La teibolera adolescente y el barista☕️
Aún recuerdo el dulce sabor de la pequeña taibolera adolescente que me seducía por las noches en aquel café que algún día maneje por las noches en el centro de Tijuana. Su cabello negro con esa piel color caramelo, un cuerpo finamente delineado por las hazañas en el tubo, el fuego de la edad y la precocidad fronteriza me inspiraban por las noches casi interminables en aquel café. Las partidas de ajedrez en la terraza del local se tornaban intensas mientras yo intentaba derrocar a su Reyna y ella jugaba con mi Rey por debajo de la mesa haciendo casi imposible que pudiera pensar en el siguiente movimiento mientras lo sangre fluía al sur de mi ombligo dejando casi seco a mi cerebro. Recuerdo también cuando llegaba a mitad de la madrugada y me incitaba besarla, subirle la blusa y continuar con esa perfección de senos redondos y firmes detrás del mostrador y debajo de la cámara, esa sensación de adrenalina fluyendo por todo el cuerpo y la exitación que causaba el temor por ser descubiertos por algún cliente o aquellas noches en las que dejaba al barista en la barra mientras descansaba un poco en un colchón improvisado en la parte trasera del local y ella llegaba a montarme como si fuera su pequeño potro salvaje con esa intensidad que solo en la adolescencia fluye. De principio trate de no involucrarme pero al enterarme que era la novia de un barista que me hacía la vida imposible decidí dejarme guiar y todo fluyó con mayor intensidad, un placer extraño por saber que estaba gozando a la novia que el tanto presumía sin saber que ella me visitaba por las noches.












