Conociendo a... David y Daniel Puche (El despertar del ángel caído)
En vuestra novela El despertar del ángel caído habláis de estas figuras mitológicas como una metáfora, ¿qué es lo que queréis transmitir?
Se trata de una metáfora, en efecto. La Caída es un concepto teológico y filosófico (incluso desde planteamientos agnósticos) muy rico y lleno de connotaciones. La caída de los ángeles (Lucifer), la caída de los hombres (Adán y Eva). Sea como sea, para nosotros simboliza la propia condición humana; el estar arrojados del “estado de gracia” (o Tao, o Nirvana, etc.; llámese como se quiera) en que consiste nuestra existencia. No ser lo que uno es. Estar perdido, desorientado, en un sentido metafísico. No ser dueño de uno mismo ni del propio destino. Los ángeles caídos son en nuestra novela los auténticos seres humanos (como en Blade Runner lo son los replicantes), con todo lo bueno y malo que ello representa. La rebeldía, el ansia de libertad, pero también la maldad, la arrogancia, la corrupción.
Los ángeles caídos son en nuestra novela los auténticos seres humanos
Decís que vuestra novela trata los ángeles caídos de una manera muy diferente. ¿Cómo se les trata normalmente y qué tiene de distinto en vuestra novela?
Hemos huido de los arquetipos que dominan el género, dirigidos claramente a un público infantil o adolescente y con un carácter marcadamente romántico (en general, Crepúsculo con ángeles caídos). Y un cierto temor que tenemos es que crean que nuestra historia es “una más” de ese género. No es que no pueda gustar a los adolescentes, vaya por delante; creemos que sí, y mucho. Pero no sólo pretendemos atraer a ese público, sino también al adulto. Por eso no queremos caer en tópicos que muchas veces insultan la inteligencia del lector (y es lo que se suele hacer con los jóvenes). Hoy también hay una gran influencia del manga con la que tenemos muy poco que ver. Es algo generacional; nuestros caídos no tienen alas, ni largos flequillos rebeldes que les tapan los ojos, ni pelean entre una lluvia de pétalos de cerezo. Son personas, simplemente. Personas que descubren que pesa sobre ellas una maldición por algo que hicieron en el origen de los tiempos y que ya ni siquiera recuerdan. Malditas por algo que no son conscientes de haber hecho. Ésa es la metáfora de la condición humana a la que nos referíamos antes.
No queremos caer en tópicos que muchas veces insultan la inteligencia del lector
Sois hermanos y escribís este libro juntos, ¿es el primero que hacéis así? ¿Cómo lo hacéis?
Sí, es el primero, aunque hemos escrito muchos relatos, pero nunca algo de esta envergadura. La verdad es que es costoso. La parte interesante, divertida, es concebir la historia, los personajes, el trasfondo, solucionar los problemas que surgen; luego, cuando tenemos un esquema desarrollado, hay que ponerse a redactar, y ahí vienen los problemas. Escribir es muy difícil, y hacerlo a cuatro manos no lo facilita, al contrario. Hay que unificar constantemente el estilo, la coherencia de forma y contenido, revisarlo y reescribirlo todo una y otra vez… Es un proceso largo y requiere una enorme cantidad de trabajo y paciencia. Pero es esencial que el texto “suene” bien, que tenga cierta musicalidad.
El despertar del ángel caído es la primera parte de una trilogía, ¿por qué decidisteis articular esta historia en tres partes?
Sencillamente, porque no nos daba con una (que era el proyecto inicial, mucho más sencillo). Esta primera entrega es la presentación de los personajes y del mundo que hemos creado. Surgió de esa necesidad, porque íbamos a abordar directamente sucesos que ocurrirán más adelante; pero nos dimos cuenta de que no podíamos hacerlo sin dicha presentación. Así que tuvimos que anteponer a lo que teníamos pensado una “precuela”. Esta primera parte, que es autoconclusiva, es dicha “precuela” a la historia que concebimos inicialmente. El material que tenemos planificado y parcialmente desarrollado da para un total de tres, quizá de cuatro entregas. El propio desarrollo de la historia y los personajes lo exige.
Esta primera entrega es la presentación de los personajes y del mundo que hemos creado.
¿Qué supone escribir para vosotros?
No vamos a decir que nos resulte fácil ni divertido. Mentiríamos. Es difícil, tortuoso, agotador. Cada párrafo cuesta mucho esfuerzo, no digamos cada página… y la novela tiene más de seiscientas. ¿Por qué lo hacemos, entonces? No es por placer, desde luego. Más bien por compulsión. Es algo que no podemos evitar. Una especie de fatalidad. Hay que sacarse esas ideas de la cabeza, de lo contrario se “atascan” y no te dejan pensar, te obsesionan. Hay que exorcizar esos demonios, y sólo puede hacerse plasmándolos en el papel. Freud veía en la producción artística la sublimación de una neurosis. Alguna razón tenía, desde luego. Digamos que es para nosotros una forma de catarsis. Dolorosa pero necesaria.
¿Cuáles son vuestras influencias?
Muchas, y muy variadas. En cuanto a las literarias, la novela negra clásica, sobre todo Hammett y Chandler, que nos proporciona el “escenario” en que ambientar la historia. Luego viene lo sobrenatural y el terror, y ahí entran en juego Poe y Lovecraft, sobre todo. También Anne Rice. Y cómo no, los clásicos de los que bebe nuestra novela: el Prometeo encadenado de Esquilo, El paraíso perdido de Milton, el Fausto de Goethe, la obra de William Blake, Los demonios de Dostoievski… Pero también está el cine: Blade Runner, que ya hemos mencionado; el Drácula de Coppola, la estética de El Cuervo, Calles de fuego o Días extraños… Son tantas cosas… Del cómic, sin duda Alan Moore. Y no podía faltar nuestra formación filosófica, que impregna la novela y le da el fondo metafísico que creemos que otras historias de este género no tienen: Platón, Spinoza, Kant… y Nietzsche, por supuesto.
¿Cómo os sentís ante la perspectiva de tener publicado vuestro primer libro?
Muy emocionados. Nerviosos, de hecho. Es parecido a un parto, aunque tampoco hayamos tenido esa experiencia, claro. Ver cómo el fruto de tu trabajo de varios años acaba en las manos de los lectores y éste adquiere así sentido es tremendamente gratificante. Y casi podríamos decir que evita que te vuelvas loco, que es lo que puede llegar a pasarte si sólo escribes para ti mismo. Los demás tienen que verlo, tienen que hacerlo real. Esa comunicación con el lector es indispensable para que haya ese diálogo abierto que es la literatura.
Ver cómo el fruto de tu trabajo de varios años acaba en las manos de los lectores y éste adquiere así sentido es tremendamente gratificante.
¿Por qué habéis decidido apostar por el crowdfunding para publicar este libro?
El negocio editorial tradicional está en un momento muy malo. Prácticamente paralizado. Se siguen publicando muchos libros, sí, pero sólo de los autores que están ya dentro del circuito literario. Si eres conocido publicas, si no es casi imposible. Un círculo vicioso que, creemos, sólo juega en contra de la propia industria, pues le impide oxigenarse, impide que entren nuevos autores y perspectivas. El futuro está en otros modelos empresariales, mucho más ágiles, mejor adaptados a la sociedad de la información, más cercanos tanto al autor como al propio lector.
¿Qué creéis que puede aportar a vuestra novela?
Una interacción muy interesante. La campaña lo está demostrando; cuando escribes no piensas en lo que harás cuando tengas la novela acabada y en la mano. Pero ese día llega, y hay que moverla, hay que llamar la atención del lector; esa parte del proceso que desconocíamos es la que ahora nos está sorprendiendo. Resulta casi más duro que escribir, pero te permite saber lo que la gente quiere, la demanda real que hay, y por tanto a definir mejor tus enfoques, tus prioridades, de cara al trabajo inmediato. Te ayuda a conocer mejor el propio oficio de escritor, en una época en que se está transformando realmente muy deprisa, como cuando en el siglo XIX se pasó del folletín a la novela editada como tal. Vivimos cambios similares, y como autores, hemos de tomar el pulso a esa realidad.
Si quieres que El despertar del ángel caído se haga realidad, sólo tienes que acompañarnos por aquí.