al trono con vida.
Pero Chara… ese chico parecía ser alguien muy dulce y amistoso, se sentía profundamente mal porque se encontrase atrapado en aquella habitación. Era puro e inocente… algo que se había perdido en aquel universo desde hace décadas.
Al cabo de unos días, Mimi terminó accediendo pese a que el riesgo le ponía algo nerviosa, de igual manera en el peor de los casos tan sólo debía aparentar que era un Temmie normal y se libraría de cualquier cosa… aunque sería muy difícil aparentar si llegase a toparse de frente con el Rey Asgore.
— ¿Y qué vamos a jugar hoy, Chara? — Preguntó la felina subiendo a la cama y viendo algunas cajas que el humano tenía ya puestas.
— Pues este nunca lo he jugado, se llama dominó. — Abrió una caja de madera y empezó a sacar piezas. — Creo que lo entiendo, te leeré las reglas.
— Bien… pero el que pierda deberá usar esa diadema de gatito. — Señaló una diadema sobre una mesita, junto a un montón de ropa. — Y créeme, yo no quiero ponérmela.
— ¿Acaso prefieres ponerte un calzón en la cabeza, niño? — El aludido negó con rapidez haciendo reír a la mayor y más baja.
— Será la diadema entonces.
Fueron varios días, que se volvieron semanas y terminaron siendo meses al final. Más o menos la mitad de las veces Fierce podía unirse a ellos y subía las apuestas para el perdedor de la ronda, lo cual terminaba siendo letal cuando Chara y Mimi se unían tan sólo para fastidiarle la partida y que perdiese.
Hubo una ocasión en especial cuando estaban a solas, por mera curiosidad Temmie decidió preguntarle por qué apenas se levantaba de la cama… y prefería no haberlo hecho. Resultó que aquel humano había recibido varias palizas por parte de Asgore y, pese a que las heridas habían sanado, aquello terminó dejando secuelas dado que nunca fue atendido médicamente por ello.
Eso explicaba porque casi nunca se levantaba de cama. Saberlo le produjo a la felina un sentimiento profundo de dolor.
La solución más obvia sería que se marchase de aquel castillo infernal y se ocultara mientras sucedía lo peor de la guerra, tan sólo había un gran problema… en su cuello poseía una pequeña cadena mágica que estaba unida a una de las esquinas de la habitación, dicho hechizo no sólo era poderoso, sino que era antiguo y databa desde hace mucho antes que los humanos entrasen al subsuelo.
Para Mimi esa medida era exagerada, aunque a Chara no parecía incomodarle físicamente dado que era prácticamente imperceptible, la cadena sólo podía observarse cuando la jalaban con cierta fuerza.
Fierce había prometido romper el hechizo apenas tuviese acceso a la zona prohibida de la biblioteca, cosa que el humano esperaba con ansias puesto que su mayor deseo era volver a vivir en la superficie.
— ¿Saben? — El humano rompió el silencio. Los tres se encontraban acostados en cama, Fierce descansaba su cabeza en las piernas del menor. Sólo querían relajarse aquella noche. — Yo en verdad nunca quise ser rey, pero el señor Asgore cree que seré un buen sustituto de él cuando muera…
— ¿Y eso por qué? — Preguntó la felina.
— Hace tiempo me contó que su padre también lo maltrató a él, dijo que gracias a eso se convirtió en el rey poderoso, rico y temido que ahora es, y que tan sólo desea lo mejor para mí… — Eso último lo murmuró, acariciando la cabeza de Fierce. — Tal vez no sea malo, creo que sólo está herido…
— Podrías tener razón. — Dijo el esqueleto, haciendo que Mimi lo mirase incrédulo. — Pero las acciones tienen mayor peso que las palabras, que esté herido no es una excusa.
— Ya sé… es que… me da tristeza… — Chara dijo aquello un poco entrecortado, era obvio que en verdad le dolía.
— Si no puedes hacer nada, no tienes motivo para sentirte mal. — Fierce abrió sus cuencas, viendo cómo sus ojos se encontraban algo cristalizados por contener lágrimas. — Príncipe atrapado en la torre, ¿Cuándo aprenderás? — Se levantó, sentándose frente al menor para tomar su rostro y lamer aquellas lágrimas antes que cayesen. El contrario hizo un puchero ante esto. — No se puede salvar a todos, no en este mundo.
— No por eso tenías que babearme… — Bromeó tratando de aligerar el ambiente.
— Eres mi pareja, voy a babearte cuando quiera y donde yo quiera. — Fierce le guiñó una cuenca, haciendo que se sonrojase.
Mimi había estado callada durante toda la situación para no arruinarles el momento pero no pudo evitar reírse ante esto último, por lo cual el chico se avergonzó más todavía. Los dos parecían muy unidos, casi el uno para el otro, no dudaba que cuando el rey fuese derrocado terminasen casándose o algo así.
Tal vez se sentía un poco celosa de ello…
Aquellos celos pronto tomaron sentido puesto que Mimi no tardó mucho en darse cuenta que ella también estaba enamorada de Fierce, algo que no quiso admitir en un primer instante dado que era su jefe y no sabía si una relación poliamorosa funcionaría. Claro que el mayor era increíblemente insistente, así que no paró de lanzarle indirectas y tentarla hasta que tuvo que admitirlo.
Esa confesión de amor fue un desastre: Un grito a las 2am, derribó dos carpas en una pelea, se quemó una bolsa de dormir, Fierce casi se rompe un brazo y Papyrus ordenó a ambos tener que hacer el doble de trabajo toda una semana como penitencia.
Pero el hiénido consiguió lo que quería, Mimi aceptó ser su tercera pareja.
Lástima que no todo fue tan tranquilo como esperaron.
Un día un humano nuevo cayó al subsuelo, masacrando decenas de monstruos que trataban de proteger sus riquezas o territorios. Ambos hermanos esqueletos vieron en ello una gran oportunidad así que ordenaron a sus soldados no acercarse a la niña ni mucho menos atacarla, de esa forma ella haría el trabajo pesado por todos.
Algunos lo llamarían “jugar sucio”, pero tal cosa no existía entre los Fell. Si quieres derrotar a alguien mucho más fuerte que tú tan sólo necesitas jugar sucio.
En medio del caos, Fierce entró al castillo a la fuerza junto con sus lobos. Ellos serían quienes se encargarían de acabar con los soldados del rey mientras la niña peleaba contra él, no estaban demasiado seguros de que ella fuese a ganar, pero no desperdiciarían la oportunidad. En el peor de los casos Fierce y Papyrus pelearían contra Asgore.
— Escojan un compañero y manténganse juntos, limpiaremos este castillo de las ratas cueste lo que cueste. — Fierce levantó su hacha, viendo de reojo a los suyos. — Quiero un trabajo bien hecho, nada de prisioneros. ¿Están conmigo? — Se ganó unos cuantos gritos y gruñidos en respuesta.
— ¿Qué pasará con el otro humano, el “hijo” de Asgore?
— No se preocupen por Chara. — Hizo una pausa, soltando un suspiro. — Él es mío.
Con un chasquido de dedos sus lobos fueron valientemente al combate llenos de ira, esperanza y entusiasmo que se había acumulado durante largos años esperando por fin la batalla final de aquella rebelión. ¿Morir valía la pena? Claro que sí, y de hecho, sería considerado como el máximo honor para un soldado.
Fierce por su parte tenía perfectamente claro cuál era su objetivo principal, especialmente dado que él mismo se había asignado.
Subir a la torre más alta no sería lo más difícil que le tocaría hacer aquel día.
Mimi corrió desesperada por los pasillos del castillo, había humo por todos lados y los pilares que sujetaban el techo de piedra estaban consumiéndose debido al fuego, debía tener cuidado que el techo no le cayese encima. Había salido del campamento apenas tuvo oportunidad de dejar a alguien apto a cargo, quería estar en plena acción en caso que Fierce la necesitase, pues era su compañera.
Con todo el humo no lograba rastrear su olor.
— Miren quien decidió aparecer. — Volteó para encontrarse con un soldado lagarto, quien vestía una armadura con el símbolo de los Dreemurr en medio. Estaba herido, pero eso no parecía disminuir su espíritu de lucha. — Pero si es la puta personal de Sans.
— Mejor Sans que Asgore, ¿No? — Replicó y el contrario siseó en respuesta.
— Veamos si dices lo mismo luego de que arranque la cara.
Aquello no intimidó a la más baja, quien se colocó en cuatro patas y siseó dispuesta a saltarle encima, más no fue necesario que atacase puesto que de un momento a otro el soldado cayó al suelo. Varias lanzas color azul estaban clavadas en su espalda, eso sólo podía significar una cosa…
— ¡Señorita Temmie! — La llamó Undyne, suspirando aliviada al verla a salvo. — Este lugar es demasiado peligroso incluso para usted, debe retirarse ahora. Tenemos todo bajo control.
— Justo por eso he venido, Sans podría necesitar mi ayuda. — La mayor le vio con confusión unos instantes. — ¿Dónde está? No lo encuentro…
— Ahora mismo debe estar en la torre más alta, nos dijo a todos que se encargaría del otro humano.
En un primer instante, la felina no entendió… pero luego todo encajó en su mente. Claro… Justo por eso mismo es que no quería que ella viniese al asalto en el castillo.
Tenía que detener a Fierce a toda costa.
Chara se envolvió más en la sábana, oyendo gritos y pasos desde los pasillos de afuera de su habitación. No lo entendía, no entendía nada, no sabía qué estaba sucediendo o quienes estaban afuera, no sabía si estaba a salvo o si de un momento a otro vendrían a por él. Sus ojos le ardían debido al humo y empezaba a ser difícil respirar pero tenía demasiado miedo como para salir de su cama.
¿Qué iba a hacer si el fuego se extendía a su habitación? Ni siquiera sus pesadillas se asemejaban a lo que estaba viviendo en aquellos instantes.
De un momento a otro la puerta de su habitación fue derribaba por lo cual se tapó con las sábanas durante unos instantes, como si aquello pudiese protegerlo de quien sea que hubiese entrado, aunque al asomarse un poco vio una silueta similar.
— ¿Fierce…? — El humo se aclaró un poco y consiguió divisar dos orbes morados brillando con intensidad en su dirección. — V-Viniste a salvarme… — Chara sonrió pero el aludido no tardó en negar.
— Vine a ponerle fin a tu sufrimiento… — Su voz sonó profunda. — Chara, espero puedas perdonarme.
— ¿De qué estás hablando? — Incluso en una situación así, no sintió miedo.
— Te mentí, sé perfectamente cuál es el hechizo que usaron para encadenarte aquí. — Se acercó unos pasos hacia la cama. — Y no hay manera de romperlo.
— Pero… tú dijiste… — Se arrastró en la cama, retrocediendo.
— No quería que perdieses la esperanza, quise otorgarte aunque fuese un par de años de felicidad. Sentí que debías experimentar más o menos lo que se siente tener una vida normal, conocer a otros, divertirte… pensar que algún día las cosas van a mejorar… creo que ese es un derecho que no debe negársele a nadie. — Continuó caminando, levantando el polvo que había en la habitación. — No sé si fue lo correcto y créeme, esto me perseguirá por lo que me queda de vida…
— Fierce. — El de ojos rojos miró hacia abajo unos instantes. — ¿Vas a… matarme?
— Sí, voy a matarte. — Respondió sin dudar.
Hubo un momento de silencio, un silencio pesado y abrumador que ambos sintieron pese a que afuera del cuarto todavía había alaridos y gritos. Aquel silencio era frío y oscuro, como sólo una sentencia de muerte podía serlo.
— No creo que quieras vivir encadenado aquí el resto de tu vida. — Chara negó con lentitud. Su hogar era la cálida y hermosa superficie, no un cuarto abandonado en la cima de una torre solitaria. — Lo supuse…
— Gracias por no decirme, Fierce… — No respondió. — Debió haber sido una carga difícil de soportar…
Nuevamente obtuvo silencio, pues el hiénido tenía mucho y a la vez nada que decirle.
— Me… ¿Me va a doler mucho…? — A modo de respuesta el mayor sacó una jeringa de su chaqueta y él lo entendió al instante.
Chara se levantó y a paso lento fue hacia donde estaba el esqueleto, brindándole un abrazo que no fue correspondido hasta unos segundos después, se abrazaron con mucha fuerza.
El más bajo tosió un poco a causa del humo, motivo por el cual Fierce no dudó en colocarle su pañuelo para que respirase un poco mejor.
— En el fondo sabía que no tenía oportunidad pero fue lindo pensar que sí, me gustó estar contigo y tu amiga…
Fierce deseaba decirle que mejor intentaban otra cosa, que podía tener una buena y larga vida dentro de la torre, pero sabía que el mayor deseo del humano era volver a la ansiada superficie. Además que los monstruos dejarían el subsuelo algún día, ser el único que no pudiese partir sería horrible.
Sería como condenar a un pájaro a vivir en una jaula.
— ¿Por qué estás llorando? — Chara se separó de él para ver su rostro, donde habían unas cuantas lágrimas. — Prometiste que ibas a liberarme y estás cumpliendo tu promesa, tontito…
— No se supone que esto acabase así…
Mientras más rápido, mejor sería.
Tomó la mano del menor, trazando sus falanges el dorso de su mano mientras que con la otra dirigía la jeringa a una de sus venas, su pulso temblaba un poco pero sabía que sería una muerte veloz e indolora.
— Está bien… — Intentó tranquilizarlo. — Tal vez en otra vida o mundo alterno estemos juntos, y sea una historia feliz para ambos, puede que en un principio no te reconozca cuando te vea… pero voy a darme cuenta tarde o temprano. — Levantó su mano libre para acariciar el pómulo del contrario. — Tu mirada es inconfundible, eso me guiará a ti…
— Cómo puedes estar tan tranquilo en un momento como este…
— La muerte no me asusta, ya no más. — Chara sonrió, viéndose sereno e imperturbable aun en pleno caos.
— Lo siento. — El menor negó. — Lo siento, busqué mucho pero era la única salida. — Una de sus lágrimas se desbordó, rodando por su pómulo y cayendo al piso.
— Está bien. — Hizo una ligera mueca de dolor cuando sintió el pinchazo de la aguja. — Lamento yo que tengas que pasar por esto…
— Un compañero nunca debe morir solo, quienes lo aman deben estar junto a él hasta el último minuto. — Respondió, consciente del dolor que había podido evitarse si hubiese mandado a otro en su lugar.
El de orbes rojos de pronto se sintió mareado y sin fuerzas, Fierce lo notó de inmediato así que lo sujetó antes de que cayese. Con lentitud se inclinó hasta sentarse en el suelo, dejando a Chara en su regazo, como si el mayor tratase de acunarlo como un niño.
— Quiero que usen mi alma para romper la barrera… promételo.
— Lo prometo. — No estaba seguro, pero no había momento para dudar de sus palabras.
— Gracias… — Se acurrucó junto a él. — Te quiero, Fierce…
Esta vez el silencio reinó el lugar sin piedad, el esqueleto intentó sentir el pulso del contrario pero ni siquiera su respiración era perceptible en aquellos instantes. Fierce soltó un suspiro cargado de dolor, tristeza e impotencia, sollozando unos segundos en los cuales son sintió más que arrepentimiento y angustia.
Era como sentir su alma siendo rasgada con mucho cuidado y profundidad. Se culpó a sí mismo, culpó a Asgore, a Asriel, a la difunta reina, a la otra humana por llegar tan pronto e incluso a Chara por poseer un alma tan libre.
Poco a poco, sintió como el calor tan característico de su pareja se desvanecía, dando paso al frío invernal que caracterizaba aquel mundo.
Unos pequeños pasos fueron audibles por los pasillos y en menos de un segundo Mimi ya se encontraba frente a la puerta, mientras corría había maldecido a Fierce de una y mil maneras posibles, quería gritarle, reclamar dado que Chara también era su amigo pero al ver la escena se quedó congelada.
Fierce abrazando al humano con fuerza, varias lágrimas cayendo de su rostro y un profundo silencio gobernaba la sala. Mimi dudó unos instantes pero se acercó a paso lento, quedando a unos centímetros de ambos.
— Chara… — Dijo en un murmullo.
— No sufrió. — Respondió el mayor, levantándose con él en brazos. — Incluso ahora, está sonriendo.
Con gentileza impropia suya, lo acostó en la cama y lo cubrió totalmente con las sábanas.
Le darían un entierro adecuado en las ruinas apenas terminasen con la batalla en el castillo, se aseguraría de que su tumba estuviese rodeada de flores doradas y blancas por igual.
Aquella misma tarde se dio a conocer que el rey Asgore había sido asesinado por la niña y que esta acababa de abandonar el subsuelo usando su alma, obviamente se celebró en grande durante toda la noche. Fierce tuvo que fingir que las heridas de su encuentro con los guardias fueron mayores a lo que esperaba y que necesitaba reposar durante unos días, la verdad sólo fue conocida por Mimi y Papyrus, quienes lo ayudaron a afrontar la situación.
Al siguiente atardecer ocurrió la coronación de Papyrus como nuevo rey y la de Fierce como príncipe, y aunque era obvio que este último era más bien la ‘reina’, no quería portar aquel título para no herir su orgullo.
Todos siguieron con sus vidas con normalidad, ahora con más calma y entusiasmo puesto que la ruptura de la barrera ahora era posible con las siete almas humanas, muchos alabaron a Fierce por asesinar al humano dado que nunca conocieron las circunstancias.
Para el esqueleto cada día se le dificultaba más lo anterior, como príncipe debía inspirar fuerza a todos los que gobernaba y también al reinado de su hermano mayor. No podían saber que lloraba casi todas las noches, que se sentía solo aún estado en compañía de quienes quería, que se odiaba y deseaba poder acabar con su vida para que el dolor se detuviese.
Fierce estaba escondido tras la máscara perfecta, la de un mercenario y príncipe que daba todo de sí por su gente.
Ponpon no iba a mentir, escuchar aquella historia había sido algo difícil en algunas partes y… en verdad nunca habría imaginado que Fierce ocultase tanto de sí mismo a los demás, al menos sentía que mientras estuvieron juntos le ayudó a disfrutar su vida nuevamente.
— Nunca pensé que algo así podría haber pasado… — El mayor jugó con sus manos algo inquieto. — Aunque eso explica una cosa…
— Cuando nos conocimos quise inventarle un apodo como lo había hecho con Furs, pero me pidió que lo llamase Fierce, dijo que así es como solía llamarlo un muy buen amigo suyo. — La felina sonrió.
— No me extraña, Fierce solía ser cruel o gentil dependiendo de quién tratase, fueron pocos monstruos quienes tuvieron la oportunidad de ver ambos lados… y a veces era confuso. — Mimi acarició su abdomen, pensando en sus futuras hijas. — ¿Pero sabes que es más confuso?
— Que tengas 26 y nunca hayas tenido pareja… — Ponpon desvió la mirada unos instantes, buscando las palabras adecuadas para decirle que ya su relación había cumplido un año hace poco. — ¡Imposible! — Se levantó y apoyó se apoyó en su pecho. — ¡Tienes que contármelo todo ahora mismo!!
El mayor rio, claramente avergonzado. Y la fiesta continuó sin más.
En un sitio lejano más allá de cualquier estrella donde el tiempo y espacio no existen, donde hay silencio y ruido a la vez, donde sólo vagan las almas indiscriminadamente de su origen o portador…
Un conejo blanco y una hiena juegan juntos.
¿Recuerdan que Fierce representaba mi depresión? Pues esto la ocasionó. Lo bueno es que ahora sus almas están juntas.
El apodo del Chara de este AU era Sadness, sólo que no llegó a tener a nadie que lo llamase así. Estoy seguro que habría sido un gran rey, si continuase vivo él y Ponpon habrían sido grandes amigos.
Originalmente Fierce iba a matar a Sadness rompiéndole la tráquea de un mordisco dado que el veneno sería inútil al haber estado en contacto con la saliva venenosa de Fierce por mucho tiempo… pero decidí ser piadoso y optar por la inyección letal, después de todo está compuesta de fármacos y no de veneno.
Y se me olvidaba: Cuando Sadness dijo que Fierce y él tal vez se amarían en otra vida o mundo, obviamente se refería a Winter y Furs (;