Los puntos de la morena tenían cierta razón, el norteamericano no era un idiota y mucho menos un niñato, pero muchas veces con los amigos las libertades aparecían más que en otras condiciones. Se podría decir que aquel grupo de personas, podían sacar hasta la parte más inmadura del castaño, y estaba bien. Después de todo era un chico, no un adulto, por más que tuvo que acostumbrarse a comportarse como tal. Le gustaba poder vivir como lo hacía el resto, experimentar cosas similares y mantener cierta armonía en casa; donde el lado protector salía a flote sin siquiera percatarse. Porque ella lo sacaba, lo necesita y él a ella, tanto como respirar—. A veces, la gente puede ser idiota sin razón aparente. —Aclaró con una ceja alzada y cierta mueca en sus labios, una indescifrable y hasta poco notoria. No se avergonzaba de lo que habían hecho, pero tampoco era algo que le gustaría andar publicando por ahí, mucho menos frente a la morena. Tuvo que apretar los labios para no romperse en carcajadas al notar su expresión y rápida aclaración, él tenía claro que seguramente no tenía idea de que estaba hablando, y es que era Val. No era una chica común y corriente, era ella. Esa chica especial que había descongelado un corazón que pensaba ni siquiera tener, que había destruido sus barreras y se había metido bajo su piel. Aun así, se sorprendió en cierto punto, no sabía si era por su buena actuación o porque algo en su interior pensaba que ella sabía de qué hablaban. Quitó sus brazos de su alrededor, dejando que tomara la bandeja y se perdiera, mas no le tomó la debida atención. Su mente estaba en el partido, y lo tuvo los siguientes minutos, esos que pudieron haberse transformado en eternos, pero que lo hicieron sonreír. Una derrota no era una opción viable, o siquiera existente, para Sebastian. Y no la había presenciado, por lo que su humor iba cuesta arriba. Cuando se fueron sus amigos, no pudo evitar tomar el último emparedado que habían dejado en la bandeja, dejando que cierta sonrisa burlona se formara en su rostro, mientras dejaba caer su espalda hacía atrás. —No sé si eres buena actriz o realmente sabías de qué estábamos hablando.
Ni siquiera sabía de qué estaban riendo, pero decidió fingir una sonrisa divertida antes de preguntarles que era un anillo vibrador. Se dirigió hacia la cocina para entonces quedarse allí unos minutos, decidiendo comenzar a ordenar el desastre que había creado ella misma al comenzar a hacer los emparedados para Sebastián y sus amigos. Se mantuvo tranquila limpiando aquel desastre hasta que la curiosidad le pudo y cogió el teléfono móvil, obviamente después de limpiar todas las cosas. Se dirigió hacia la sala, alzando ambas cejas al darse cuenta de que su mejor amigo se encontraba despidiéndose de los invitados. Volvió a bajar la mirada hacia su móvil y comenzó a teclear en la pantalla táctil, esperando encontrar algo que dejara satisfecha su curiosidad. Mientras iba leyendo, su frente iba arrugándose cada vez más hasta que oyó la voz masculina que tanto le gustaba oír. Dejó el móvil a un lado y pestañeó un par de veces mientras negaba con la cabeza. —No sabía lo que era… —comenzó, encogiéndose de hombros—, pero lo he buscado en Internet. —Dijo con inocencia, pestañeando un par de veces mientras apretaba los labios y luego dejaba que sus dientes se enterraran en el inferior. —¿Tú… uh, ya has utilizado eso antes? —Le preguntó, sintiendo como las mejillas comenzaban a acalorárseles. Se llevó las manos a las mejillas, las cuales se encontraban frías después de haber lavado los platos. Alzó la mirada una vez más para observarlo, sacudiendo la cabeza y reprendiéndose por haberle preguntado aquello. —Bueno… no has perdido, ¿verdad? Supongo que no vas a tener que llevarlo todo el día... allí —su mirada rápidamente se desvió hacia el pantalón del muchacho, pero apenas lo hizo volvió a mirar hacia otro lado.









