Fantasías repugnantes, de un dolor hemisférico.
Hace tanto no observo el mar de atardeceres que mi corazón necesita y que mi alma, merece.
Tengo pedazos muy profundos de vidrios clavados y a veces, siento volver a tener esa idea tan pura de mi, de lo que me gusta en mi.
Camino con mariposas llorando en los pies, con alas rotas, curitas gastadas, ni si quiera se pegan más.
Todavía bailo entre tormentas y me duermo entre un café amargo.
Algunos días miro para atrás y veo en esa mesa vieja, toda chueca, ese pedazo de pan tostado, ahora rancio y perdido, veo ese café amargo a mitad de vaso. Veo las sombras que antes eran amigas, y aclaro que, no las odio, pero que rara la desdicha de decir basta.
No sé hace cuánto la muerte no me visita en su forma literal, solo la veo pasar volando entre flores mojadas.
Quiero un pedazo de cielo nuevo y poder sentir el viento en mi pelo.
A veces todavía escribo cartas y también recuerdo vagas palabras.
Que rara la ausencia, la derrota y la pena.
La nostalgia, el humo y toda esta farsa, de llamar vida y poesía, a una depresión de cama.

















