Made in Poland - Delivered to Spain
Hoy quiero hablar de mi vida fuera del país donde nací y me crié los primeros 10 años. Hace ya dos décadas que me fui, y aunque el tiempo ha pasado volando, las experiencias, los cambios y las emociones han dejado huella. Para poder ordenar mis recuerdos y compartirlos de una forma más cercana, he preparado una serie de preguntas tipo entrevista. Responderlas me ayuda a mirar atrás con honestidad, cariño y también con perspectiva. Ojalá mi historia conecte con la tuya, o al menos, te haga reflexionar sobre lo que significa empezar de nuevo en un lugar que no es el tuyo.
🧳 El inicio del viaje
¿Cómo fue que saliste de tu país? ¿Fue una decisión propia o ajena? - Era más o menos el año 2003. Yo vivía con mi madre y mi abuela en un pequeño piso-estudio en Polonia. Nos manteníamos principalmente con el sueldo de mi abuela, ya que mi madre era joven, no había terminado sus estudios y le resultaba difícil encontrar trabajo. Pero la empresa donde trabajaba mi abuela cerró, y la situación se complicó aún más. En un momento de desesperación, sin mucho que perder, mi madre decidió irse a España en busca de empleo. Allí tenía amigas, así que al menos no estaba completamente sola. Yo me quedé en Polonia con mi abuela durante dos años más. No fue hasta 2005 que mi madre me trajo con ella.
¿Cuántos años tenías cuando tu madre se fue a trabajar al extranjero? - Creo que tenía unos 8 años en ese momento.
¿Recuerdas cómo te sentiste al separarte de ella durante esos dos años? - Supongo que, al ser tan pequeña, no entendía del todo por qué se había ido. ¿Por qué trabajar tan lejos? Ni siquiera sabía dónde quedaba España. Hablábamos por teléfono y recuerdo que una vez le pregunté si allí era de día o de noche. La echaba de menos, pero también sabía que lo hacía por nuestro bien.
¿Cómo fue el momento en que te dijo que ibas a irte también? ¿Lo deseabas o fue difícil aceptarlo? - Me dijo que solo me iba de vacaciones de verano. Aunque, en el fondo, ya me imaginaba que no era así. Fue difícil aceptarlo. Despedirme de mis amigos, de mi abuelo, de mi perrita… Tenía miedo de no volver a verlos pronto.
✈️ La llegada y los primeros años
¿Qué impresión tuviste al llegar por primera vez a tu nuevo país? ¿Qué cosas te llamaron la atención? - Fue una sensación muy rara. Un clima y paisaje totalmente diferentes. En Polonia todo era verde y lleno de vida, y cuando llegué a España me encontré con un paisaje seco, casi desértico, y mucho calor. Llegué en pleno julio, vestida con ropa larga. Para mí, entonces, fue como llegar a Marte.
¿Te acuerdas de tu primer día de colegio o de los primeros días allí? - Era verano así que todavía quedaban 2 meses para el cole. Los primeros días fueron días de exploración, compras y adaptación. La verdad es que tengo recuerdos bastante claros de esos días, como que al llegar me comí un bol de cereales y escuchaba una canción que me recordaba a mi perrita. Incluso me traje un mechón del pelo de la perra en una cajita para recordarla :(
¿Qué fue lo más duro de adaptarte a una nueva vida? - No tener a mis amigos ni seres queridos. También no saber el idioma…
¿Qué cosas echabas más de menos de tu país? - El clima, poder salir a jugar con mis amigos todo el día… Mi infancia en Polonia fue muy completa, y al llegar a España empecé a sentir un vacío.
💬 Idioma, identidad y pertenencia
¿Ya hablabas el idioma del nuevo país o tuviste que aprenderlo desde cero? - Tuve que aprenderlo desde cero, aunque no me costó mucho. En tres meses ya conocía bastantes palabras, y al empezar el colegio aprendí muy rápido. Pero me costaba mucho hablar con los españoles, me daba vergüenza equivocarme o hacerlo mal.
¿Te sentiste alguna vez fuera de lugar, como si no encajaras del todo? - Por supuesto, y durante muchos años. Recuerdo el primer día de clase: me dijeron que eligiera un sitio para sentarme donde quisiera, pero todos me miraban raro, con esa mirada que decía “a mi lado no te sientes”. Al final, me senté junto a la chica que peor me miraba… y resultó ser mi primera amiga. Aun así, pasé mucho tiempo sintiéndome fuera de lugar. Había pocos extranjeros en el pueblo, que además era muy pequeño y apartado. Todos se conocían, y los niños nuevos, sobre todo si venían de otros países, solían ser un poco rechazados.
¿Has sentido que con el tiempo te has ido alejando de tu identidad original, o la llevas contigo de otra forma? - Cuando empecé el instituto, tuve que alejarme de mi identidad para “sobrevivir”. Comencé a adoptar el acento del pueblo y quise parecer lo más española posible. Hablaba español en casa y me sumergí mucho en la cultura española. Supongo que fue un mecanismo de defensa para dejar de ser rechazada. Hasta hace poco, siempre decía que era más española que polaca por los años que llevo viviendo aquí… pero ahora me doy cuenta de que soy ambas cosas. Estoy volviendo un poco a la cultura polaca, a la música que escuchaba de pequeña, y hace 15 años que no voy a mi país, pero están despertando en mí ganas de visitarlo de nuevo.
¿Has vuelto a tu país desde que te fuiste? ¿Cómo fue? - Sí, una sola vez, después de estar seis años fuera. Fue bastante sanador volver a mi casa, a mi barrio, y pasear por mi ciudad. Algunas cosas habían cambiado, pero otras seguían más o menos igual. Incluso quedé con mis mejores amigas de la infancia. Aunque nada fue igual entre nosotras. Ellas estaban bastante distantes conmigo. Quedamos con más gente y, la verdad, lo pasamos bien, pero se notaba cierta frialdad. Habíamos quedado en que me llamarían para vernos otra vez durante mi estancia, pero no volví a saber nada de ellas. Fue triste para mí porque antes pasábamos todo el día juntas, y cuando me fui a España nos escribíamos… pero al verlas sentí como un rechazo hacia mí.
🧠 Reflexión con el paso del tiempo
¿Crees que tu historia como extranjera te ha hecho más fuerte o más sensible? - Las dos cosas. Me ha hecho fuerte porque no tuve otra opción, tuve que serlo. Pero también más sensible, o más bien empática, porque para una niña es muy duro dejar atrás todo lo familiar y cambiar por completo de entorno. Ahora entiendo perfectamente a las personas que llegan a un lugar nuevo y empatizo mucho con ellas.
¿Cómo ha cambiado tu visión de lo que significa "hogar"? - Para mí, el hogar es donde está mi familia. Ahora toda mi familia está conmigo en España. Si volviera a Polonia, ya no se sentiría como un hogar sin ellos. Recuerdo que con 20 años me fui a Inglaterra a buscarme la vida sola. Aguanté un año, pero sin mi familia fue imposible ser feliz.
¿Hay algo que te hubiera gustado decirle a tu "yo" de niña en aquel momento? - Que siga siendo ella misma, que siga haciendo siempre lo que le gusta. Que no cambie su personalidad solo para encajar con los demás. Que es mejor ir sola por la vida pero fiel a sí misma, y que llegará el momento en que encontrará a alguien con quien compartir sus gustos. Es mejor así que cambiar para caer bien, porque poco a poco te vas perdiendo a ti misma, y al final ya no sabes quién eres.
Después de 20 años, ¿te sientes más de un lugar o de otro… o de ninguno? - Antes mencioné que, hasta hace poco, me sentía más española que polaca. Pero ahora siento que soy ambas cosas. Nunca olvidaré mis raíces y mi infancia, que fue muy bonita a pesar de algunas situaciones típicas de la Europa del Este en aquella época. Pero también adopté muchas costumbres y cosas de aquí, y lo hago con orgullo.
💌 Mensaje final
¿Qué le dirías a alguien que acaba de llegar a un nuevo país, como tú lo hiciste entonces? - Le diría que comparta cosas de su país, de su cultura… Creo que todos deberíamos compartir las costumbres de nuestros países y aprender unos de otros. Somos tan diferentes, pero al final siempre encontramos algo en común. Y que nunca olvide de dónde viene, que se sienta orgulloso de sus orígenes.
¿Qué has aprendido sobre ti misma a lo largo de estos 20 años lejos de tu país? - • Durante mucho tiempo dejé de ser yo para poder encajar. Adaptarme significó apagar partes de mí, cambiar para sobrevivir en un entorno que no me comprendía. Solo con los años empecé a reencontrarme y recuperar a esa niña que fui, la que había silenciado sin darme cuenta. • Que tengo raíces profundas, aunque estén lejos. No importa dónde viva, una parte de mí sigue conectada con mi tierra, mi idioma, mi infancia. • Que puedo construir hogar en otros sitios. Que el “hogar” no es solo un lugar físico, sino las personas, los momentos y la paz que voy encontrando. • Que la identidad no es una sola cosa. Soy una mezcla: de lo que fui, de lo que me traje conmigo, y de lo que fui recogiendo por el camino. • Que sentirse fuera de lugar también enseña. Enseña a mirar la vida desde varios ángulos y a construir tu propio espacio, incluso cuando no encajas del todo.
Espero que hayas conectado, aunque sea un poco, con mi historia. Ahora mi hogar está en España, pero Polonia estará siempre en mi corazón.
Y nunca se sabe a dónde me llevará el destino en un futuro.
















