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F A M I L I A A L O N S O
— Papá, ¿puedo preguntarte algo? — Dime. — Tiago es adoptado, ¿cierto? Porque Fer me dijo que cuando era niño vio como lo recogían del basurero, algo verdaderamente asqueroso por cierto. Digo, ¿cómo recoges a alguien del basurero a sabiendas de que está lleno de gérmenes y bacterias? Totalmente asqueroso. Además, el otro día vi una de las películas del amigo de mamá y ahí mostraban que primero tenías que ponerte un traje especial y guantes y una mascara y...¡Deja de molestar, Tiago! — Juro que no estoy haciendo nada, papá. Lo juro. Y Lily está hablando demasiado como siempre y tengo hambre, ¿cuando estará lista la cena? — La pizza debería de llegar en cinco minutos, hijo. — ¿Vamos a comer pizza toda la semana? Porque mamá te dijo que no podíamos. Ya sabes, porque esta en esa extraña dieta que nos hace hacer a todos y si se entera de que no la seguimos en todo este tiempo que estuvo grabando dudo que después me deje ver las series de doctores en dónde hay mucha sangre. Y sabes que me gusta ver eso, especialmente porque a Fer no le gusta y cada vez que la veo dice que tiene ganas de vomitar lo que es genial porque... — Lily, cariño. — ¿Sí? — Si te dejo ver el programa ese hasta las ocho, ¿prometes decirle a mamá que seguimos con su dieta? — Bueno. — ¡Hey, no es justo! ¿Por qué Lily puede tener privilegios y yo no? ¡Oh por Dios! ¿Es verdad que soy adoptado? Papá, ¿por eso a mi no me quieres tanto? ¿Papá? — Oh, joder. — Te lo dije, Tiago. Fer no miente.
23 de noviembre de 2002, Nueva York.
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Colocó el libro en su lugar, lo había terminado hace poco, recomendado por uno de sus profesores, se dijo a sí mismo que jamás aceptaría otra propuesta porque aquel habías sido simplemente bazófico. Estuvo a punto de retirarse cuando la chica pidió aquello, se volteó y una sonrisa burlona apareció en sus labios. —Eres una enana.— Soltó aquello en broma y se acercó, extiendo su brazo y tomando el libro sin problema. —Toma.— Se lo dio a ella luego.
— ¡Hey! —exclamó, frunciendo levemente su ceño mientras lo observaba con falsa molestia. — Tiene sus ventajas ser una enana. —comenzó a decir a la par que el moreno realizaba la acción que la chica le había requerido.— Ya sabes, puedo caer en lugares pequeños, soy abrazarle, no tengo problemas en encontrar ropa de mi talla y, un sinfín de cosas que en estos momentos no se me ocurren pero que son mucho mejor que ser un gigantón como alguien a quién estoy observando en este preciso momento. —comentó, aún desafiándolo con la mirada pero sin quitar esa característica sonrisa divertida que la castaña poseía. — Gracias. —se limitó a decir, recibiendo el libro en cuestión para después golpear sutilmente al joven con el mismo.— Eso fue por burlarte de los de mi tamaño. —explicó, sacándole la lengua para luego soltar una leve carcajada ante su infantil comportamiento.
Y así como la castaña llevaba un par de minutos intentando alcanzar el libro, Ambrose llevaba ese mismo número de minutos mirándola desde una prudente distancia, riendo en voz baja al ver sus fallidos intentos. Al final, terminó por acercarse, con una expresión divertida en sus labios. —Yo creo que mi buena acción del día para la mayoría estaría en mantenerte así,— inició, antes de dedicarle una nueva mirada y alzar el brazo para tomar el libro indicado. —Había más de un pervertido viéndote el trasero allá atrás,— señaló las mesas, antes de entregarle el tomo a la castaña. —Ya les quité su diversión y la posibilidad de tener más imágenes para usar en noches de soledad, seguramente.—
Frunció levemente el ceño ante el comentario del rubio, no entendía muy bien a que se refería por lo que esperaba ansiosa una explicación. Observando con cautela los movimientos que este realizar para luego soltar una carcajada ante la tan esperada explicación. Divertida ante lo relatado por el rubio en el que, quizás, él también estaba incluido. — Bueno, no los culpo. —empezó a decir, recibiendo gustosa el libro que el joven le entregaba. — Digo, después de todo uno de los beneficios del voleibol es que te otorga un trasero digno de dioses. ¿Acaso por qué crees que me uní? —cuestionó a modo de broma, sin poder evitar que una leve carcajada se escapara de sus labios. Dando paso a trasladar su atención en el libro que tenía entre sus manos, ojeando con cierta vagancia sus hojas para comprobar si allí podía encontrarse el material que necesitaba. Deteniendo su indagación para elevar que su vista se encontrara con la del joven luego de que las palabras de este le llamaran su atención.— ¡Oh, mi buen caballero! ¿Que haría sin ti? Gracias, por existir y salvarme de tal tragedia. —exclamó divertida, riendo ante su exageración mientras abrazaba al chico y depositaba un sonoro beso en cada una de sus mejillas. — Nah, pero hablando enserio.—comenzó a decir, luego de separarse del chico.— Gracias por el libro y por evitar que mi trasero sea la fantasía sexual de algunos. Digo, después de todo es bastante perturbante que...—se detuvo, haciendo una pequeña mueca pensativa.— Que estoy diciendo, eso no tiene nada de malo. Ya sabes, me sube el ego el que fantaseen conmigo y todas esas mierdas.
—Miro hacia el libro que la chica quería antes de volver a centrar su atención en ella sonriendo divertida— De que puedo intentarlo puedo pero dudo que siendo más baja que tú lo alcance —dice divertida antes de señalar las escaleras que estaban a su lado— A menos que usemos esto.
— En esto tienes razón. Digo, no hay mucha lógica en pedirte el favor si ni siquiera yo puedo hacerlo. —comentó con una pequeña mueca, golpeándose mentalmente al haber tenido aquella ridícula idea. — ¿Cómo? —cuestionó, tan absorta en sus pensamientos estaba que no prestó demasiada atención en las palabras de la rubia. Sólo se dejó guiar por su dedo que aún señalaba el objeto que la chica había propuesto. — Buena idea, rubia. Pero deberás ser tu la que se suba. Digamos que mi talento es afirmar las escaleras en vez de subirlas, eso y que también las alturas y yo no somos muy amigas.
Alzó ambas cejas, escuchando con atención a la chica, sonriendo. —¿Entonces hay comida 24/7?— preguntó algo entusiasmada, dejando escapar una pequeña risita. —Encantada, tenía planes de invitarte también. Soy Davina, por cierto.
— Uh, algo así. Digo, hay ciertos horarios de atención y todas esas mierdas pero está casi todo el día abierto para la disponibilidad de los hambrientos. —comentó, encogiéndose de hombros y comenzando a retomar sus pasos para así dirigirse al comedor junto a la pelirroja.— Oh, entonces es bueno que te haya leído la mente, mi pelirroja amiga. Y yo soy Lily, un placer.
Se había transformado en rutina vagar por los pasillos de la biblioteca a esas alturas, como también lo era aprenderse cada sección del sitio, ayudando a Meredith, la bibliotecaria, con su trabajo de vez en cuando. Se giró secamente al oír que alguien se dirigía a ella. Con una cálida sonrisa asintió con la cabeza—. Claro —acepto para luego caminar hacia el correcto lugar y estirarse lo suficiente como para rozar la portada. Tomo como pudo el libro y agradeció internamente que no tuviese un grosor abismal. Al lograr sujetarlo con firmeza y atraerlo a su pecho suspiró aliviada—. Toma —se le tendió sin más—. Espero que sea el correcto o le empezarán a crecer músculos a mis brazos.
Sonrió agradecida ante la aceptación de la rubia, esperando un tanto inquieta a que la joven realizara la acción solicitada. Después de todo necesitaba sacarse aquella duda que le había surgido en clases porque de lo contrario no estaría tranquila en todo el día. — Gracias, rubia. — se limitó a decir un tanto imprudente, buscando rápidamente la respuesta para, y al encontrarla, suspirar con alivio al obtener aquel pequeño conocimiento. Trasladando su mirada hacia la contraria, dedicándole así una sonrisa divertida tanto por el comentario de la chica como por la desesperación que segundos atrás poseía.— Tranquila, es el adecuado. Aunque creo que cualquiera de aquí me podría haber servido para aclarar esta jodida duda. Ugh, ¿no te molesta cuando tienes la respuesta en la punta de la lengua pera no logras acordarte y luego la necesidad de saber si estabas en lo correcto te persigue durante todo el jodido día? — cuestionó, ampliando aún más su sonrisa para luego soltar una pequeña carcajada ante su propio comentario y lo estúpido que esto sonaba.
Kristhoff abrió los ojos de par en par asintiendo lentamente lo que decía y de que trataba en libro, mordiendo su propio labio inferior para no reírse, no sabía que le causaba tanta gracia pero lo hacía así que mientras ella hablaba y decía con cierta fascinación lo que era el libro y lo bueno que era, el joven castaño se limito a cruzar sus brazos y mirarle ciertamente complacido — Si bueno, dicen que los mejores venenos vienen en frascos pequeños. ¿Es tu caso? —Alzando una de sus cejas le miro atentamente, finalmente mostrando una amplia sonrisa. — Por lo que veo, estudias medicina ¿No? — Exclamó mientras miraba la serie de libros que estaban colocados en la mesa que estaba justo al lado de los chicos — Me parece interesante, solo que yo no puedo ver la sangre, por que puede que me llegues a conseguir desmayado — Recordó con cierta dificultad, un momento en la milicia donde había evitado a toda costa el hospital, por eso mismo por la sangre y las deformaciones que causaban las bombas.
— Además si sigues mirando, podrás darte cuenta de que las fibras del músculo se notan a la perfección. —continuó explicando, sin importarle demasiado de que el chico prestase o no atención en sus palabras ya que estaba lo suficientemente fascinada con el contenido de aquel libro como para fijarse en su alrededor. Deteniendo únicamente su hablar cuando el joven le dirigió la palabra, logrando no sólo que levantase una ceja ante ello sino que también una pequeña sonrisa se le dibujara en el rostro. — Depende de cómo lo mires. Ya sabes, soy una pesadilla disfrazada de un sueño. Y sí, acabo de citar a Taylor Swift así que no jodas con ello. En mi defensa puedo decir que no es mi culpa que toquen la canción en cada estación de radio. —explicó, alzando amabas manos en señal de inocencia. — Estás en lo correcto. Así que no te sorprenda que esté estresada las veinticuatro horas del día, ya sabes, como buena estudiante de medicina paso casi todo el día estudiando o bebiendo alcohol. A veces ambas. —se encogió de hombros, restándole importancia a algo tan normal para ella. — ¿De verdad? Vaya mierda. Digo, porque puedes herirte a ti mismo en, no sé, algún accidente y no necesariamente desmayarte por el impacto sino por ver sangre en una minúscula herida. Pero en fin, cada uno tiene sus debilidades, ¿no? Supongo que por eso no pude tomar una escalera y alcanzar el libro. Jodidas alturas.
La biblioteca estaba prácticamente sola, cosa que lo hacía feliz pues sabía que no habría chicos molestos que decidiesen poner su música sólo para arruinarle el día a los demás. Estaba buscando uno de los libros que lo ayudarían en su ensayo acerca de los tigres, pero fue interrumpido por una voz. Su cabeza buscó en dónde era que le hablaban, y al notar a una chica, se acercó a ella con curiosidad, luego, al escuchar su proposición, simplemente rió. —Haberlo dicho antes. ¿Cuánto tiempo llevas tratando de bajar ése libro? —Dijo al momento que su brazo se alzaba y rápidamente se lo daba a la joven.
— Unos...—comenzó a decir, haciendo una pequeña mueca en el transcurso.— siete u ocho minutos. Aunque como habrás notado el libro me ganó. —comentó con una media sonrisa, recibiendo gustosa el objeto que había solicitado segundos atrás. Comenzando a repasar las páginas que este poseía para así verificar si aquel esfuerzo había valido la pena.— Perfecto.—murmuró para sí, ampliando su sonrisa para luego dirigir su mirada hacia arriba, topándose con la contraria.— Gracias por el favor, eh. Creo que ya sabré a quién llamar cuando necesite libros que no estén a mi alcance. Ya sabes, como esas mierdas de que cada princesa tiene su caballero o mejor aún, como un buen lacayo ante su rey. —volvió a decir con una sonrisa divertida. — Donde, por supuesto, yo sería el rey, emperador o qué sé yo. Pero no le digas a Donovan, ya sabes, el presidente. No queremos que se intimide ante mi, ¿o sí?
Kristhoff sintió como le llamaban, alzando su mirada hasta el libro que señalaba, mostrando una pequeña sonrisa a medida que se acercaba y tomaba el libro que la chica deseaba — Ese es el problema de ser corta de tamaño, ten — Le entrego el libro manteniendo su sonrisa — ¿De que trata el libro? — Pregunto fijando los ojos en el titulo del libro.
Amplió su sonrisa al notar cómo la persona a quién había llamado no ponía resistencia ante su petición, agradeciendo mentalmente de que ello ocurriera para no seguir con aquella pequeña tortura que era alcanzar el libro.— Gracias por...¡Hey! —exclamó con el ceño levemente fruncido.— En mi defensa puedo decir que en algunas situaciones es bueno tener mi altura.— comentó con falsa indignación, recibiendo gustosa el libro mientras le dedicaba una sutil sonrisa al castaño.— Anatomía Humana. —se limitó a decir, abriendo el ejemplar que poseía en sus manos para así encontrar una de las tantas imágenes que estaba buscando.— Y este es de los buenos, —comenzó a decir, mostrandole las imágenes que ahí habían.— ¿Ves los detalles? Son jodidamente genial. Incluso mejor que las muestras que hay en el laboratorio. Ya sabes, más claro y todo eso.
—Nina.— aclaró, al parecer la chica no recordaba su nombre. No le parecía tan raro, habían hablado una vez o dos, y una de esas había sido en la oscuridad. Rápidamente recogió su cabello en un rodete mal armado. —Sí, claro.— aseguró mientras acomodaba sus pequeños pies en el diminuto espacio de la estantería, y ayudándose con el sostén que su compañera proveía, estiró un brazo y alcanzó el libro. —Lo tengo.— anunció, esperando a que la joven se haga a un lado, así no la lastimaría al bajar.
Amplió su sonrisa ante el anuncio de la ojiazul, soltando levemente el agarre que le estaba proporcionando pero no lo suficiente en caso de que la chica pisara mal. — Gracias por el favor, Nina. —comentó, aún observándola desde abajo. — Lo hubiese hecho yo misma pero yo y las alturas no somos muy buenas amigas. —confesó con una leve mueca, recordando todas las malas experiencias que había tenido estando en alturas y, por ende, su miedo a estas.— Ahora, si me disculpas. Creo que tengo que ir a alguna mesa para intentar que todo esto entre en mi cabeza. —comentó nuevamente, tendiéndole la mano a la joven para que así tuviese otro apoyo para bajar y, de paso, le entregara el libro que había logrado tomar.— Por cierto, ¿quieres alguna recompensa por esto? Digo, porque creo que tengo algo de chocolate en mi mochila. Eso o es algo muy descompuesto que llegó a tal punto de parecerse a un chocolate. Asco.
Debía tener todos los trabajos al día antes de su viaje a Suiza. Concentrado, se hallaba situado en las mesas más vacías de la biblioteca, cuando de pronto, una voz familiar capturó su atención: —Topher. Si no es mucha la molestia,— comentó cuando se giró, enfocando sus ojos en los contrarios. Se puso de pie, caminando hacia la castaña para alcanzar el libro que le traía dificultades. —Podría hacer otras buenas acciones contigo, la verdad—.
Rodó los ojos ante el comentario del castaño, cruzándose de brazos mientras le dedicaba una desafiante mirada. — Para hoy, Ackermann. —exclamó con falsa molestia, soltando una leve carcajada ante lo mismo para luego observar cómo el joven avanzaba hasta su dirección y, así, realizar la acción que la morena le había pedido. — ¿Así? ¿Cómo cuál? Anda, ilumíname. —comentó divertida, acercándose al chico para así tomar de entre las manos ajenas el libro solicitado. Comenzado a pasar las páginas sin moverse del lugar de dónde se encontraba, sin molestarle la cercanía que ella misma había creado. — Y gracias por ser jodidamente alto. Ya sabes, podría utilizarte para muchas cosas además de alcanzar libros que están muy arriba para mí. —volvió a decir, levantado su mirada para posarla en la contraria. Aún sin quitar la sonrisa de su rostro.
—Lily, hola.— respondió al llamado, dándose vuelta. —Eh.. Sí, lo intentaré.— dijo mientras se acercaba a la estantería y observaba el libro, se encontraba a más de tres cabezas de ella. Pensó en qué manera podría agarrarlo, y no sé le ocurrió otra cosa más eficaz que pararse en el primer estante, como solía hacer en el supermercado.
— Hola, eh...—comenzó a decir, intentado hacer memoria para así recordar el nombre de la castaña que en esos momentos le estaba haciendo aquel favor. — Tú. —se limitó a decir con una sonrisa culpable, maldiciéndose a sí misma por poseer una memoria tan mala cuando se trataba de nombres.— Cuidado ahí, mujer. —exclamó un tanto preocupada ante la maniobra que estaba realizando la joven. Tomándola con toda la confianza del mundo por las piernas para así evitar que se produjera algún accidente.
Ya llevaba un par de minutos intentando tomar uno de los tantos libros que yacían a un par de centímetros de su alcance. Maldiciendo por lo debajo al fallar en su nuevo intento, observando a su alrededor en busca de ayuda puesto que su paciencia ya había llegado al límite. — Hey. —llamó a la persona más próxima a ella.— ¿No quieres hacer tu buena acción del día y bajarme ese libro? —comentó, señalando el objeto deseado.