Me encuentro recordándote
Dicen que al morir hallaremos algo más, otra vida que existe en aquello que no podemos ver, si fuese así, quizás encontraremos el camino de regreso a nuestro hogar al cual siempre hemos buscado retornar.
Morir no es el fin, aunque parezca que todo se ha terminado, sabemos que no es así, siempre habrá una señal llamándonos a observar. La muerte es otro estado de existencia mucho más espiritual con pequeños rastros de nuestro paso en el mundo.
Pero aquí me encuentro recordándote, porque las memorias son lo único que dejan los muertos al partir para nosotros, es su regalo para no olvidar que tan amados hemos sido a lo largo de nuestra vida.
Ninguna sabiduría es tan significativa como la vida misma, en ella se encuentran los secretos y la verdad de todo aquello que parece no tener explicación, son los hallazgos de los misterios que habitan junto a nosotros. Amamos y odiamos tanto, vivimos y morimos constantemente, somos y dejamos de ser, nos convertimos en un vaivén de dudas e ideas, un montículo de crecimiento guiados hacia un fin que no reconocemos, pero que perseguimos con las ansias de hacerlo realidad.
A veces siento que he perdido tantas cosas que inexplicablemente no puedo recuperar por completo, y aquello extraviado contiene una valía que difícilmente podré encontrar de nuevo. ¿Es así como funciona la vida? Es la pérdida algo que no puede ser recuperado y la experiencia vívida de lo que alguna vez fue.
Las personas somos un contenedor de reminiscencias, difícilmente podemos olvidar un año, un día, un mes, la vida entera se ve refugiada en pequeños trozos capturados en la psique humana. Solo aquello que fue importante es capaz de permanecer por un tiempo prolongado, hasta que estemos muertos. Somos una lección constante de aprendizaje, nuestro rastro es una enseñanza para alguien más, lo queramos o no, sea consciente o inconscientemente, bueno o malo... Algo de nosotros se filtra en los demás, como el agua atraviesa a las piedras lenta y pacientemente hasta humedecerlas por completo... Ese es nuestro don como seres humanos efímeros, imperecederos.
Tu nombre se ha grabado en el tiempo como aquello que no puede borrarse por más que se intente. El mundo se hizo un poco más grande y vacío sin ti, eres un fragmento perdido en la línea infinita entre el cielo y la tierra. Moriste y morí a tu lado, creo que ha sido una de las agonías más dolorosas de toda mi corta vida en la cual me he desestructurado para dejar partes de mí en aquellos que amé tanto y tú fuiste una de esas personas. Había olvidado lo mucho que te quiero, en el camino las personas olvidamos cosas importantes, esas que realmente valen la pena hacer prevalecer, pero por ti es que lo recuerdo día a día.
Creí que no podría entender nunca, a falta de vivir, lo triste que ha sido para algunos seres que habitan en esta tierra las fallas, pero la idea errónea de mi conocimiento abre panoramas que anteriormente se tornaban oscuros. Ellos me demuestran que redimirse es la única forma de ser libres cuando no encontramos otra manera de poder soltar todo lo que nos ata al sufrimiento interminable.
Ahora sé a ciencia cierta que no volveremos a ser los mismos después de recorrer este camino el cual no podemos evitar y qué ya no podemos cambiar por más que lo queramos, hemos cambiado por dentro y en nuestra muerte interna murieron cosas que no volverán a resarcirse. Algunas familias no merecen permanecer unidas por más que la sangre que corre por nuestras venas sea la misma, algunas heridas necesitan cerrarse por completo para poder perdonar a nuestros allegados, algunos amores debieron ser más atesorados y algunas personas necesitan vivir lejos de otras para no resultar heridas, para no alimentar el odio que surge de cosas pasadas o presentes.
Papá, mamá, hoy encontré ese pedazo de universo que a veces parecen mirar, un Dios que existe más allá de toda existencia y creencia mundana, a veces creo poder verlo también, escuchar su voz, sentir su espíritu merodeando en todo aquello que no se aprecia fácilmente, pero de nuevo parezco perderlo, como si se disipara dentro de mí.
Ojalá los acontecimientos de nuestra historia fuesen distintos, ojalá fuésemos más dichosos de lo que nunca hemos sido, ojalá pudiéramos ser más agradecidos de estar aquí, de estar vivos.
No importa cuántas veces escuche las mismas palabras, no importa el tiempo que pase ni cuántos años han sido desde que te fuiste, un pedacito de mí desapareció junto a ti y en ese pequeño fragmento aparentemente irreconocible se fue toda una vida, la vida que construiste para mí.
Me haces fuerte cada mañana, cada hora del día una fuerza interna me habla en silencio. Sé más que nadie que jamás volverán esas uniones que fabricaste para hacerme feliz. Vivo sin ti y sin la vida que conocí. Despierto aventurándome a crear cosas nuevas porque es así como continúa la existencia.
Morimos, pero yo sigo aquí... La única que no permaneció fuiste tú.














