Sweet Seals For You, Always

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@juliet-johnson
Asintió con una amplia sonrisa. — Nada más conque no se metan conmigo y no tendrán problemas — Dijo con diversión, aunque según el no era del todo broma. — Mmm… — Pensó un instante, en realidad no recordaba muy bien, era una persona olvidadiza, sin embargo asintió con su cabeza pues de igual manera los libros de criaturas eran siempre sus favoritos. — Sí, ¡Me alegra que ya los encontraras! ¿Me los vas a prestar?
—Créeme no lo harán. Sobretodo si saben que te tengo como mi protector —asintió segura con una sonrisa—. Claro, ya te los había ofrecido —comentó, si mal no recordaba así era—. Los tengo en mi casa, no está muy lejos, así que... ¿gustas ir conmigo o quieres quedarte aquí y seguir demostrando tus movimientos? —cuestionó volviendo a mostrar una sonrisa.
Laboratorio
— ¿Ah si? ¿En serio cumples cualquier promesa?— Levantó una de sus cejas de forma que pudiera verse intimidante esperando lo que pudiera responderle — Pues créelo, debes sentirte afortunada de ser mi buena obra — Ni siquiera era su intención hacer un buen acto del día, pero le servía para jugar un par de bromas con la ajena — Ya que estás aquí, podrías ayudarme ¿No? Esa puede ser tu buena obra del día —
Pensó un par de segundos su respuesta, no tenía que porque ser del todo honesta con el profesor, pero optó por serlo. —No, no cumplo cualquier promesa —comentó sincera, frunció los labios encogiéndose de hombros—. Pero en verdad, no planeo hacerle nada a tu laboratorio. Sigo sin poder creerlo, apenas llegue a mi casa lo escribiré en mi diario de vida —bromeó esbozando una sonrisa—. Yo hago más de una obra buena al día, pero me parece bien ¿qué necesitas?
Tomó el primer libro de la saga, titulado The sweetness at the Bottom of the Pie, y se lo entregó a Juliet con una sonrisa de oreja a oreja. -Espero que te guste mi recomendación… Sino eres libro de venir a devolverlo y tirármelo a la cabeza. Bromeó mientras se llevaba una mano a la nuca con una sonrisa. -¡Aún tengo resentida la cabeza de tantas bolas de nieve que me tiraste! Le guiñó un ojo divertida y se encogió de hombros. -No creo que ganaras, si mal no recuerdo.
—Espero no decepcionarme —tomó el libro entre sus manos, la portada parecía bastante interesante, esperaba que el libro fuera igual—. No debiste de decir eso —negó con la cabeza un par de veces frunciendo los labios— porque te tomaré la palabra y lo haré —bromeó, no sería capaz de lanzarle un libro por la cabeza—. Creo que aún sigues un poco perdida por el gran golpe que te di con la nieve, Beth. Claramente yo fui la ganadora.
Sonrió cuando la nombró su amiga. A Beth le costaba mucho entablar una amistad con alguien…, aunque era muy extrovertida le era complicado mantener una relación con el tiempo. Sin embargo desde que había llegado a Detroit las cosas habían cambiado y empezaba a estar rodeada de gente a la que apreciaba de veras. -¿Quieres una de mis recomendaciones…? Se quedó pensativa y pasó la mano por los lomos de unos libros. -¿Has leído alguno de Flavia DeLuce? ¡Son increíbles! Es un poco diferente a los libros habituales de policía… Ya que es una niña pequeña… Pero te engancha desde el primer momento. Le sonrió de oreja a oreja. -Además su autor es un gran fan de Sherlock Holmes, y se nota la influencia… ¡Y qué mejores novelas de suspense que las de Sherlock!
—¿Flavia DeLuce? No, jamás la había oído, pero me encantaría llevarme uno de sus libros —asintió segura con una sonrisa, una de las cosas que amaba de leer era descubrir nuevos autores y libros, de hecho por eso había decidido estudiar literatura, aunque no era tan fácil como se lo había imaginado, incluso había pensado en dejar su carrera. Pero continuó, a Juliet le gustaban los retos después de todo—. ¿Es una saga? Porque si es así, me gustaría llevarme el primer libro. ¡Adoro Sherlock Holmes! Aunque admito que no me he leído todos los libros —comentó con una mueca—. Admito que me agradas cada vez más Beth, aunque sigo insistiendo en que te gané en la guerra de nieve.
Sé que aun así me adoras. —Respondió Lucas con una sonrisa en sus labios ante la burla de su amiga. —No me burlo, tal vez solo decía la obviedad ¿Eso está muy mal? —Pregunto con inocencia fingida ya que en realidad si se estaba burlando, pero no buscaba enojarle. —Claro, no tengo problema en acompañarte, así seguro te doy más diversión. —Soltó una pequeña carcajada y le saco la lengua a su amiga en broma—Créeme, he mejorado bastante.
—¿Cómo estás tan seguro? ¿Ahora eres adivino? —entrecerró los ojos ligeramente—. Si, está muy mal, eso no es de caballeros, me has herido Lucas, jamás me lo esperé de ti —miró hacía otro lado llevándose la mano al pecho, fingiendo que el chico la había hecho sentir mal—. Por supuesto, justo lo que necesitaba a mi lado, un comediante —bromeó y lo empujó levemente con el hombro—. Si te soy sincera... no te creo —continuó molestandolo.
— Es que hay personas que lo llevamos en la sangre — Elevó sus hombros. — Algo que sale naturalmente, pero no, puedes estar tranquila, nadie se ha enfrentado a estos puños— Añadió mostrándole los puños.
—Por supuesto, y lo acabas de descubrir —esbozó una pequeña sonrisa en los labios—. Menos mal, porque pobre del que se cruce contigo. Por cierto, sé que no tiene mucho que ver con lo de las artes marciales, pero el otro día limpiaba mi habitación... por fin —rodó los ojos para ella misma— y encontré esos libros que una vez te ofrecí, los de las criaturas sobrenaturales, ¿los recuerdas?
Laboratorio
— Mas le vale señorita Johnson — Le dirigió una mirada de seriedad sin algún mal afán — Uno debe hacer su buen acto del día — Se refirió al cuestionamiento que hizo — Creo que estoy perfectamente bien, estaba mejor antes de que llegaras — Ladeó su cabeza cuando escuchó esas últimas palabras — No te hagas la tonta, lamento su rompimiento —
—Lo prometo. Y yo cumplo mis promesas —se encogió de hombros, y eso era cierto, no tenía intención alguna de alterar el orden de su laboratorio—. Oh, bueno, entonces debe de ser todo un honor ser tu obra de caridad del día —asintió con los ojos cerrados—. Me imagino y lamento haberte perturbado la existencia el día de hoy. Oh, claro —alzó ambas cejas aún confundida a lo qué venía el tema.
-Tendrás que tener mucho espacio para ello. Le sonrió, agradecida por su comentario. Cuando había sido pequeña y se había encontrado en las calles, había fantaseado muchas veces con su casa ideal… y esta siempre estaba repleta de libros. -¿Novelas policíacas? Están allí, la segunda estantería empezando por la derecha. ¿Alguna preferencia? Preguntó, curiosa, mientras la acompañaba al lugar.
—Eso será un gran problema —asintió con una mueca, por más que quisiera tener una biblioteca gigante, tal como la que aparecía en la Bella y la Bestia, sabía que era nada más que un sueño—. Pero por ahora me conformo saber que tengo una amiga... que tiene una —bromeó, a su vez se permitió llamarla amiga—. En realidad no. Sólo busco una que me mantenga despierta hasta tarde intentando descifrar quién es el culpable... ¿me recomiendas alguna?
—Quizá para la próxima me prepararé algo… quizá.—Habló, mas bien dando entender que algo así nunca sería posible para él. Aunque no descartaba desear compartir más de un baile con la beta— Acabo de llegar de Costa Rica.—Explicó, asintiendo con la cabeza para darle más énfasis.—Y ahora quiero ir a casa de Chris a darme una ducha, pero al mismo tiempo no, sé que va a volverse loco por no haberlo avisado.
—Tomaré ese quizá y te lo cobraré, así que más te vale prepararte. ¿Costa Rica? ¿Por qué pareciera que todos se van de vacaciones a lugares geniales menos yo? —cuestionó bromeando, aunque por una parte aquello era cierto—. Entonces estuvo bien que me cruzara en tu camino ¿no? Así tienes más tiempo en pensar en una explicación. Probablemente tú serás la causa de la muerte de Chris, lo matarás de la preocupación.
En esos somos dos entonces. —Respondió con una sonrisa en sus labios aunque luego alzo ambas cejas al escuchar lo que su amiga le contaba. —Así que has venido al bosque para buscar una bufanda ¿Tienes algo que hacer aparte de eso? —Bromeo solo para molestarla un poco y tomo la mochila con sus cosas allí. — ¿Quieres que te ayude a buscarla? —Pregunto y luego se encogió de hombros. —Un poco de entrenamiento, nada más.
—Eres el peor ¿lo sabías? —frunció el ceño fingiendo enojo con el joven—. No es de caballeros burlarse de los planes que tiene una dama, aunque sea algo tan aburrido como buscar una bufanda... aunque quizás tengas razón —soltó una risita negando con la cabeza—. Si tu quieres, a menos que vaya a aburrirte con mis cosas —asintió, esbozando una sonrisa—. ¿Entrenando? ¿Y qué tal? ¿Sigues siendo igual de malo?
- Suficientemente bueno, pero no me cierro a nuevos conocimientos - Respondió con una amplia sonrisa. - mmm… desde esta mañana - Dijo riendo divertido.
—¿Desde esta mañana? —cuestionó, alzando ambas cejas—. Pensé que llevabas más tiempo. Sólo espero que no le hayas dado a nadie por ahí una paliza, porque probablemente no se hubieran podido defender.
-¿En serio? ¿Me parezco a la palma de tu mano? Se echó a reír, echándole un vistazo a la mano de Juliet. -¡Uh! Puede que tenga un parecido razonable… Por eso debes de conocerme tan bien. Bromeó y suspiró, señalando a su alrededor. -Bien, pues elige el que más te guste. Hay una gran variedad de ellos.
—Huh... un poco —bromeó alzando la mano izquierda comparándola con la joven, especialmente con su cabeza—. Oh, por supuesto, son casi gemelas —asintió esbozando una sonrisa—. Eso veo —comentó dando una mirada rápida a su alrededor—. Algún día tendré una librería así en mi casa —agregó con admiración al lugar—. ¿Podrías indicarme dónde está la sección de novelas policiales, por favor?
—Puedo desaparecer en muchas ocasiones por el trabajo, pero ya sabéis que nunca voy a abandonaros.—Comentó sonriente, pues así era. Al fin ya al cabo, eran su familia y él estaba a su cargo. Nunca los dejaría de lado.
—Lo sé, es sólo que me gusta molestarte con eso —asintió segura con una sonrisa, sabía que él no sería capaz de dejarlos, mucho menos sin explicación alguna—. ¿Y qué tal? ¿Te divertiste por allá? No me digas que lo único que hiciste fue trabajar.