‘’No mas mascotas dentro de la facilidad, Hyun’’. Si contara cuantas veces me habían recordado tal cosa en una semana, lo mas probable no podría, aunque no los culpaba, pues era tan terco como una mula, en solo una semana había traído a mi habitación de paciente cachorros callejeros, y si no fuera por el un poco desagradable olor que los mismos provocaban, nadie se hubiera enterado, pero era algo que no podía evitar, juraría que cada vez que paso por el lado de uno, lo escucho mencionar mi nombre en un tono de voz casi inaudible, aunque si explicara tal cosa a uno de los residentes de el hospital, lo mas probable es que piensen que estoy mal de la cabeza, aunque, es cierto, solo he buscado excusas todo este tiempo para mantenerlos dentro de la facilidad, pero cosas como tales son las que me hacen un novato diciendo mentiras, cualquiera podría ver detrás de ellas, soy pésimo en ello. Una vez mas, un intento mas, allí estaba, en mi habitación, esperando a que la doctora asignada comenzara con la terapia, pero detrás de la camilla permanecían dos pequeños cachorros que había encontrado frente a el hospital de camino a el, eran muy diminutos, piel blanca como la nieve, algo arrugados de piel, y con una nariz algo peculiar, no tenia idea que raza eran, si es que tan siquiera tenían una, pero el hecho era que andaba lloviendo y dejarlos en medio de la nada, empapados, me haría sentir culpable, muy culpable. Me levante, y enseguida me encamine a la maquina frente a mi habitación, la cual ofrecía meriendas y bebidas, y con mucha prisa, coloque un dolar en ella, marqué los respectivos números, y con un ligero sonido, el emparedado empaquetado calló. Tomé el paquete y gire para volver a la habitación y tratar de hacer que los cachorros pudieran comer algo, aunque fuera un emparedado frió, pues la maquina de refrigerios solo vendía refrescos y papas fritas ademas de los emparedados, era eso o nada, pero al voltear, inesperadamente choqué con alguien. —Lo lamento, em, no veía por donde iba—Comenté algo nervioso, tomando el emparedado de el suelo para luego tratar de identificar la persona.
Se dirigía a la habitación 112, ya que una doctora le había encargado ocuparse de su paciente unos minutos, ya que llegaría retesada y no quería dejarlo solo esperando. Sam siguió la orden de la adjunta y fue a atender el caso, pero al llegar a la habitación designada, tras un rápido vistazo, descubrió que el paciente no estaba allí, aunque no tardó en encontrarlo. Supuso por simple lógica al verlo, que el chico en la maquina de refrigerios era el paciente. —Disculpa, fue mi culpa. ¿Estás bien?— se preocupó, aunque estaba segura de que no le había hecho daño. —¿Tu nombre es Hyun Joong Do?— preguntó, para comprobar que se trataba de quién ella buscaba.
—No, fue mi culpa, lo lamento—Comenté en un tono de voz suave al notar que la interna no era una persona que conocía, lo cual se me hacia raro, pues pensaba conocer a todos en el hospital. —Así es. tal es mi nombre—Respondí, tratando una y otra vez de recordar si conocía a aquella persona. —Espera, ¿y como sabes mi nombre?—Pregunté algo curioso, pues no tenia idea de quien era ella pero al parecer la contraria conocía quien era yo.








