Vengadores (El retornado)
"En el pináculo del poder, de la existencia misma, todo pierde sentido para el guerrero más fuerte"
Los años de travesía pasaban la cuenta en su demacrado cuerpo, las múltiples batallas habían dañado tanto su psiquis, que los enemigos aparecían por todos lados. En el constante combate mental, un cuerpo alerta las veinticuatro horas y la alimentación deficiente, forjaron desde el guerrero mediocre, a un veterano de mil batallas.
Con la experiencia adquirida y sin un rumbo claro, creó su propia filosofía de vida, una donde dando lo mejor de sí, no tendría nunca arrepentimiento alguno en morir en batalla, fue entonces cuando encontró la senda apropiada, la ruta de la batalla.
Se embarcó, en solitario, en audaces campañas, exponiendo su experiencia y vida en cada trabajo, ganando admiración y reputación en su proceso. Día tras día, año tras año, fue forjando su nombre en batallas, creando el rumor en sus adversarios que "el viejo forastero" estaría en la batalla. Muchos pelearon a su lado y perecieron en guerras olvidadas y otros, admirando su valor y perseverancia, decidieron seguir el camino de aquel extraño hombre.
Dentro de aquellos guerreros destacaban Ed, el del mazo grande y Juanma de la daga silenciosa. Poco a poco se unían a las mismas batallas del viejo, peleaban a su lado y protegían sus flancos cuando éste se lanzaba a lo loco al campo de batalla. Disfrutaban de ver sus masacres, como si una especie de nostalgia los invadiera y sedujera hacia él. El viejo lo sabía, pues no era primera vez que se topaba con ellos.
El renombre del anciano crecía, sus logros en batallas a poca escala, iban captando la admiración de novatos y aunque no formase ningún grupo de mercenarios, su estilo de batalla los atría fuertemente.
Así a los nombres de Ed y Juanma, se sumaron los de Dani de las manos veloces, Rogger el loco, Rigardo el corazón de léon y Victoria la dama de la fortuna.
Con un grupo ya formado de constante luchadores, el vejestorio comenzó su plan de batalla. Los convocó a todos en una taberna y les propuso lo siguiente.
-Me ahorraré la cortesía y las presentaciones. Hemos estado en numerosas batallas juntos y confío plenamente en vuestras habilidades, pero ustedes sólo han visto mi faceta y hoy les presentaré mi corazón- Señaló el abuelo mientras extendía sus manos sobre la mesa.
-Mi lucha no tiene un fin, es una batalla constante contra la injusticia y la búsqueda de venganza, venganza de una historia que ustedes también fueron parte, pero que, por azares del destino, sólo yo recuerdo. Llámenme un viejo loco, pues de cierta forma lo estoy, pero quiero compartir con ustedes, esta nueva campaña contra el mal que pulula en este reino-
El viejo los miró uno a uno, esperando alguna reacción a sus palabras, pues estaba siendo lo más sincero que podía, sin caer en la burla de un ebrio hablando payasadas. Las gentes le oyeron con cautela, pues en cada uno de los guerreros, algo resonaba con verdad. ¿Eran las palabras de aquel viejo una simple joda o una especie de faro que encaminarían sus destinos?
-Formaré un clan llamado Enemys, seremos enemigos de todos aquellos que se atrevan a desafiar nuestros ideales, honor y gloria, dinero y poder, la banalidad no cruza nuestras mentes ni domina nuestros corazones, nosotros luchamos porque esa es nuestra razón de ser y en el fondo, cada gladiador de esta mesa lo sabe. Hay algo que buscamos en las batallas, una parte de nosotros que se encuentra perdida entre espadas magulladas y escudos rotos. En el fulgor de la lucha, en el sudor helado de no saber si regresaremos con vida, en cada uso de nuestras armas, vamos ganando haciendo nuestro camino. Todos comenzamos en distintos lugares, pero créanme, que vamos todos a la misma dirección-.
Algunos de los personajes en la mesa, no pudieron soportar una nostalgia en sus entrañas, Ed soltó un par de lágrimas mientras las camuflaba comiendo un pan. Juanma asintió escondiendo una sonrisa con su capucha. Victoria lo miró con firmeza y le preguntó
La pregunta le nació del inconsciente, como si de un recuerdo de otra vida se hubiese manifestado. Sorprendida incluso con su pregunta, esperó la respuesta del abuelo.
En la mesa un silencio incómodo se presentó y aunque la mayoría conocía la respuesta, esperaron las palabras de la boca del señor.