Contrastes.
Published: April 2014, Vita Latina Magazine
Vivo en una ciudad de contrastes marcados. Sin tener que explorar demasiado, Miami te ofrece vistas desacordantes de lo novedoso con lo primitivo, de lo turístico con lo rutinario, de lo que vibra con lo que hace mucho tiempo dejó de palpitar. Hasta las nubes densas y grises tienden a dividirla en dos en su búsqueda constante por desentonar con el brillar del sol. Es como si no quisieran que los habitantes de tan ostentosa metrópoli se olvidasen de la marginación que aún empapa muchos de sus rincones. Son las olas de individuos que no forman parte del glamour de las costas por las cuales se le conoce.
Un Ferrari a toda velocidad acelera al pasar una esquina, la misma esquina donde un viejo indaga en el basurero; probablemente busca un poco de comida, aunque en el fondo quizás simplemente quiere encontrar una pizca de esperanza, una pequeña señal de que la prosperidad no va a ser por siempre inalcanzable. La vida dura se le nota en los párpados que descansan pesados sobre sus ojos cansados, tal vez de cierta forma lo cobijan de la realidad. Su realidad no debe ser fácil de asimilar.
Al cruzar la calle, una mujer mayor con un carrito de compras saturado de todo excepto nuevas adquisiciones se mueve incesantemente en círculos. Sus ropas parecieran pertenecerle a una chica de 8 años, y ajustadas, no logran cubrir sus brazos larguruchos, con arrugas tan marcadas que asemejan el relieve de la arena tras el ir y venir del mar. Cuando se detiene después de su persistente rondar, se queda inmóvil, chueca, como un árbol cuyo destino no revelaba una existencia libre de curvas. Pobre mujer. A pesar de moverse constantemente, tal vez nunca llegue a ningún lado.
Lamentablemente, no me sorprendería que esté en busca de drogas. Me ha tocado ya varias veces ver pequeños grupos de personas deambulando, esperando ser atraídos como imanes a otros que se les parezcan. Al toparse, se condensan formando un redondo capullo que al pasar algunos minutos explota como floreciendo rápidamente en distintas direcciones. Aquellos seres que se disparan ya no parecen humanos, se mueven con la energía y el vigor de algún animal salvaje.
No sé si sea triste o no, malo o bueno, que uno no necesariamente tenga que adentrarse en lugares recónditos para descubrir un mundo oscuro, ese que a pesar de su tenebrosidad existe en plena luz. Pero mientras algunos humanos fantasmales batallan en su día a día, hermosas palmeras siguen proporcionándoles la sombra suficiente para no ser notados por aquellos que portando sus gafas oscuras y conduciendo autos convertibles, se dirigen hacia su próxima destinación, hacia su futuro. Ese mismo futuro que contrasta con el eterno presente de los que viven permanentemente en las tinieblas.














