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Curiosamente, era una noche fresca; no particularmente oscura, pero sin estrellas. Di un primer paso, y el cielo se abrió, como para permitirme preguntarme si era el mismo cielo, para ambas miradas. Tomé el símbolo de la alianza, un símbolo que había perdurado congelado en el tiempo (sin alianza alguna); el enlace, si es que quedaba alguna traza de él, ahora permanecía sellado, como una cueva…








