No title available
todays bird
official daine visual archive

Origami Around
Sweet Seals For You, Always
Three Goblin Art
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Not today Justin

oozey mess
YOU ARE THE REASON
Sade Olutola
macklin celebrini has autism
cherry valley forever
ojovivo
Jules of Nature
RMH
Lint Roller? I Barely Know Her

JVL

Janaina Medeiros
seen from France
seen from Philippines
seen from United States
seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from Saudi Arabia
seen from Türkiye

seen from United States
seen from Iraq
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia

seen from United States
@ladysensitive
Estábamos discutiendo. No recuerdo por qué. Capaz por una pavada. Capaz por algo importante. Pero me acuerdo perfecto de que levantó la voz, de que yo me puse a la defensiva, de que el ambiente se volvió tenso. Frío… y a la vez ruidoso.
Él estaba manejando, y pese a estar enojado, exponiendo su punto, lo primero que hizo fue tocar mi cinturón de seguridad para asegurarse de que lo tenía puesto. En ese gesto se resume el cariño.
Y cuando vio que no, estiró el brazo y me lo puso. Sin decir nada. Todavía enojado. Pero cuidándome. Y yo ahí entendí algo que me quedó marcado.
Que a veces el amor no se grita, no se escribe, no se sube a Instagram. A veces el amor es ese gesto mínimo, ese reflejo automático de protegerte incluso cuando estás molesto, herido o decepcionado. Incluso cuando no estás seguro de si mañana vas a seguir queriendo.
Es como ese meme del tipo enojado con su pareja, sentados en un banquito, bajo la lluvia. Él con cara de culo, pero sosteniéndole el paraguas igual para que ella no se moje.
Ese es el amor que más me conmovió. El que no deja de cuidarte aunque esté dolido. El que no desaparece cuando discutís. El que no se olvida de tu seguridad, ni siquiera cuando su orgullo está en juego. Ese amor. El que me enseñó que hay enojos que también abrazan.
Fer
No hubo un "hola" tímido. Ni un tanteo ni protocolo. Desde el primer mensaje, ya nos hablábamos como si fuéramos reincidentes. Como si nos debiéramos un amor pendiente de otra vida.
Saltamos etapas, quemamos reglas, rompimos esquemas. Todo fue demasiado: Demasiado pronto para sentir tanto. Demasiado intenso para ser real. Demasiado sincero para dos desconocidos. Demasiado insólito como para llamarlo “flechazo” y quedarnos tan campantes.
Era como si el universo hubiese estado esperándonos. Y apenas nos cruzamos, explotó. Y sí, nos apuramos. Pero no porque quisiéramos correr, sino porque el alma reconoció el terreno, y el cuerpo solo se dejo llevar.
Fer
La persona correcta te va a demostrar que no pedías demasiado.