El olor a sudor, suciedad y marihuana era totalmente insoportable. Portales llenos de gente haciendo justamente lo que parecían hacer cuando acercaban su nariz a cualquier escalón mugriento para esnifar aquel polvo blanco. Espantoso, pensó Úrsula mientras recorría aquellas calles. Si no la había engañado aquel yonki al que le había pagado un poco de dinero hacía un par de días, aquel al que buscaba vivía por allí.
Siguió caminando mientras miraba a su alrededor y se sorprendía. Eran cosas que jamás había imaginado ver. Niños con las ropas sucias y rasgadas jugaban a la pelota en un pequeño descampado cuyo suelo estaba cubierto por colillas y jeringas usadas. Chicas con prácticamente nada de ropa se paseaban por las aceras contoneando sus traseros, listas para acercarse a cualquier coche o cualquier hombre con pinta de llevar algo de dinero encima que pasara cerca. Señores mayores acostados encima de unos cuantos cartones, tan pálidos, que Úrsula incluso se llegó a preguntar si podía ser que alguno de ellos no estuviera vivo.
En aquel barrio, la muerte parecía estar por todas partes.
Parecía ser un mundo totalmente diferente al suyo y le sorprendía que aquello estuviera dentro de su ciudad, no demasiado lejos de donde ella vivía. Solo le quedaban un par de calles para llegar a su destino, si es que realmente aquel era el lugar donde podía encontrarlo. Desde hacía un tiempo, sospechaba que él había acabado en un lugar como aquel, pero nunca imaginó que todo sería tan horrible. No entendía que hubiera abandonado todo lo que tenía para acabar allí.
***
Úrsula dio los últimos retoques a su maquillaje y cogió su bolso. Buscó por la casa a su novio, quien llevaba todo el día evitándola. Hacía un par de días ambos habían acordado ir aquella noche a cenar con la familia de Úrsula. A Youngjae siempre le hacía ilusión ir a visitarlos, lo trataban como a un hijo más.
- Vamos Youngjae, ¡vamos a llegar tarde!
- ¿Sabes qué? Que no me apetece ir. Además, había quedado, no se porqué tengo que cancelar mis planes por ir a cenar con tus padres.
No había quedado y ambos sabían que era mentira, es más, habían planeado aquello con antelación, pero ella no dijo nada, no estaba dispuesta a discutir. Nunca antes se habían enfadado por tales minucias y Úrsula no pensaba dejar que las cosas cambiaran. Simplemente salió por la puerta, oyendo como él salía detrás de ella y la adelantaba en el portal sin ni siquiera mirarla.
***
Una lágrima rodó por la mejilla de Úrsula. Youngjae nunca antes había tenido aquella actitud ni le había hablado de tal manera. Aquel fue el momento en el que todo empezó a desmoronarse. Ella inventó una excusa para que su familia no se preocupara mientras Youngjae se iba a beber como si no hubiera un mañana con su nuevo amigo. ¿De dónde había salido aquel chico? Nadie lo sabía, pero para su novio, se había convertido en alguien imprescindible en tan solo unas semanas.
Siguió avanzando hasta llegar a su destino. Para su salvación, o al menos eso pensó ella, vio a una chica que no parecía encajar allí. Sin embargo, estaba limpiando la puerta de una casa, lo que indicaba que, a saber a causa de que, aquel era su hogar. Se acercó a ella con algo de miedo.
- Perdona, estoy buscando a alguien. Se llama Youngjae, ¿te suena?
- ¿Acaso crees que aquí llamamos a la gente por su nombre? ¿Crees que alguien aquí tiene identidad?
-Él... vino hace unos meses, no vivía aquí antes.
- Si ha venido aquí es porque no quiere que nadie lo encuentre, todos venimos por eso.
Úrsula miró hacia el suelo y se alejó despacio. Se sintió desanimada por unos momentos. Pero ya no había vuelta atrás, había superado el miedo y estaba dispuesta a lo que hiciera falta por sacar a Youngjae de allí. Aunque no pudiera recuperarlo después, aunque hubiera cambiado. Lo único que quería era que no se destruyera a si mismo, porque era lo que llevaba haciendo todo ese tiempo.
Paró y respiró hondo. De nuevo ese olor nauseabundo le hizo sentir repulsión. La gente la miraba con curiosidad. Sintió que la iban a atracar o violar o matar o todo a la vez por un instante. Se había puesto unos simples vaqueros y una blusa blanca para ir allí, llevaba el pelo suelto y nada de maquillaje, ni gafas de sol, ni bolso. Y aún así, seguía sin encajar en aquel lugar. Ni siquiera llevaba móvil. Sabía que algo podía pasar, pero no temía a nada. La esperanza le daba fuerzas.
Dio un par de pasos y levantó la cabeza. Algo en lo más profundo de su interior se encendió, como una de esas luces con sensores que se encienden solas apenas das un paso dentro de la habitación. Una sonrisa inundó sus labios. Y sabía que lo había encontrado.
Lo vio salir de un callejón mientras se metía un par de billetes en el bolsillo de su rasgada chaqueta vaquera y se abrochaba los pantalones. Un hombre de unos treinta, bien vestido y con el pelo rapado casi al cero, salió detrás de él y se fue en la dirección opuesta. Nada de esto sorprendió a Úrsula.
***
Youngjae no había dicho nada cuando había salido del piso que ambos compartían tras dar un portazo, pero ella sabía donde estaba. Sabía donde vivía aquel tal Daehyun al que solo había visto un par de veces pero con el que, últimamente, su chico pasaba más tiempo que con ella. Así que fue allí, dispuesta a pedirle a Youngjae que volviera y que hablaran las cosas. Si él no quería mudarse podían hablarlo. Úrsula estaba dispuesta a renunciar al ascenso que iba a tener si se trasladaba, estaba dispuesta a quedarse allí por él. Estaba dispuesta a prácticamente todo solo por verlo feliz.
Cuando aquel chico abrió la puerta, fue la primera vez que Úrsula pudo oler la marihuana en su vida. Eso, mezclado con el olor de algunas otras drogas quizás no tan reconocibles, pero notables al olfato. También olía a sudor y a vodka. Youngjae odiaba el vodka, pero en las últimas noches había vuelto a casa con ese mismo olor impregnado en su ropa.
El chico estaba en ropa interior y casi sin necesidad de mirar directamente, Úrsula pudo notar como había un prominente bulto en sus calzoncillos. Lo miró a la cara y vio sorpresa y furia en sus ojos.
- ¿Está Youngjae?
Toda la respuesta que obtuvo fue una sonrisa que hizo que temblara de miedo. Se asustó, aunque aún no sabía a que debía temerle. En ese mismo momento lo supo, pues oyó la voz de aquel al que tanto quería.
- Daehyun, ¿quién coño es? Vuelve aquí de una puta vez.
Los ojos de Úrsula se abrieron como platos. Jamás en cinco años de relación, había oído a Youngjae hablar así. Ni tampoco había oído nunca en su voz ese extraño tono que tenía. ¿Quién era aquel que hablaba y cómo había conseguido robarle la voz a su novio? No pudo asimilarlo. Tras unos segundos, apareció ante sus ojos en el mismo estado que su amigo. Sus ojos estaban rojos, al igual que su cuello. Ella comprendió porqué no había querido que se acostaran en las últimas semanas. Habría visto todos los mordiscos y arañazos que marcaban su preciosa piel pálida, bajando desde su cuello hasta allí donde empezaba el filo de su ropa interior. Lo único que Úrsula pudo hacer fue bajar la mirada, girarse y marcharse. Aquella noche había estado deambulando por la ciudad hasta que amaneció, ignorando las llamadas que avasallaban su móvil. Había empezado a andar con ganas de no parar nunca.
Úrsula salió corriendo como si le fuera la vida en ello, y aunque lo único que quería hacer cuando llegó frente a él era abrazarlo, su mano se alzó casi sin ella quererlo y dejó una bofetada en el precioso rostro de Youngjae. Él la miró a los ojos como si nada hubiera pasado. No había expresión alguna en ellos, no le decían nada. Úrsula solo quería llorar. Pero en vez de eso, su mano volvió a estrellarse contra la cara de aquel que había frente a ella. Aquel al que ya no reconocía.
No habría dejado de pegarle si no hubiera sido porque unos cuantos golpes después, aburrido, Youngjae cogió su muñeca y la paró. La miró y solo vio dolor, pero no sintió ni un resquicio de culpabilidad. No sintió nada, hacía tiempo que no lo sentía. Su cuerpo empezó a arder. Gotas de sudor inundaron su frente y la soltó para empezar a andar dejándola atrás. Úrsula salió tras él, para nada dispuesta a dejarlo marchar.
- Úrsula, no me jodas, deja de seguirme y sal de aquí antes de que te pase algo.
No es que estuviera preocupado, pero no quería que en los breves momentos en los que no estuviera colocado por cualquier droga que se permitiera comprar ese día, más sentimientos de culpabilidad inundaran su mente. Ya tenía suficientes y casi todos tenían que ver con ella. No quería volver a verla. Pero todo lo que ella quería era precisamente eso, y no estaba dispuesta a darse por vencida.
Úrsula lo siguió de todos modos y Youngjae se dio cuenta de que lo hacía, pero aún así no dijo nada. No sabía qué hacía ella allí pero tampoco quería saberlo. Solo quería meterse algo, estaba empezando a agobiarse. Entró en un edificio gris oscuro de cuatro plantas cuyo portal estaba inundado por la suciedad y las colillas, como todos los que Úrsula había podido ver hasta ese momento. Cuando él abrió la puerta, la dejó abierta y ella dudó. No sabía si entrar. Era el momento de la verdad pero no estaba segura de si quería saberla. Tampoco estaba segura de si quería ver donde había acabado Youngjae.
Pero a pesar de todo sacó coraje sin saber muy bien de donde, y dio un paso entrando en el piso. No olía diferente al resto del barrio, posiblemente olía un poco menos a marihuana. Supo porqué en cuanto hubo dado unos cinco pasos más. Youngjae estaba directamente firmando su sentencia de muerte. Una mesa llena de papelinas y restos de polvo blanco fue todo lo que pudo ver. Y después lo vio a él, sentado en aquel sofá roído y que parecía haber sido color beige en alguna otra vida. Ahora, era de un color café oscuro.
Apartó la mirada cuando vio a Youngjae sostener una jeringuilla en su mano derecha y dirigirla hacia su brazo contrario. Quería pararlo, pero no tenía fuerzas para hablar. Si lo hubiera hecho, junto con sus palabras, las lágrimas habrían salido de sus ojos. Y quería parecer fuerte, aunque él supiera que no lo era, que jamás lo había sido, que nunca lo sería.
- No se lo que pretendías al venir aquí, pero seguro que ya lo tienes, así que vete.
- Quería verte.
- Ya lo has hecho.
- Quiero que salgas de aquí, que vuelvas a casa.
- Vete. No te lo pienso volver a repetir.
- No lo voy a hacer.
- ¿De dónde has sacado el valor para venir aquí? No te reconozco.
- Yo si que no te reconozco.
Youngjae sonrió con ironía y Úrsula esperó poder ver así algo del viejo Youngjae. Pero no pudo hacerlo. Ya no era el mismo y su sonrisa no brillaba como antes. Nada era como antes.
- Youngjae, vuelve.
- ¿Piensas hacer como si nada hubiera pasado? ¡¿Eso es lo que harías si volviera?!
- No lo se, no puedo pensar en eso. Solo se que no quiero verte así.
- Pues vete y no tendrás que verme más.
- Esto no es culpa tuya, deja que-
- ¡Es todo culpa mía! ¡Todo! ¡Deja de pensar que soy un santo y que alguien me ha llevado por el mal camino! ¡Yo soy el culpable! ¡¿Por qué cojones no te das cuenta?!
Aquel cambio en su personalidad, aquel hombre siniestro en el que se había convertido, asustó a Úrsula. La asustó tanto que dio un paso hacia atrás y bajó la mirada. Empezó a negar con la cabeza. No, aquello no era culpa de él. Era culpa de Daehyun. Él había sido el que lo había arruinado todo.
Youngjae se levantó y se acercó a ella. Empezó a sentir. Los chutes cada vez le duraban menos, su cuerpo se estaba acostumbrando demasiado a la droga y él cada día necesitaba más.
- Vuelve a tu bonita vida y déjame en paz.
- No quiero hacerlo. Mi vida es un infierno desde que no estás.
- ¿Prefieres quedarte aquí? Puedes quedarte sentada ahí esperando a que vuelva cada par de horas de dejar que algún tío me folle para poder comprarme cualquier droga que pueda y metérmela delante de ti. ¿Quieres eso?
Úrsula tapó sus oídos con sus manos con tanta fuerza que le empezó a doler la cabeza. Quería salir de allí, pero no estaba dispuesta a irse sola. Tenía que llevárselo con ella.
- Cállate. Las cosas pueden cambiar. Van a cambiar. Confía en mi, Youngjae.
- Siempre lo he hecho. Y tú siempre hiciste lo mismo conmigo. Ese fue tu error.
- Parece que estés culpándome.
- Es exactamente lo que estoy haciendo.
Ella levantó la mirada. Estaba tan cerca de él... Lo añoraba con toda su alma. Cada noche había llorado extrañando el calor de su cuerpo junto al suyo. Cada día había sentido que se moría de solo pensar que jamás lo iba a encontrar, que jamás iba a tenerlo frente a ella. Pero ahora lo tenía y no quería dejarlo marchar.
- Tú... siempre habías sido capaz de ver venir el peligro, de predecir cuando algo malo iba a pasar. Pero no lo viste venir. No me avisaste. Me abandonaste.
- ¿Querías que siguiera contigo aun sabiendo que te acostabas con otro chico? ¿Eso querías?
- No, supongo que eres tan estúpida como para no darte cuenta de nada ni aunque lo tengas delante de tus narices.
Youngjae respiró hondo aunque le costaba hacerlo. A veces se preguntaba cómo es que seguía respirando, como es que su cuerpo aguantaba tanto. No es que tuviera ganas de morirse, pero cada día le apetecía menos vivir. Nunca había pensado en darle explicaciones a Úrsula, a la única persona que alguna vez lo había hecho sentir vivo. Solo quería que lo dejara en paz, que lo olvidara. Pero no tenía ni idea de que ella no estaba dispuesta a hacerlo.
Volvió a mirarla después de casi un año, a mirarla de verdad. Sus ojos no eran simplemente eso, eran como un abismo del que se sentía caer cada vez que se perdía en ellos. Si seguía mirándola, sabía que acabaría cayendo. Acabaría estrellándose contra el suelo. Y aquello era lo último que quería, porque en ese momento solo podía pensar en alejarla de allí, alejarla de él.
Se dio la vuelta y volvió a sentarse en el sofá. Empezó a juntar con una desgastada tarjeta los restos de a saber cuantas dosis que había en el cristal de la pequeña mesa. Empezó a hablar sin ni siquiera mirarla. Solo deseaba que cuando terminara de decir aquello que debía haber dicho hacía mucho tiempo, levantara la mirada y ella ya no estuviera allí. Podía y quería destruirse a si mismo, pero prefería que ella no fuera una testigo más.
- Daehyun me usó. Encontró la forma de que le diera lo que quería. Me enganchó a esa mierda. Yo no sabía cómo conseguirla y cada día sentía más ansiedad por sentirla en mis pulmones. Empezó por pedirme un beso a cambio. Me pareció raro, ¿pero crees que me importaba? Después vinieron drogas más duras y el precio de cada una era mayor que el anterior. Quería el éxtasis que aquello me daba. Pero más que nada quería que vinieras y me salvaras. Y tú... no lo hiciste.
- ¡Deja de hacerme sentir culpable!
Úrsula se acercó a él y sus puños se estrellaron contra su espalda más de una decena de veces. Él se quedó quieto. Sintió algo, algo que había sentido también cuando lo había abofeteado unos minutos antes. Era una sensación que ya ni la más fuerte de las drogas podía darle. Era ella. Siempre había sido ella.
Youngjae levantó la mirada y fue la primera vez que Úrsula sintió terror de verdad desde que había entrado en aquel barrio. Sintió como si se fuera a abalanzar sobre ella y fuera a asfixiarla con sus propias manos. Dio un par de pasos hacia atrás mientras él se levantaba y se iba acercando a ella.
- ¿Cómo te sientes? ¿Culpable?
- No.
- ¿Que te ha pasado, Úrsula? Aquella a la que yo conocía ya estaría llorando y pidiendo perdón, creyendo cada palabra que digo, sintiéndose miserable.
- No voy a dejar que me culpes por algo en lo que te metiste tú solo.
- ¿Y si repartimos la culpa? Solo intento irme a la tumba con menos remordimientos de los que ya tengo.
- No te vas a morir, Youngjae. Vas a venir conmigo y aunque cuando salgamos de aquí me de cuenta de que te odio y de que nunca más quiero verte, no voy a dejar que hagas esto, que te destruyas.
Youngjae siguió mirándola y empezó a negar lentamente con la cabeza. Una sonrisa empezó a inundar sus labios. El temor que sintió Úrsula de nuevo fue tan intenso que se acabó derrumbando.
Empezó a llorar y las piernas le fallaron. Cayó al suelo de rodillas, lo que hizo que un par de cristales se hincaran en sus rodillas, atravesando la tela de sus vaqueros.
Estaba perdida, tan condenada como él. Úrsula no quería vivir sin él y él no quería vivir en aquel momento otra vida que no fuera aquella que tenía. Si es que a aquello se le podía llamar vida.
Youngjae rápidamente pudo oler la sangre que brotaba de sus piernas, incluso antes de verla. Se quedó paralizado, mirando como ella lloraba y apoyaba sus manos en el suelo para levantarse. Más cristales cortaron su piel y fue entonces cuando Youngjae de verdad se dio cuenta de que ella estaba en peligro. Tenía que sacarla de allí cuanto antes.
La cogió del brazo y la levantó de golpe haciendo que ella gritara. Cuando la miró vio en sus ojos furia. Vio odio. Merecía que lo odiara, eso pensaba él.
- Eres estúpida, ¡mira lo que has hecho!
- ¡Me da igual! No pienso irme de aquí sin ti ni aunque me esté desangrando.
Youngjae se giró y se fue. Úrsula oyó como la puerta de la entrada se cerraba de un portazo y sabía que debía ir tras él, pero no podía. Las lágrimas seguían cayendo por su rostro. Miró a su alrededor, esperaba que algo hubiera cambiado. Pero por desgracia, no fue así. Las paredes grisáceas y desconchadas le hacían sentir claustrofobia.
Fue hacia la ventana y la abrió. No vio nada diferente a lo que había visto un rato antes. Un fuerte olor a humo hizo que sus fosas nasales se taponaran y empezó a toser. Se asomó y vio como un grupo de cinco señores con las barbas y los cabellos llenos de canas habían hecho una pequeña fogata justo al lado de la entrada del edificio. Decidió cerrar. Pensó que, quizás así, podría convencerse a sí misma de que no estaba en aquel lugar.
Ahora tenía que decidir. No había ido hasta allí para nada, aunque nunca había tenido la esperanza de que Youngjae aceptara sin más y volviera. Su plan no se sostenía por ningún lado, de ahí que hubiera fracasado tan miserablemente. Tenía que pensar en algo. Su vida sin Youngjae era un tormento. Ahora estaba en el mismo infierno y casi sentía como las llamas le quemaban... pero estaba con él. No quería dejarlo solo. De todas formas, su vida ya no tenía sentido. En algún momento él tendría que ceder, o no. Pero no le apetecía volver a casa, a dormir en aquella fría cama mientras lo recordaba, mientras se preguntaba como estaría, qué estaría haciendo, si se estaría acordando de ella… si seguiría vivo.
Apartó unas cuantas jeringuillas del sofá y las metió en una bolsa que había en una esquina de la habitación. Hizo lo mismo con tanta suciedad como encontró. Limpió la sangre que había salido de sus piernas con una vieja chaqueta negra que encontró en un rincón y la volvió a dejar en el suelo. Ignoró sus heridas aunque le quemaba la piel. Después, con recelo, se sentó en el sofá y sin querer, su cabeza cayó hacia atrás y se durmió. No era momento para eso, pero la situación le superaba. Y llevaba meses sin dormir. Su corazón respiraba al fin tranquilo. Había conseguido encontrarlo.
Youngjae llevaba vagando por las calles un rato, aunque no sabía exactamente cuanto tiempo. Podrían haber sido solo segundos, quizás horas. El tiempo era diferente para él. Sacó los billetes arrugados que había en su bolsillo y entró en una pequeña casa roja que había a su izquierda. Tuvo para comprar medio gramo pero le pareció poco. Tenía el presentimiento de que Úrsula iba a estar aún en su piso cuando volviera y no pensaba que pudiera echarla porque en el fondo la necesitaba y quería tenerla cerca. Por eso le hacía falta la droga más que nunca, porque su cuerpo se la pedía y porque no quería sentir de nuevo. La ausencia de ella en su organismo le hacía sentir cosas, le hacía sentir culpable. Y no, eso era lo último que quería.
Los sentidos de Úrsula estaban alerta. Aunque Youngjae metió la llave en la cerradura despacio, ella pudo oírlo. Abrió sus enormes ojos y se sentó recta, frotándose los párpados con los dedos. Pasaron unos segundos hasta que lo vio entrar. Ahí estaba de nuevo, el miedo, en ambos. Miedo a lo que podía pasar.
Youngjae rápidamente se sentó a su lado y saco la bolsita de plástico de su bolsillo, dispuesto a meterse aquello que su cuerpo estaba empezando a necesitar. Pero ella no pensaba dejar que lo hiciera. Su mano temblorosa agarró la muñeca de Youngjae y un escalofrío recorrió el cuerpo de éste. Gritó como nunca había gritado. Sentir de nuevo le aterrorizaba.
- Youngjae, no lo hagas. No necesitas eso.
- Lo que no necesito es que estés aquí. Ya deberías haberte ido.
Úrsula hizo lo último que su sentido común le decía que hiciera. No es que los reflejos de Youngjae fueran muy buenos en ese estado, así que pudo con facilidad arrebatarle la bolsa que contenía aquella sustancia y esconderla tras su espalda.
Entonces volvió a asustarse. Esta vez sí que pensó que Youngjae iba a ser capaz de matarla. Pero en lugar de hacerle nada, empezó a reírse. Se reía como un loco y eso la asustaba aún más. No sabía como reaccionar.
- ¿De verdad crees que todo puede volver a ser como antes? ¿En serio? ¿No te das cuenta de que ya no queda nada en mí de esa persona a la que conocías?
- Queda algo, Youngjae, puedo sentirlo y estoy segura de que tú también.
- No me hables de sentimientos, yo ya no sé lo que es eso. Dame eso antes de que me ponga de los nervios.
Youngjae se levantó y empezó a andar por la habitación mientras se pasaba las manos por el pelo y tiraba de éste con fuerza. Resoplaba de cuando en cuando. Ella solo miraba al suelo, esperando a que pasara algo. Porque sabía que algo iba a pasar.
- No me lo piensas dar, ¿no?
Úrsula negó lentamente y lo miró. Sus ojos se encontraron. Youngjae fue hacia la ventana y la abrió. El humo volvió a inundar la habitación pero a él no le importó. Se quedó apoyado allí, mirando a los pisos de enfrente. Se le oía respirar. Úrsula sabía que se estaba controlando.
Ella se levantó y un quejido salió de su boca cuando sus rodillas se doblaron. Dudaba que Youngjae tuviera un botiquín o cualquier cosa por el estilo por allí, pero aun así fue abriendo puertas en busca de algo que le fuera de utilidad o que al menos, le sirviera para limpiar sus heridas. Primero miró por toda la cocina pero no encontró nada que le fuera de ayuda. Es más, apenas encontró nada, no tenía casi ni comida. Solo decenas de cervezas apiladas en la parte baja de la nevera. Abrió una puerta más y dio con el baño. Echó un vistazo al interior de un pequeño mueble que había colgado en la pared cuya puerta estaba cubierta por un espejo hecho añicos. Tampoco había nada allí. Se giró y vio que él no la había seguido, así que entonces sacó aquella bolsita de su bolsillo trasero y abrió la tapa del inodoro. Tenía que hacerlo, pero en cuanto empezó a vaciarla en el agua, oyó un grito a sus espaldas y una mano tiró de su brazo y la hizo caer al suelo.
Cerró los ojos. El golpe que se había dado en la cabeza contra la pared había sido demasiado fuerte. Los abrió y vio a Youngjae acercando su nariz al borde del inodoro, aspirando el poco polvo que había caído allí.
- ¡¿Por qué has hecho eso?!
Se sentía mareada, no podía contestar. Sus ojos se volvieron a cerrar y sintió como un par de brazos la agarraban por los hombros y la zarandeaban, haciendo que su cabeza volviera a chocar contra la pared. Oyó como el cuerpo de Youngjae caía al suelo. Al abrir los ojos, lo vio con la espalda apoyada en la pared frente a ella, con la cabeza alzada, mirando al techo. Parecía que le faltaba la respiración, por eso Úrsula ignoró el terrible dolor de cabeza que tenía en ese momento y se arrastró hasta llegar a su lado. Youngjae cerró los ojos. Su respiración era cada vez más rápida. Cuando volvió a abrirlos y la vio allí, tan cerca, sintió ganas de golpearla, de herirla, de hacerle daño para que así supiera como se sentía él en ese momento.
Se abalanzó contra ella y la tumbó en el suelo. Úrsula no tenía fuerzas para quitárselo de encima. Hincó sus dedos en los muslos de ella mientras agarraba entre sus dientes la piel de su hombro y mordía con fuerza. Hizo que sangrara y era exactamente lo que quería. Úrsula emitía suaves quejidos mientras Youngjae seguía marcando su piel con los dientes. Unos segundos después, su camiseta estaba arrugada y su vientre era ahora el objetivo de los ansiosos incisivos del chico. Ella empezó a llorar y Youngjae se detuvo, retirándose para mirarla. No pudo evitar echar la vista atrás.
- Siempre te protegeré, Úrsula.
¿Pero cómo podía protegerla de él mismo? Aquellas heridas las acababa de causar él. Aquellas lágrimas que salían de sus ojos y caían al frío suelo del baño también eran culpa suya.
Youngjae miró al retrete de nuevo y barrió con su dedo la poca sustancia que quedaba en el filo de este. Era casi inexistente, pero era todo lo que tenía en aquel momento y lo necesitaba más que nunca. Pasó la yema de su dedo por sus encías y notó como se le dormían al instante. Volvió a mirarla. Úrsula tenía los ojos cerrados y seguía llorando mientras intentaba apartar las manos de Youngjae de su camiseta. Estaba agarrándola con demasiada fuerza y ni siquiera se había dado cuenta. Pero no la soltó.
Con las pocas fuerzas que tenía rompió aquella prenda y dejó al descubierto su sostén. Úrsula abrió los ojos y miró horrorizada a Youngjae. Las manos de éste fueron inmediatamente a sus pechos, los agarró con tanta fuerza que sabía que también acabaría dejándole marcas allí. Úrsula no entendía nada, solo sentía dolor. Y no culpaba a aquel que ahora estaba sobre ella intentando abrir el cierre de sus pantalones. No podía hacerlo. Ni tampoco podía decir en voz alta lo que estaba pasando por su mente en aquel momento. Debía decirle que parara pero no quería hacerlo. Youngjae le estaba haciendo daño pero, en cierta manera, aquello era mejor que nada. A ella le valía por estúpido que pareciera. Solo quería sentirlo.
Youngjae seguía forcejeando con el cierre del pantalón ajeno. No conseguía abrirlo y su fuerza no era suficiente para romperlo por mucho que lo intentara, así que los bajó oprimiendo la piel de Úrsula a su paso, dejando sus caderas completamente rojas. Ella no se movía. Lo miraba, lloraba. Esperaba.
Cerró los ojos. Escuchó un gruñido y sintió como algo entraba en contacto con su sexo, ahora desnudo y completamente expuesto. Escuchó un jadeo más. Pero nada pasó. Abrió los ojos y vio a Youngjae sobre ella, con una mano apoyada en el suelo y la otra entre sus piernas.
Algo no iba bien. Algo no funcionaba.
La mano del chico hizo que la cabeza de Úrsula, que se había incorporado un poco hacía solo unos segundos, volviera a estrellarse contra el suelo. Un golpe más no cambió nada en ella. Pero volvió a quedarse inmóvil entendiendo lo que pasaba, deseando que aquello no significara que ahora él buscaría alguna otra forma de abusar de ella.
Para su desgracia la encontró y sus dedos buscaron su entrada y la penetraron, tres de una vez. Úrsula gritó. Su interior estaba prácticamente seco y cada vez que aquellos dedos se movían, sentía un escozor como no lo había sentido jamás en su vida. Quería a Youngjae pero en aquel momento no era capaz de sentir algo que no fuera repulsión hacia lo que le estaba haciendo.
Dejó de sentir movimiento dentro de ella aunque aún sentía sus dedos allí y el calor que emanaba de ellos. Abrió los ojos y lo único que pudo ver fueron las lágrimas que estaban a punto de salir de los ojos de aquel que tenía encima. Pero su expresión seguía dando miedo. Notó sus dedos moverse e intentar llegar más profundamente al interior de su sexo. Pero no era posible y aquello le provocó más dolor.
- Para, Youngjae... D-duele.
Inmediatamente hizo lo que la chica le dijo. Se levantó y golpeó la pared con el puño una decena de veces, ninguna de ellas con la suficiente fuerza como para romperse algo. El cuerpo de Youngjae nunca había tenido demasiada fuerza, pero ahora su debilidad era la de un niño de seis años.
Úrsula se levantó mientras sollozaba, dejando sus pantalones y su camiseta rota en el suelo. Abrazó a Youngjae por la espalda con miedo, rodeando con delicadeza su cintura. Apoyó su cabeza en su espalda cuando no obtuvo respuesta alguna por parte de él.
Pasaron los minutos. Úrsula podía escuchar los fuertes latidos del corazón de Youngjae. Él solo miraba al frente, miraba el reflejo distorsionado de su cuerpo en aquel espejo roto. Los finos brazos de ella lo rodeaban y lo hacían seguir en pie. Estaba cansado, mareado, con náuseas. Pero seguía allí clavado, como pegado a ella, sin poder moverse. Se giró despacio. Ella dio un paso hacia atrás y alargó las manos para recolocar la ropa de Youngjae. Subió su ropa interior y abrochó sus pantalones. Ninguno de los dos se sentía incómodo, los cuerpos de ambos eran tan familiares para el otro como lo eran sus rostros, puede que incluso más. Pero fue entonces cuando él volvió a enfurecerse y retiró sus manos de un manotazo, saliendo del baño y dejándola allí.
Úrsula rodeó su cuerpo semidesnudo con sus brazos. Miró alrededor. Los azulejos blancos de las paredes parecían reírse de ella al reflejar su silueta. Era algo que no quería ver. Bajó la mirada al suelo. Vio sangre, su sangre. ¿Qué se había dejado hacer? ¿Cómo habían llegado a aquello? Era culpa suya, era lo único que sabía.
Se sentó en el suelo, en el centro de aquella fría habitación. Miró sus hombros, sus brazos, su vientre. Aquellas marcas significaban que estaba con él, que no era solo un sueño más. Sonrió débilmente y miró al frente mientras abrazaba sus piernas.
Su mirada parecía perdida cuando Youngjae se asomó y la miró. Hacía más de una hora que se había ido al salón y había conseguido juntar algo más de lo que quedaba en la mesa para obtener una dosis de más o menos un tamaño decente. Y en todo ese tiempo, Úrsula no se había movido.
Se agachó despacio, quedando frente a ella. Su mirada seguía perdida, sus ojos parecían vacíos, carentes de vida. Era como si su cuerpo se hubiera vaciado de su alma y Úrsula ya no estuviera allí. Youngjae alargó sus dedos temblorosos y le rozó la rodilla. Entonces los ojos de la chica se movieron y se posaron en los suyos, aunque seguía sin haber vida en ellos.
Úrsula tenía la mente en blanco, no se sentía con fuerzas para hacer o decir nada. Miró a Youngjae, o mejor dicho, lo vio, simplemente. Estaba frente a ella, mirándola con preocupación, puede que hasta con culpabilidad.
No pasó mucho más en los siguientes minutos. Se oían ruidos al otro lado de la pared que provenían del piso contiguo, como si alguien estuviera moviendo muebles de un lado para otro. De pronto pararon. El silencio era absoluto. Úrsula cerró los ojos y volvió a apoyar su cabeza en sus brazos. Entonces Youngjae se levantó y se inclinó para, poniendo uno de sus brazos en su espalda y el otro en sus piernas, levantarla y llevarla en brazos hasta su dormitorio.
Pasaron dos días en los que Úrsula no se movió de aquella cama. Aquel día despertó y sintió que había alguien acostado a sus espaldas, en la otra mitad del colchón. Suspiró en silencio y miró a todos lados. No se había parado antes a echar un vistazo a aquella habitación ni a lo que había pegado en la puerta del armario con un sucio trozo de celo.
Una foto arrugada. Se veía la silueta de una chica de espaldas, con el pelo recogido en una coleta alta. Al fondo, un campo de girasoles que brillaban bajo la luz del sol.
Aquella chica era ella. Aún recordaba aquel viaje a Yeongchun-myeon. Úrsula pocas veces había salido de su ciudad. Cuando Youngjae la llevó de viaje, jamás se imaginó que irían a un sitio así. Aquel momento... los brazos de Youngjae rodeándola mientras estaban de pie sobre aquella enorme roca que parecía que iba a ceder de un momento a otro y observaban aquellos inmensos campos amarillos. Aquel momento en el que él le juró que estaría ahí para hacerla sonreír cada día.
Pero también le vinieron a la mente otros momentos. Aquella noche en la que Youngjae volvió a la casa de ambos una semana después de que Úrsula se diera cuenta de lo que pasaba entre él y Daehyun. Como, por mucho que lo hubiera intentado, Úrsula no lo había dejado acercarse a ella. Y cuando Youngjae había metido parte de su ropa en una bolsa y se había ido de casa, dejándola rota y vacía, sin saber si iba a volver. Sin saber a donde había ido ni porqué la había dejado.
Aunque intentó evitarlo, Úrsula empezó a sollozar. Sintió como la cama se movía y unos dedos tocaron su cara.
Youngjae retiró la mano de inmediato y carraspeó. Empezó a enfadarse de nuevo. Intentaba ser amable y ella lo rechazaba.
- Deja de hacerte la víctima, todo esto es culpa tuya.
Úrsula se levantó. Le dolía todo el cuerpo a cada paso que daba. Fue hacia el armario y arrancó la foto. Al instante, Youngjae llegó junto a ella y forcejeó para quitársela.
- ¡Suelta eso o te juro que-!
- ¿Que qué? ¡¿Acaso tus juramentos valen algo?!
Youngjae consiguió arrebatarle la foto mientras ella lo mataba con la mirada. La empujó, no con demasiada agresividad, e hizo que se sentara en la cama.
- Tira esa foto. ¿Acaso eres el mismo que cuando la sacaste? Tú mismo lo dijiste, no queda nada en ti de ese Youngjae.
- Y tú me dijiste que eso no era cierto.
Youngjae fue a colocar de nuevo la foto donde había estado hasta entonces, pero lo pensó mejor y la guardó en su bolsillo. Salió de la habitación mientras Úrsula se quedaba allí, mirando al suelo.
A los pocos minutos, algo le hizo reaccionar. Se levantó de la cama y salió del dormitorio con las pocas fuerzas que tenía. El pasillo estaba algo más oscuro que la habitación, por donde entraban unos leves rayos de sol por la ventana. Caminó por él y llegó al baño. Intentó borrar los recuerdos de su cabeza negando lentamente mientras miraba al suelo y echó agua fría en su cara. Se dio cuenta de que estaba en sujetador, aunque con sus vaqueros aún puestos. Miró al suelo y vio su camiseta rota, totalmente inservible, así que volvió al dormitorio y, por mucho que le disgustó la idea, cogió una camiseta de Youngjae que había en un pequeño montón encima de una silla y volvió a salir.
Tal y como esperaba, Youngjae no estaba por ninguna parte. Sin tan siquiera pararse a pensarlo, salió del piso.
Las calles le parecían aún más sombrías aquel día. Apenas había andado un par de manzanas y lo vio a lo lejos. Estaba apoyado en una pared, mirando al cielo mientras daba caladas al cigarro que sostenía entre sus dedos. Youngjae expulsó el humo mientras cerraba los ojos y no se dio cuenta de la presencia de Úrsula hasta que esta le arrebató el cigarro y le dio una calada. Youngjae la miró, sin poder evitar mostrar una expresión de disgusto.
- Devuélveme eso, ¿también me lo piensas arrebatar?
Úrsula dio un paso hacia atrás y volvió a dar otra calada.
Úrsula sabía exactamente que esperaba. Estaban a solo unos pasos del callejón del que lo había visto salir unos días atrás.
- Youngjae, no vuelvas a esto.
El cigarro volvió a estar en manos de Youngjae sin que ella opusiera resistencia alguna a que se lo quitara. Se acercó a él y se puso cerca, muy cerca. Él intentaba mirar a todos lados para no fijar su mirada en ella y en la camiseta que llevaba puesta, una de las suyas. Úrsula metió su mano debajo de esta y rebuscó en el interior de su sujetador. Tenía que seguir allí. El chico empezó a mirarla entonces, preguntándose porqué se tocaba los pechos de aquella manera, qué era lo que pretendía. En un pequeño descosido entre la copa del sujetador y la tela que pegaba a su piel, Úrsula había guardado algo de dinero antes de ir a buscarlo. Sacó un par de billetes y se los tendió a Youngjae.
- Toma, no quiero que vuelvas a hacer eso.
- No pienso coger tu dinero.
- ¿Prefieres dejarte usar por él que aceptarlo por nada a cambio?
- Prefiero cualquier cosa que aceptarlo de ti.
- ¿A cuántas te has tirado por menos de esto?
Los puños de Youngjae se cerraron con fuerza. Miró a su alrededor. No había absolutamente nadie más que ellos en aquella calle. La cogió por los hombros y la pegó a la pared, acercando su rostro al de ella para hablarle en el tono más bajo que pudiera.
- Nunca me he follado a nadie que no seas tú. ¿Te queda claro?
Úrsula no reaccionó, aunque le hubiera agradado el saber tal dato. Simplemente volvió a mirarlo después de recorrer con su mirada las rotas baldosas del suelo durante un rato.
- ¿No vas a aceptar el dinero?
- Está bien. Entonces... te pago por tus servicios o como quieras llamarlo. Coge el puto dinero cuando hayas acabado.
Úrsula se alejó de él y empezó a andar en dirección al callejón. Estaba dispuesta a cualquier cosa porque Youngjae no volviera a ser tocado por nadie más. Sin embargo, antes de haber dado dos pasos, la mano del chico agarró su muñeca y tiró de ella mientras caminaba de vuelta a su edificio sin pararse a mirar atrás.
Youngjae tiró de ella y la metió en el piso con agresividad y después hizo algo que no solía hacer, echar la llave a la puerta principal. Úrsula se lo quedó mirando, sin miedo esta vez. Cuando dio un paso hacia ella, la chica le lanzó los billetes a la altura del pecho, los cuales cayeron al suelo siendo ignorados ahora por ambos.
- Venga, no tengo todo el día.
- ¡¿Te estás riendo de mi?!
Le gritó como pocas veces lo había hecho. La cogió del brazo y lo apretó con fuerza. Úrsula jadeó pero no se movió ni un milímetro. Youngjae no podía ganarle. Llegados a ese punto, ambos se habían dado cuenta. Pero él se negaba a resignarse.
- Estoy hablando totalmente en serio.
La mirada que le lanzó estaba llena de veneno, tanto, que Úrsula incluso sintió como le escocía la piel. Aunque quizás eso tenía algo que ver con sus dedos, que seguían enterrados con fuerza en la piel de su brazo. Lo sacudió y se libró de su agarre. Dio un paso hacia atrás y fue a desabrochar sus pantalones. Pero entonces empezaron a sonar golpes en la puerta. Ambos miraron en la misma dirección, hacia el pasillo. Los golpes siguieron, eran cada vez más fuertes.
- ¡Youngjae, abre!
Úrsula dio un paso hacia la puerta pero antes de que pudiera avanzar más, Youngjae la agarró y puso su mano sobre su boca. Forcejearon. Ella intentaba librarse y él intentaba que se estuviera quieta y en silencio. Úrsula sabía de quien era aquella voz. Quería ir y matarlo con sus propias manos si era posible. Por mucho que en los últimos días se hubiera intentado culpar por aquella situación a la que habían llegado las cosas, sabía que toda la culpa, la tenía aquel que seguía golpeando la puerta.
Daehyun.
Los golpes eran cada vez más y más fuertes.
- ¡Youngjae, se que estás ahí! Perdiste las llaves del piso, solo cierras si estás dentro, ¡imbécil!
El agarre del chico se aflojó y ella pudo soltarse. Fue rápidamente hacia la puerta pero cuando llegó a esta, notó un par de manos en sus caderas.
- Úrsula... por favor, no.
Le habló tan bajo que casi ni ella pudo oírlo. Se giró, mientras se oían más golpes en la puerta, algo más débiles esta vez.
- No quiero que Daehyun te vea aquí.
- ¿Por qué?
- Te lo contaré después. Escóndete y déjame hablar con él.
Accedió a lo que el chico le pedía y entró en el baño, escondiéndose detrás de la cortina de la ducha. Suspiró y cerró los ojos. En cuanto la puerta se abriera, tendría la oportunidad de hacer aquello de lo que tantas ganas tenía, lanzarse contra el culpable de que su vida y la de Youngjae se hubiera ido a la mierda.
Oyó como la puerta se abría y se cerraba y después unos pasos que avanzaban hacia el salón. No oyó nada más por unos momentos hasta que oyó a Youngjae susurrando.
- Para, Daehyun.
- No, no es tan fácil como decirme que pare. Me debes mucho y ya sabes como pagármelo.
Se oyó como el sofá se movía arrastrándose por el suelo mientras Youngjae se quejaba. Úrsula no sabía que estaba pasando aunque tenía una ligera idea. Le dieron ganas de salir de allí pero, ¿qué habría ganado con eso?
- ¡Te he dicho que pares!
- Estate quieto de una puta vez. Se buen chico y deja que te folle sin quejarte, como haces siempre, ¿vale?
- Vete a la mierda.
- ¿Con quién te crees que estás hablando?
El sonido de una bofetada retumbó en las paredes de todo el piso. Úrsula de repente empezó a sentirse mareada. Llevaba dos días sin comer nada así que notó como le fallaban las fuerzas. Pero se mantuvo de pie a duras penas unos minutos más. Al final, sin poder remediarlo, acabó deslizándose por la bañera y sus ojos se cerraron, haciéndola quedar medio inconsciente.
Youngjae intentaba luchar con las manos de Daehyun. Por mucho que en un pasado hubiera querido al chico y no se hubiera sentido en absoluto disgustado con sus besos y caricias, en ese momento no podía dejar aquello volviera a pasar. Miró hacia el pasillo preocupado mientras Daehyun mordía la piel de debajo de su oreja. Si ella aún no había salido del baño hecha una fiera, era por algo. Parecía conocer a esa nueva Úrsula casi tan bien como a la anterior y aquello lo hizo sentir extrañamente bien.
- ¿Has recapacitado?
Youngjae se dio cuenta de que al quedarse absorto se había dejado hacer por Daehyun, quien estaba levantado frente a él frotando con su mano su propio paquete mientras lo miraba con una sucia sonrisa.
- Largo de aquí.
Daehyun se inclinó y pegó su boca a la de Youngjae, dedicándole una mirada amenazante mientras una media sonrisa invadía sus labios.
- Crees que no hay nada peor que esta vida que llevas, que no hay nada que pueda hacerte si no me das lo que quiero, ¿verdad? Te equivocas.
- No lo creo. ¿Qué puede haber peor que este infierno en el que me metiste?
- Te metiste tú solo. ¿Acaso a mi me ves como tú? No, Jae. Hay una cosa llamada control y tú no lo tienes. Lástima que seas tan débil e inútil como pareces.
- Vete.
- Bien, si tú no saldas tu deuda, alguien tendrá que hacerlo por ti, ¿no crees?
Youngjae se recostó tranquilamente en el sofá intentando mostrar desinterés por el otro y puso sus brazos por detrás de su cabeza.
- ¿Y quién va a hacer eso?
- Sabes quien. Ella, Jae.
Youngjae reaccionó rápido y fingió, abriendo los ojos de par en par. Y en ese momento hizo la mayor actuación que había hecho en su vida.
- No te atreverías a tocarla.
- Oh, si, ya lo creo.
El chico menor se incorporó y el otro pasó sus dedos por la línea de su mandíbula mientras sonreía aún más.
- ¿Y ahora? ¿Has cambiado de idea?
- Puedes hacerle lo que quieras, me da igual.
- No te creo.
- Me importa una mierda si me crees o no. Adelante, que ella salde mi deuda, esa zorra me da absolutamente igual.
Se levantó y empujó al otro hacia el pasillo. Daehyun lo miró perplejo, pero la mirada fría de Youngjae era algo inusual que lo llevaba a preguntarse qué podría haber pasado para que cambiara de aquella manera.
- Fuera.
Sin decir nada más, Daehyun fue hacia la puerta y la cerró de un portazo a sus espaldas.
Youngjae fue y cerró el pestillo de nuevo. Aunque no quería, estaba preocupado. Estaba sintiendo tantas cosas que le costaba afrontarlas todas de golpe, así que apoyó una mano en la pared del pasillo y echó su cabeza hacia adelante cerrando los ojos. Entonces oyó un quejido en el baño.
Úrsula intentaba incorporarse pero le fallaban las fuerzas. Estaba a punto de fallar por quinta vez cuando una mano le agarró el brazo y evitó que volviera a escurrirse dentro de la bañera. Sus ojos estaban entrecerrados y el chico abrió el grifo y puso el chorro de agua fría justo sobre su cabeza. Úrsula se encogió sobresaltada.
- ¡¿Qué haces?!
- Espabila y sal de ahí.
Úrsula resopló y se zafó de su mano mientras alargaba el brazo para cortar el agua. Se miró la ropa mientras el chico salía del baño. Estaba completamente empapada.
Salió de la bañera y comenzó a desnudarse, se sentía incómoda.
- ¡¿Te importaría traerme algo de ropa?!
Youngjae aún estaba en el pasillo, pero fue hacia su cuarto y sacó unos pantalones de chándal y una camiseta de manga corta. Volvió al baño y al llegar a la puerta, se quedó absorto unos segundos. Úrsula estaba en ropa interior, tiritando. Le dieron ganas de acercarse a ella y abrazarla, darle su calor y dejar besos por todo su cuerpo. Pero no lo hizo. Le tiró la ropa al pecho, a lo que la chica respondió mirándolo de mala manera.
Cuando se hubo vestido, Úrsula fue hacia el dormitorio, donde estaba Youngjae tumbado en la cama, mirando fijamente al techo, como si quisiera agujerearlo con la mirada. Ella abrió la pequeña ventana que había allí. Daba al patio del edificio y había unas cuantas cuerdas donde tendió su ropa para que se secara.
- Daehyun no debe saber que estás aquí, así que más te vale dejar de dar paseos por las calles, ¿me oyes?
La chica se giró y lo miró curiosa, ladeando su cabeza y cruzándose de brazos.
- Pensaba que te daba igual lo que le pasara a esa zorra.
- No lo entiendes.
- ¿Que no entiendo?
- ¡Nada, joder, absolutamente nada!
- No me grites, Youngjae.
Un mariposeo se adueñó de su estómago en cuanto oyó su nombre salir de los labios de ella, pero su cabeza hizo que rápidamente aquello se transformara en angustia. Se sentó en el filo de la cama y miró a la pared, sin fijar su mirada en nada en concreto.
- He fingido estar preocupado antes de decir eso, he hecho que crea que me importas para salvarte el puto culo, así que deja de joderme.
- Que crea que te importo. Bien.
Úrsula se encaminó hacia la salida pero la mano de Youngjae agarró su camiseta al pasar por su lado. Siguió con la mirada perdida hasta que ella se giró a mirarlo y entonces miró sus ojos.
- Escucha... Él me conoce bien, sabe que no querría que te pasara nada pero que jamás sería capaz de aceptarlo. Si hubiera actuado de otra manera habría visto algo raro, sabe lo que sig... Mira, no se porque tengo que darte explicaciones.
- No te las he pedido.
- Que te den.
Youngjae volvió a acostarse dándole la espalda. Ella se cruzó de brazos, mirándolo. Era de noche y estaba cansada. Y sobre todo, se moría de hambre.
- Youngjae.
- Piérdete, déjame en paz de una puta vez.
- Tengo hambre.
- Pues come.
- Lo haría si tuvieras en la nevera algo aparte de cerveza.
El chico gruñó y se levantó de la cama, buscando por el suelo sus zapatillas. Úrsula salió y fue al salón. En el suelo aún estaban sus billetes, así que los recogió y volvió al cuarto.
- Toma.
- Cierra el pestillo cuando salga.
Terminó de atarse los cordones tras decir esto y cogió el dinero sin mirarla ni decirle nada más, pasando por su lado y yendo hacia la puerta, la que cerró de un portazo. Ella fue detrás e hizo lo que le había dicho mientras oía como sus tripas rugían.
Úrsula se quedó de pie en el pasillo, sin pensar en nada, con la mente completamente en blanco. Pero cuando comenzó a andar hacia el salón la asaltó la culpa de repente y comenzó a llorar en cuanto se hubo sentado en el desgastado sofá. Tal vez en realidad ella tenía parte de culpa. No había sabido ver que Youngjae la necesitaba ni había intentado alejarlo de Daehyun. No quería sentirse así pero no podía evitarlo. Llegados a ese punto lo único de lo que estaba segura era de que en parte, era responsable de aquella situación.
En mitad de sus sollozos, empezó a oírse un ruido. Úrsula se mantuvo en silencio y fue a levantarse, pero se dio cuenta de que el sonido venía de la puerta principal. Alguien estaba intentando abrirla. Se mantuvo quieta y en silencio. Alguien empezó a dar golpes.
- Youngjae, abre, se que estás ahí.
Era Daehyun. Úrsula entró en pánico. Quería ir y aprovechar que Youngjae no estaba para darle una bofetada y decirle de todo. Pero sabía que no debía hacerlo. La forma en la que Youngjae había actuado le decía que Daehyun era alguien a quien debía temer, y lo que ella quería era conseguir que Youngjae saliera de allí y cambiara de vida, no quería a nadie interponiéndose y complicando las cosas. Los golpes siguieron, cada vez eran más fuertes.
Úrsula se levantó y caminó hacia la puerta sin hacer ruido. No sabía qué hacer. Pero antes de que pudiera pensar en algo, se oyeron los pasos de alguien subiendo por las escaleras.
- D-Daehyun...
Oyó la voz temblorosa de Youngjae, oía el temor en ella. Se acercó más a la puerta para poder oírlos, pero hubo silencio durante unos largos segundos.
- Está ahí dentro, ¿verdad?
De nuevo hubo silencio. Ella pensó que lo mejor sería abrir la puerta y enfrentarlo ahora que sabía que estaba en aquel apartamento.
- Por eso estabas tan tranquilo, porque está contigo. Eres tan simple y tan patético...
- No se de qué me estás hablando. Vete de aquí.
- ¿Entonces quien ha echado el candado por dentro? Si no es ella, ¿quién está ahí?
- Eso no es asunto tuyo. Vete, no te lo pienso repetir.
Úrsula oyó pasos y pegó su oreja a la puerta. Entonces oyó un susurro muy cerca de esta, como si el dueño de aquella voz tuviera la boca pegada a la vieja madera.
- ¿Te ha hablado Youngjae de todas aquellas veces que me lo follaba cuando aún estaba contigo? ¿De cómo lo disfrutaba? ¿Acaso crees que pensaba en ti? ¿Crees que vas a poder sacarlo de aquí? Es un puto adicto, un inútil y un desgraciado. Y tú eres tan patética como él.
Fue todo lo que Úrsula necesitó para abrir la puerta y abofetear una vez tras otra la cara de Daehyun, quien sonreía de oreja a oreja. Youngjae se acercó a ella rápidamente y la cogió inmovilizándole los brazos, intentando hacerla entrar mientras ella gritaba e intentaba soltarse.
- ¡Eres un hijo de puta!
Daehyun se rozó la piel roja de sus mejillas mientras aún sonreía.
- Te voy a matar, así que aprovecha tus últimas horas de vida.
Se dio la vuelta y se fue mientras la chica seguía retorciéndose intentando librarse de los brazos de Youngjae. Este consiguió hacerla entrar y cerró la puerta, empujándola hacia el pasillo.
- Lo has arruinado todo, eres una estúpida.
- ¡Sabía que estaba aquí!
- ¿Y acaso salir y pegarle cambia algo? Ah, claro, ahora sabe que estás aquí con toda certeza y enviará a alguien para que te pegue un tiro o te raje el cuello. Muy inteligente, Úrsula.
- No hará eso...
- Tienes que salir de aquí cuanto antes.
- No pienso irme sin ti.
Youngjae fue hacia la cocina y soltó las bolsas sobre la encimera.
- He comprado ramen. Come algo y ve a dormir. Mañana te quiero fuera de aquí antes de que amanezca.
- No te hagas el sordo, te he dicho que no me voy a ir.
- ¡No voy a ir contigo! Así que más te vale desaparecer cuanto antes si quieres salvar el culo.
Youngjae se giró a mirarla. Estaba enfadado, pero ella lo estaba aún más. Sin embargo ignoró la mirada del otro y lo empujó a un lado, sacando un par de paquetes de ramen de la bolsa y empezando a buscar en los muebles un cazo donde cocinar.
- No me voy a ir, Youngjae.
- No quiero que estés aquí, odio tenerte cerca.
- No voy a abandonarte otra vez.
Youngjae bajó la mirada mientras ella llenaba de agua un cazo de un tamaño mediano. Se quedó en silencio y se sentó en una de las sillas que había junto a la pequeña mesa que pegaba a la pared de la cocina. Al cabo de unos minutos, cuando Úrsula se quedó mirándolo mientras esperaba a que el agua empezara a hervir, se levantó y la dejó allí.
- Youngjae, ¡vuelve y come algo!
Oyó la puerta del baño cerrarse y suspiró. Las lágrimas querían salir de sus ojos de nuevo, pero no lo permitió. Solo se giró y siguió cocinando.
Al cabo de quince minutos, Youngjae salió del baño y fue al dormitorio. Úrsula estaba en el salón esperándolo con dos cuencos llenos de ramen. Pero pasó un rato más y el chico no salía. Ella se levantó y fue hacia el cuarto. Youngjae estaba vestido con unos pantalones de chándal y una camiseta limpia y ocultó algo tras su espalda en cuanto la vio.
- Dámelo.
- ¿Puedes dejarme en paz de una puta vez?
- Dame eso, Youngjae.
Se miraron a los ojos como desafiándose. Úrsula estaba decidida y no pensaba dejar que se drogara otra vez. Pero Youngjae... no sabía qué hacer. Al cabo de un rato, sintiéndose abatido, el castaño se arrodilló en el suelo y lanzó la pequeña bolsa a un lado, llevándose las manos a la cara.
- Me voy a volver loco, te juro que no puedo más.
Úrsula se paralizó y simplemente lo miró confundida. Se acercó a él, dejando lo que había tirado abandonado en una esquina y se arrodilló delante suya.
- Claro que puedes.
Youngjae negó con su cabeza y alzó la mirada, dirigiéndola a la papelina que acababa de lanzar.
- No puedo, lo necesito.
No pensaba aceptarlo, pero si en esos días había resistido la necesidad de drogarse tanto como solía hacerlo, había sido por ella. Pero ya no podía aguantar más. Le ardía la piel y le sudaba cada poro, lo necesitaba. Se levantó y fue a cogerlo, pero Úrsula fue más rápida y se arrastró por el suelo hasta esconderlo en su mano, levantándose al instante.
- No.
- Úrsula...
Y por primera vez en mucho tiempo, la mirada de Youngjae se suavizó. Estaba pidiendo, más bien rogándole algo. Pero no era la droga lo que necesitaba y Úrsula lo sabía. No importaba lo que él creyera. Después de aquellos días, no podía dejar que él diera un paso atrás.
- No puedo dejar que lo hagas.
De pronto la expresión de Youngjae cambió. El enfado era notable en su rostro. Empezó a andar por toda la habitación con rapidez, llevándose las manos a la cabeza, tirándose del pelo mientras gruñía. La necesidad que sentía era aplastante y deseaba calmarla. Pero no creía que hubiera otra solución para aquello que drogarse.
- No puedo, dámelo.
- Ven al salón y come algo, solo tienes que dejar de pensar que necesitas esto.
- ¡No es tan fácil!
Youngjae gritó con todas sus fuerzas y tiró la lámpara de su escritorio al suelo, haciendo que el duro plástico de la cubierta se rompiera en dos. Empezó a golpear la pared con los puños. Quería destrozar algo, dejar salir su rabia de alguna manera. Cuando sintió sus puños arder, giró su cabeza, dispuesto a gritarle a Úrsula y a exigirle que se lo diera. Pero se quedó de hielo cuando la vio sentada en la cama, con el pecho completamente desnudo, quitándose ágilmente los pantalones.
- ¿Se puede saber qué haces?
Úrsula no dijo nada. Se terminó de desvestir y se levantó de la cama, caminando hacia él sin mirarlo en ningún momento. Cuando estuvo enfrente suya, alzó la mirada. Youngjae pudo ver sus ojos húmedos que lo miraban con determinación.
- Te he hecho una pregunta.
La chica alargó sus manos y las puso en el filo de su pantalón. Youngjae se quedó quieto, observando las marcas que el mismo había dejado en su piel. Se quedó ensimismado, lleno de culpa. No se dio cuenta de que Úrsula lo miraba con los dedos metidos por el borde de sus pantalones, esperando.
- ¿Que te crees que haces?
- Si sientes rabia, está bien, soy yo la que te priva de drogarte, descárgala contra mi, ya no me importa.
- ¿Y por qué tienes que desnudarte?
Youngjae se estaba poniendo nervioso y era el calor de la desnudez de la chica tan cerca de su cuerpo lo que le provocaba eso. Ella alzó la mirada, aún más enfadada, molesta por sus gritos. No dijo nada, solo metió una mano en sus pantalones y agarró el miembro del chico, a lo que este respondió emitiendo un sonido ronco que salió de su garganta sin el quererlo. Le agarró la muñeca y ambos se miraron desafiantes.
- Para.
- Era esto lo que querías el otro día, ¿no? Lo querías pero no pudiste y sabes porqué.
- Por favor.
Úrsula ignoró la mano que agarraba su muñeca y cerró su puño entorno a la intimidad del chico, haciendo presión y deslizando su palma sobre ella. Youngjae la dejó por unos segundos. Pensaba que iba a ser inútil. Hacía demasiado tiempo que aquella parte de él no le proporcionaba ningún placer, que parecía estar muerta. Incluso estando con Daehyun, fueron pocas las veces que disfrutó. Y con ella... hacia demasiado tiempo, tanto que casi ni recordaba cuando había sido la última vez.
El agarre de Youngjae se desvaneció y mordió su labio cuando comenzó a sentir un cosquilleo en su bajo vientre. Úrsula miraba al suelo, sintiendo como el sexo del chico se endurecía en su mano. Alzó la mirada y lo vio observando a algún punto detrás de ella, intentando disimular lo que estaba sintiendo. Al ver que no hacía nada más, Úrsula se arrodilló frente a él y bajó sus pantalones junto con su ropa interior, observando las caderas desnudas del chico y sus piernas, aquellas que ahora no eran más que huesos. Youngjae miró hacia abajo. No podía ver sus ojos, pero sabía que algo pasaba por su cabeza. Sin embargo, antes de poder decir nada, Úrsula abrió su boca e hizo que su miembro entrara en esta. Youngjae gimió al sentir como aquella parte de él volvía a la vida después de tanto tiempo. Y cerró sus ojos con fuerza al sentir también algo más. Era doloroso volver a tener una erección.
Tiró del brazo de la chica y la hizo levantarse. Alzó una mano y ella cerró los ojos con fuerza, preparándose para el golpe. Pero este no llegó y todo lo que Úrsula sintió fueron un par de manos haciéndola girar y empujándola hacia la mesa que había a la izquierda, presionando en su espalda una vez que estuvo frente a esta. Apoyó sus manos en el escritorio para no caer de cara hacia adelante y se quejó cuando la mano del chico la obligó a inclinarse aún más.
Apenas pasaron unos instantes y Youngjae ya estaba dentro de ella. Suspiró, o más bien jadeó. Ella gritó pero mordió su labio, impidiendo que de su boca brotaran más sonidos mientras el chico salía y entraba de ella con furia, con tanta agresividad que sus pechos se golpeaban con el filo del escritorio, causándole aún más dolor.
Las manos de Youngjae estaban en su espalda, pero lo que parecía un intento por acariciarla se transformaba una vez tras otra en apretones y pellizcos por toda su piel. Úrsula aún sentía su interior arder, aún estaba dañado por aquella vez que Youngjae la había atacado con sus dedos sin ningún tipo de compasión.
Úrsula sintió alivio cuando Youngjae ralentizo el ritmo, y una de sus manos acarició su pecho, casi conteniéndose por no hacer fuerza y apretarlo con agresividad entre sus dedos. Poco después, Youngjae desapareció. Cuando la chica fue a girar la cabeza, sintió una mano forzándola a doblarse aun mas, casi haciendo que apoyara su cara en la mesa.
Youngjae volvió a estar dentro de ella y a embestirla con rapidez, causándole dolor de nuevo. Para su sorpresa, una de las manos del chico tocó su sexo, casi con miedo y timidez, rozándolo brevemente. Pero poco después dos dedos se movieron sobre su intimidad y gimió lo suficientemente alto como para que todo el edificio la escuchara. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho algo así.
Apenas unos cuantos movimientos bastaron para que Úrsula se deshiciera por completo, jadeando mientras su cuerpo temblaba. Los movimientos de Youngjae eran cada vez más lentos, pero no sentía que el chico fuera a terminar ya. Notó como una de las manos que agarraban sus caderas desaparecía y miro hacia el lado.
Youngjae había encontrado la papelina que ella había escondido debajo de la almohada y la tenía en su mano. Después de tanto tiempo, la conocía demasiado bien y siempre lo escondía todo en el mismo sitio. Úrsula se movió estirando su espalda solo para ser empujada de nuevo. Su frente chocó con la mesa y se sintió mareada por unos instantes.
Notó como el chico se alejaba de ella y se giró. Era más rápida que él, siempre lo había sido, así que no le fue difícil agarrar la droga a la vez que él. Acabaron forcejeando y una de las esquinas de la pequeña bolsa de papel se rompió, haciendo que algo del polvo blanco cayera sobre los pechos de Úrsula. Youngjae se los quedó mirando y ella aprovechó la oportunidad para arrancar aquello de su mano de una vez.
Úrsula chica quería llorar, pero tenía que contenerse. Youngjae la miraba con angustia, sus ojos suplicaban. Ni siquiera volver a sentirla había podido hacerlo olvidar del todo la droga, aunque fuera por unos minutos. Úrsula negó con su cabeza mientras un par de lágrimas se deslizaban por sus mejillas, cerrando el puño en torno a la bolsa.
Youngjae avanzó hacia ella haciéndola caminar de espaldas hasta que sus piernas tocaron el filo de la cama. Y se dejó caer, abriendo sus piernas y ofreciéndose una vez más a Youngjae, desesperada no solo por sentirlo, sino porque el fuera capaz de desearla más a ella que a aquella infernal sustancia.
La expresión del chico era indescifrable. La miró sin hacer nada durante unos segundos hasta que se quitó la camiseta desnudándose por completo y se arrodilló en la cama, moviéndose para colocarse entre sus piernas. Miró los pechos de la chica y después su mano cerrada en torno a aquella pequeña bolsa de plástico. Volvió a entrar en ella sin previo aviso, haciendo que Úrsula encorvara la espalda, aún sensible por el orgasmo que había tenido hacía unos minutos. La chica agarró el cuello del castaño y lo acercó a ella, mordiendo su hombro mientras esta vez fingía sus gemidos. Quería que Youngjae acabara y que consiguiera olvidarse por completo, aunque fuera por unos minutos, de aquello que tanto necesitaba.
Youngjae dejó escapar un gruñido, recordando como inexplicablemente, los dientes de Úrsula clavándose en cualquier zona de su piel podían hacer que acabara en cuestión de segundos. Y así pasó. Se sintió a punto de explotar e inconscientemente movió su rostro sobre sus pechos, respirando con fuerza mientras la chica lo forzaba a salir de ella y movía su mano con rapidez sobre su miembro, haciéndolo acabar sobre las sábanas.
Youngjae se dejó caer sobre el cuerpo de Úrsula, completamente exhausto, demasiado cansado como para moverse. Ella se estuvo quieta, acariciando su pelo con ternura, suspirando de cuando en cuando. Youngjae alzó la cabeza en uno de esos suspiros y ella rozó su nariz con sus dedos, limpiando el resto de cocaína que había acabado allí cuando había restregado la cara en sus pechos. Él sin embargo, no parecía haberse dado cuenta.
Ahora, todo lo que necesitaba era a ella.
Y por unos minutos se olvidó de todo y se movió sobre ella, apoyando sus codos en la cama y acercando su rostro al de la chica con lentitud. Cuando Úrsula le volvió a sonreír después de tantos meses, una ola de realidad lo arrolló sin ningún tipo de compasión. Era él el culpable de todo y aun así ella solo quería alejarlo de aquel cruel destino.
No le dio tiempo a pensar mucho más puesto que la chica cogió su rostro con las manos y alzó el cuello, posando sus labios sobre los de Youngjae. Lo besó una, dos y tres veces hasta que él cerró los ojos y se entregó al beso, moviendo sus labios con suavidad sobre los de ella. Todo estaba bien ahora que lo había encontrado, nada podía salir mal si la tenía cerca.
Youngjae no había sabido cómo reaccionar después de aquello. Después de besarla durante unos largos minutos, se sintió incapaz de mirarla a la cara. Se daba asco, se odiaba por todo lo que le había hecho pasar.
Se levantó de la cama y buscó su ropa, poniéndosela mientras se contenía para no mirar como Úrsula salía con la droga en la mano. Oyó como tiraba de la cadena del baño y aguantó la respiración. Podía hacerlo. Tenía que hacerlo.
Cuando ella volvió, el chico estaba de pie en mitad de la habitación con la mirada perdida. Se acercó a él, todavía desnuda, y acarició su brazo. Youngjae se apartó intentando no ser demasiado brusco y fue al salón. Comer le vendría bien, quizás fuera algo más con lo que distraerse de la ansiedad que cada vez crecía más dentro de él.
Empezó a comer mientras ella se unía a él, ahora vestida. Encendió la tele, recostándose en el sofá y dejando abandonada su comida. Tenía calor, quizás por lo que acababa de pasar con Youngjae, así que fue hacia la ventana y la abrió, apoyándose en el marco de esta y mirando a la oscura calle. Vio a alguien caminando por la acera y en cuanto una farola cercana ilumino su cara, Úrsula se pegó a la pared para ocultarse. Entró en pánico y Youngjae la miró, sabiendo al instante lo que pasaba.
- Daehyun.
La chica asintió y Youngjae soltó de un golpe su cuenco levantándose, aunque no tenía ni idea de que iba a hacer. Presa del miedo, cogió la mano de la chica y corrió hacia la puerta. Se dio cuenta de que era demasiado tarde para salir de allí, que seguramente se encontrarían con Daehyun a medio camino, así que entró y rápidamente apagó todas las luces, cerrando la puerta con cuidado y haciendo señas a Úrsula para que no hiciera ruido.
Volvió a coger su mano y la guió escaleras arriba con las luces apagadas. Cuando estaban llegando al último piso, las bombillas se encendieron. Daehyun acababa de entrar en el edificio. Siguieron subiendo en silencio y Youngjae la llevó hasta una esquina del rellano, pegándose a ella y rezando, no sabía muy bien a qué o a quién, para que el otro chico se fuera cuando se diera cuenta de que no estaban.
Pero había algo que no había pensado y se dio cuenta cuando oyó unos pasos en las escaleras subiendo más arriba de su piso. Habían tenido la ventana abierta y las luces encendidas, Daehyun había tenido que verlo desde la calle. No había salida.
Youngjae corrió al otro extremo del rellano llevando a Úrsula con él y abrió la puerta de la azotea. Salieron y antes de que la puerta volviera a cerrarse, alguien la abrió.
Daehyun apareció ante sus ojos. La luz de las farolas de la calle que débilmente llegaba hasta allí iluminó su silueta e hizo brillar el arma que llevaba en la mano. Youngjae agarró con más fuerza la mano de la chica.
- ¿Intentabais huir?
Ninguno de los dos dijo nada mientras el otro se quedaba allí mirándolos con una malvada sonrisa en los labios. Hizo una mueca, claramente molesto porque aquellos dos no le dieran nada de juego y simplemente se quedaran allí, cogidos de la mano. Patéticos.
- Bueno, ¿quién quiere morir primero?
- Deja que ella se vaya, Daehyun.
- No, no lo haré.
- Ella no tiene nada que ver en esto.
- Ella es la culpable de todo esto. Odiaba ver que no dejabas de hablar de ella, de pensar en ella. Me dolía que me dieras la espalda y suspiraras lleno de culpa cada vez que nos acostábamos. Por eso empecé a darte más droga, para que la olvidaras mientras estabas colocado. Yo nunca había querido que acabaras así. Solo quería que me quisieras, ¡pero nunca lo hiciste! Y ella es la culpable, no pienso dejarla con vida.
Daehyun alzó el arma y la apuntó, pero Youngjae rápidamente se puso delante de ella.
- Si lo haces tendrás que matarme a mi también.
- Youngjae, no.
Úrsula reaccionó después de todo ese tiempo. Agarró el brazo de Youngjae pero este no se movía, no podía dejar que muriera por su culpa. Daehyun suspiró.
- Como quieras.
En cuanto oyó esas palabras, Úrsula sacó fuerzas sin saber muy bien de donde y empujó a Youngjae, quien cayó al suelo. No estaba muy segura de si Daehyun sería capaz de disparar, en especial cuando era Youngjae al que estaba apuntando unos segundos antes, aquel al que supuestamente tanto quería. ¿Era capaz de matarlo solo para poder acabar con ella? Úrsula no estaba segura, pero pensaba hacer todo lo que pudiera por salvar a Youngjae. Habría hecho cualquier cosa por él.
La bala le dio en el pecho y antes de que su cuerpo reaccionara, otra más le acertó de lleno casi en el mismo lugar. Cayó al suelo y Youngjae se quedó paralizado. No. No podía ser cierto.
Se acercó rápidamente a ella y puso su mano sobre las heridas, intentando parar la sangre que brotaba incesablemente de los orificios donde las balas habían impactado. Todo era inútil y lo sabía.
Youngjae empezó a llorar mientras abrazaba el cuerpo casi sin vida de la chica. Lloró como nunca antes había llorado en su vida. Acarició el pelo de Úrsula, mirando a sus ojos entre abiertos pero que ya no mostraban ninguna señal de vida.
- Úrsula, no te vayas. Te quiero, no puedes irte, ¡dijiste que no me volverías abandonar!
Youngjae gritó lleno de rabia mientras Daehyun lo miraba. Este sintió pena, pero en absoluto culpa. Aquella chica siempre había sido su único obstáculo para obtener lo que quería de Youngjae. Solo había querido ser amado por el otro chico aunque fuera una décima parte de lo que él lo amaba. Pero por ella, eso jamás había pasado. Ahora, tenía la oportunidad de tener lo que tanto ansiaba sin nadie que se interpusiera.
Pero la leve sonrisa de sus labios al pensar aquello se desvaneció cuando vio a Youngjae levantarse del suelo cogiendo a Úrsula en brazos y dirigirse hasta el borde de la azotea.
No.
Youngjae miró hacia el cielo. Las lágrimas seguían brotando de sus ojos. Ahora no tenía ninguna razón para vivir. Nunca había querido aceptarlo pero de no ser por ella, hacía mucho tiempo que Youngjae habría acabado con su vida. Sin embargo, siempre había tenido la esperanza de que las cosas cambiaran y todo volviera a ser como antes. Hacía unos minutos parecían estar tan cerca de aquello... Pero ahora lo único que lo ataba a este mundo se encontraba sin vida en sus brazos.
Youngjae ya estaba muerto. Había muerto en el mismo momento en el que el corazón de Úrsula había dejado de latir. Ya no era capaz de sentir nada.
Miró a la chica en sus brazos y sonrió a través de las lágrimas. Todo saldrá bien. Se forzó a repetir aquellas palabras en su cabeza. No podía haber nada peor que ver morir al amor de tu vida delante de tus propios ojos. Estaba seguro de que, de ahí en adelante, todo saldría bien.
Volvió a mirar al cielo y oyó unos pasos a su espalda. No, no podían arrebatarle esto también, no pensaba dejar que nadie se lo impidiera.
Espérame, estaremos juntos.
Cualquier intento de Daehyun por alejarlo del borde era inútil, era como si el chico se hubiera vuelto de piedra y nada pudiera moverlo. Pero sintió esperanza al cabo de unos minutos, cuando Youngjae dio unos pasos hacia atrás.
Volemos alto.
Daehyun miró con horror como el chico corría hacia adelante y fueron inútiles sus gritos desesperados. Youngjae no podía oír nada. Solo podía sentir el aire golpeando su cara y el cuerpo aún cálido de Úrsula entre sus brazos. La pegó aún más a él y dejó escapar una última lágrima, una por todo el tiempo perdido. Llegó al borde y saltó, sonriendo cuando al fin pudo sentirse completamente libre. Todo era oscuridad y vacío mientras huían juntos a donde nadie pudiera encontrarlos.
Y volaron.