Christine se había desviado de su camino al reconocer a lo lejos al contrario (¿Cómo no hacerlo si se trataba de su hijo? *????*), sin dudar ni por un segundo en acercarse hacia él para poder saludarle. Lo único fue que, en cuanto reparó en la esplendida casa de acampar del contrario, tuvo que hacer un esfuerzo para no poner una mueca.- Esto… -Lo mejor sería darle su opinión sincera, pero tenía que dar con las palabras adecuadas…- No quiero decir ninguna mentira piadosa… -admitió un tanto apurada.
La Hufflepuff dio un par de pasos hasta situarse a su lado, dándole una palmadita amistosa en la espalda.- ¿Quieres que te ayude? -le propuso, recuperando la sonrisa.- Puedo asegurarte que tengo practica, aunque pueda no parecerlo.
Le sonrió a la jefa de Hufflepuff a la que le tenía mucha simpatía y cariño... Pero también respeto. El mismo respeto que podría tenerle a su madre, compaginado con un poco de miedo a decepcionarla. Y ahora mismo se sentía así... Enseñándole a su madre un fallido proyecto manual para clase. Agachó la cabeza cohibido y se encogió de hombros, no demostrando el orgullo y amor propio que solía con el resto de gente. -¿Tan mal ha quedado...?
-Nae... Negó con la cabeza suavemente y alzó la mirada hacia su casa de acampar. Era un desastre. -La arreglaré yo mismo... Para que luego puedas sentirte orgullosa de mí. Bromeó con una sonrisa ladeada y señaló la puerta. -Dentro se está mucho mejor... Y más aún con el whisky escocés que tengo. ¿Quieres entrar para charlar un poco?

















