Como de costumbre estaba en el suelo, dándole vueltas y vueltas a toda la situación que aún no lograba comprender y peor aún, seguramente las explicaciones estaban dentro de la carta, pero no tenía los huevos suficientes para enfrentarse y leerla, pues no quería quebrarse más. De pronto, una visita inesperada se adentró a su habitación, era un Kiran decidido a hablar con él. Y cuál niño, lo cargó entre sus hombros y lo llevó al jardín de la casa, teniendo la piscina de frente, y al menos sabría que eso lo tranquilizaría de golpe. “Pues que se ha ido, joder. Se ha fugado con el hijo de puta de Samuel y ni si quiera sé por qué. Habíamos preparado una conspiración contra mi padre, y mira quién terminó llevándosela, de verdad que aún no me la creo”.
Kiran escuchó atentamente y reconoció aquel tono, y no podía recordar la última vez en que pudiera entender mejor los sentimientos de otra persona. La empatía hizo que deslizara uno de sus brazos alrededor del cuello del azabache, y con un asentimiento pensó en lo que podría decirle. “Mira chaval, te lo voy a ahorrar todo. No va a haber una razón lo suficientemente fuerte como para que vaya a entrar en tu cabeza todo lo que pasó. No importa lo que diga la puñetera carta, no importa lo que ella misma en persona te pueda decir; la traición y el desasosiego que sientes en estos momentos nada ni nadie te lo va a poder quitar. Lo primero que tienes que hacer es aceptar tu situación, lo que estás viviendo y la serie de circunstancias que los llevaron hasta esto. La suya ha sido una historia irrepetible, llena de agujeros negros en el camino y no ha sido una sola vez la que han pensado que su relación llegaría a su fin, pero noto algo diferente en ésta ocasión. Tu espíritu te ha abandonado”. Resumió mientras pedía a uno de los sirvientes que trajera un par de cervezas, a lo que fue atendido inmediatamente. “Piensa en lo que sientes en éstos momentos, en lo que quieres que suceda, y en lo que está en tus manos resolver. Si todo coincide, actúa. Si es todo lo contrario, déjate respirar, y sigue. Tú y yo sabemos la clase de mujer que es, conocemos sus fuerza, su vulnerabilidad y su deseo por ser libre. Sabemos que no necesita de nadie que venga a pintar su mundo de colores, ella por sí misma es una obra maestra, y sólo necesita a alguien que la lleve por donde va el viento, que la entienda, que la escuche. Es una loca sin sentido. No quiere que nadie la controle. Porque ni ella misma sabe hacerlo a veces. Ella me enseñó, que a veces el truco de la perfección, se encuentra, en los verdaderos desastres universales. Como el que estás pasando tú, colega. Cierra los ojos, y encuentra lo que le de paz a tu corazón”.