"Mh..." Exhala, tal vez, con algo de arrepentimiento. ¿Qué tan acostumbrado estaba a la relación tan difícil con su padre, que se había vuelto parte de su panorama? Sólo el suspiro adverso logra abrir un pequeño espacio de reflexión en su mente. No todo tenía que ser difícil, los días podían volverse más parecidos a la cena que compartieron en Nueva York todos juntos. Si él lo quisiera, podría hacer sonreír a su padre una vez más después de tanto tiempo. Pero como sabe que no es momento de arrepentimientos, Jasper se ocupa en la tarea de intentar borrar el suave puchero de su novia a punta de pequeños besos por todo su rostro. "Tienes que fingir que nunca los doy," susurra entre sonrisas, "cuando esto termine dormiremos todo el día."
Y aún si él no puede hacer tal cosa, sí la acompañará en todo su descanso.
Su primera reacción ante la pregunta es mentir por omisión, encogerse de hombros y hacerse el que tiene la mente vacía. ¿Para qué preocuparla con problemas que estaban antes de que ella llegara a su vida? No quiere mancharla con sus errores del ayer. Pero entonces recuerda sus lágrimas cayendo sobre su regazo aquella noche mientras hablaban en la playa, sólo allí sabe que no puede dejarla sola con la incertidumbre. "De todo un poco. A veces pienso en mi madre, otras en... papá. De vez en cuando pienso que debería volver a terapia." Admite en voz baja. "También pienso en cómo les estará yendo a mis amigues en el momento—con el paso del tiempo cada quien se ha metido más en sus asuntos y solo hablamos lo necesario." Lo suficiente como para no meterse en problemas nuevamente, ¿pero cómo decirle eso a Namra sin preocuparla? Lo hará, eventualmente. Cuando no hayan más capas de estrés encima suyo. "Puedo hacer el esfuerzo... me han dicho que me vaya a la cama mucho más temprano. ¿Crees que eso ayude?"
Se inclina una, dos, tres veces para dejar besos sobre el lunar en su nariz. Cuando ella cierra los ojos, una sonrisa enternecida adorna sus facciones mientras su mirada se suaviza al contemplarla. "¿Cuál es tu tipo? Creo que nunca hablamos de eso." Cualquier pedazo de ella que no conozca, es bien recibido, piensa él mientras su mirar divaga hasta su herida. Allí, se queda un poco pensativo. "¿Era dupla tuya? ¿Trabajaron juntos mucho tiempo?" Y ojalá no esté haciendo preguntar sobre algún otro secreto de estado, porque puede sentir la curiosidad picándole...
Hasta que se convierte en preocupación. Su ceño se frunce, porque ella luce tan tranquila que ¿le hace preocupar más? Ojalá pudiera dejar de ver la fotografía, pero no puede. El buen recuerdo del día de la imagen, pronto se tinta con un propósito que (supone él) es más sombrío. "Si no fue un papparazzi, ¿fueron tus padres?" Pregunta sólo por confirmar, porque está casi seguro de cuál será la respuesta. "¿Les dijiste la verdad? Digo, si no se lo han tomado bien—¿es algo que podría hablarse con ellos?" Irónico, piensa, ser él quien sugiera abrir la conversación. Como si fuese todo un experto y su relación con su padre fuese el ejemplo perfecto.
Sus dedos entonces continúan repartiendo caricias a su tersa piel, en un intento por consolar lo que no puede con palabras. "Si a ti te preocupa, a mí también." Murmura por fin, buscando sus luceros con una pequeña sonrisa. No está sola, es lo que quiere decirle.
Y entonces, vuelve a pensar en aquella noche en la isla. Y qué egoísta se siente por pedirle lo que él no pudo ser capaz de darle esa vez.