Una discusión, en eso se había convertido aquello, y es que Poseidón había perdido la cabeza ¿cómo iba a pedirle algo como eso a Kanon? Bueno, al final sólo había tenido que “ordenar”, y como buen marina, no podía denegarse a una orden, pero estaba más que claro que el dragón marino no estaba contento con aquello.
Ir a la superficie nunca fue problema para él, eso hasta hoy, y es que lo que le habían ordenado hacer era “vestirse de modo formal”, pues acompañaría como guardia a “Julian” para una especie de reunión. Kanon jamás había portado ropas tan elegantes, no tendría molestia si se trataba de su armadura, incluso podría ir con todo y casco para que nadie le reconociera, pero no, Poseidón quería que usara un smoking, corbata, chaleco, saco, camisa, en fin, todo el disfraz entero. Ni mencionar las horas que tardaron en vestirle, y es que habían tenido que salir de los mares con MUCHA anticipación; encontrar ropa de la talla de Kanon no sería nada fácil. Horas pasaron, pero al final lograron hacer que el griego se viera bien, bastante bien a decir verdad, aunque la incomodidad que él sentía no se comparaba con nada.
Cualquiera que viera a Kanon en ese momento quedaría sorprendido. Un traje oscuro, zapatos lustrados, camisa bien falcada, cinturón a juego con el calzado. Un chaleco debajo del saco y una corbata que acompañaba todo el conjunto. La verdad el gemelo tenía porte y gracias a un buen regaño - orden - que le dio Poseidón por al menos lucir “tranquilo” y no querer matar a nadie, Kanon tuvo que hacer caso. Así que se presentaron en aquella mansión, siempre se mantuvo unos pasos detrás de Julian, sólo observaba al rededor de manera tranquila, su semblante se veía serio, ignoraba todas las demás miradas y es que, hasta ahora, era el más alto del lugar.
Claro que Julian omitió un muy pequeño/GRAN/ENORME detalle, Saga iba a presentarse en ese lugar también. Y no, aun no lo había visto pero algunos de los señores comenzaron a hablarle dirigiéndose a él como “Saga” y Kanon no tenía más que hacer más que negar, explicar que él no era aquel. Seguro la gente conocía bien a su hermano y por eso le hablaban, una pena que no se encontrara ahí aunque… cuando pareció verle, el semblante de Kanon cambió totalmente, ahora sentía esas ganas de que se abriera un portal al mundo marino y le tragaran de regreso a su pilar. ¿Era su imaginación o hacía más calor?
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Saga ya tenía en la agenda la reunión desde hacía más o menos dos semanas, dos días antes fue a la tienda a comprar un traje y que de paso, se lo ajusten un poco, así que cuando llegó el día sólo al salir del trabajo fue a casa y se ‘arregló’.
Su traje es más casual, de tartan, con cuadros grises y algunas líneas azules que resaltan un poco pero no tanto porque son muy finas y se pierden ligeramente con el tono de la tela, y como o dicho, es una cena casual, se da la licencia de llevar el saco abierto, aunque igual lleva el chaleco.
No deja de ser un varón medio despreocupado así que a lo mucho se pasó el cepillo por la cabeza y se hizo una coleta alta, que de poco servía porque parte del pelo del fleco quedaba fuera y su melena era ya lo bastante larga como para aun yendo atada, le llegase hasta casi las nalgas. Quizá deba recortarlo un poco.
Pero al final, más allá de ponerse la loción o el antitranspirante es lo único que hace, detesta todo este tipo de asuntos así que mientras menos tiempo le tome el vestirse –Tanta ropa le agobia.- y medio adecentarse, mejor.
Cuando llegó, la primer señal extraña fue un: ‘Señor Saga, le acababa yo de ver hace un momento y me pareció que traía otra ropa’ de parte de una señora cuyo nombre no recordaba pero sí su rosto, es de esas clásicas mujeres que van sólo a enterarse de los nuevos cotilleos con otras señoras ricas.
Y luego vienen más saludos que provienen de personas que enuncian cosas por el estilo, de hecho, ya puede que se sienta medio intranquilo y de forma inconsciente busque a su hermano entre los asistentes, aunque no tarda en encaminar sus pasos a una dirección concreta y pronto una melena que conoce perfectamente sobresale de entre todo el gentío -Más que su hermano es tan alto…- así que pronto está plantado frente a él, es como si la energía que Kanon emana le atrajese.
Lo repasa de arriba abajo con la mirada, maldito, luce tan bien, aunque lo prefiere sin duda con menos ropa, con mucho menos ropa, así luce mejor. — ¿Debo asumir que no estás aquí tratando de suplantarme?
Le pregunta medio en broma medio en serio, con su cara seria de siempre y ese tono de voz tan grave que pareciera que está dando las peores noticias en la vida de Kanon, suerte que su gemelo le pueda leer bien, o estarían en problemas; luego repara en otra persona, un sujeto que le provoca desde ya una sentimiento hostil que disfraza con un saludo cortés más no el que se espera de alguien que está frente a un Dios, aunque ahí, hay bien poco del rastro de la presencia de Poseidón. — Qué sorpresa, veros aquí, sobre todo usted, señor Solo, quien pocas veces acepta las invitaciones a estos eventos.
Un ‘¿Te mandaron de niñero?’ resuena directo al cosmos de Kanon proveniente del de Saga quien desde YA se divierte, al menos con la incomodidad de su hermano, porque se nota que esto gracia no le hace.
– ¡Saga! –
Le dice como quién está sorprendido, la verdad no esperaba que su hermano se le acercara, es más, él estaba intentando huir de su gemelo.
– Suplantarte no está en mis planes, esta vez vine por algo... diferente.
Y al decirlo, fue cuando el Dios de los mares, aquél por el que había llegado se presentó haciendo un pequeño gesto, como esos que dicen “no me quedó de otra”.
Para Kanon, en cambio, un gruñido salió de su garganta al escuchar aquello, una mirada fulminante se posó sobre su gemelo y esperó que el dios dijera aquello como “Los dejo un rato...a ver si así Kanon gusta más de estar en este lugar ahora que su hermano está aquí. ”
Y bueno, es que mencionar aquello sobre el drama entero que había hecho para ir, era otro punto. Cuando Julián se alejó, Kanon regresó la mirada a su gemelo.
– No soy niñero de nadie, fue una órden como marina que protege a su Dios. ¿Y tú? ¿Vienes de secretaria de Athena?
Aquello lo soltó con una sonrisa en broma, antes de empujar ligeramente a Saga ocupando su hombro, sólo como un saludo, o un gesto.
– Creo que todos estaban esperando por ti, me saludaron gente creyendo que era tú, tuve que explicarles que no era pero... ya sabes, como que no me creían. –
Lo último le salió con una risa, pues ahora, mucha gente se detenía para verlos, ambos ahí, juntos, bien vestidos y charlando de manera tranquila podían pasar como la atracción principal del lugar, algo que le ponia los nervios de punta al Dragón Marino.











