“¿Por qué esa pregunta fue hecha casi como una afirmación?” preguntó algo que debió quedarse en su cabeza, sin embargo, decidió que lo más conveniente era que su acompañante no entrase en pánico, y le dedicó una sonrisa. “Pero sí, la verdad es que sí, vamos por el camino correcto,” o eso esperaba, pues no veía nada que pudiese confirmar sus palabras. Simplemente rió cuando el tema volvió a tocarse, no hablaba en serio, no completamente. “En algún momento tenemos que hacer una fogata, ¿no? O moriremos congelados por la noche. ¿Sabes hacer una fogata sin encendedor y esas cosas? Porque no tengo idea,” admitió, y tampoco se creía con la paciencia suficiente para frotar dos rocas hasta que el fuego naciera. “Es por si, de casualidad, nos perdemos. Creo que si somos dos vendrán por nosotros…” chasqueó su lengua, planteando la posibilidad que ahora se veía bastante latente para el británico.
—Porque creo que acabo de cometer el error de confiar ciegamente en ti —respondió entretenida, siendo honesta al respecto. Había confiado en que el campista tenía todo bajo control y sabía exactamente hacia donde los estaba guiando, y por ello se había permitido distraerse lo suficiente como para ella misma desconocer por completo en dónde se encontraban.— Bien, entonces no fue tanto como un error. ¿Y nos queda mucho para llegar? —alzó la mirada hacia el británico, esperando que la respuesta fuese la que estaba deseando oír. El que deseara un descanso indicaba que ni siquiera con ese par de energías extras era capaz de sobrellevar la situación de la mejor manera. El calor y la humedad se aliaban para hacer del ejercicio físico algo verdaderamente agobiante.— He visto tutoriales en internet durante alguna noche de evadir la tarea, pero nunca lo he puesto en práctica. ¿Cómo es que te has robado tantos cigarrillos y ni siquiera un encendedor? —frunció levemente el entrecejo, pues hasta entonces había asumido que el campista contaba con uno.— Quizá deberíamos caminar hasta encontrarnos con otro grupo.












