Hoy es el quinto día donde me encuentro completamente rota.
Me duele mucho tener que volver a pasar por esta incertidumbre y este vacío emocional que siento en este momento. En algún momento me prometí nunca volverme a enamorar, porque no sé si al final soy la buena o la mala de la historia, pero siempre termino muy lastimada y muy rota.
Duré mucho tiempo sin creer en el amor, en los hombres, en lo bonito de sentir. Dejé de creer en esa sensación de sentirme amada, de que me brillaran los ojos al mirar a alguien, en esas ganas inmensas de abrazar, contemplar, cuidar, proteger y ayudar a una persona.
Y después de años… después de tanto miedo… conocí a alguien. Vamos a llamarlo “B”.
Nunca imaginé conocerlo y mucho menos enamorarme de él. Llegó a sacarme de mi zona de confort, a mostrarme que todavía existía algo más allá del miedo. Me enseñó lo bonito que puede ser amar de verdad, volver a sentir y permitirme también ser amada.
Todo comenzó como un juego y terminó siendo una realidad demasiado profunda.
Siento que en una relación no existen culpables absolutos. Ambos dimos lo mejor que pudimos con lo que éramos, con nuestras heridas, nuestros miedos y nuestras maneras de amar. Sé que él se convirtió en un hombre que quizás nunca había llegado a ser por amor… y yo me convertí en la manera más sana de amar que había conocido de mí misma.
Antes de que él llegara, había trabajado muchísimo en mí: en mis inseguridades, en mi autoestima, en mi responsabilidad afectiva, en mi comunicación. Y aunque sé que a veces mis enojos pudieron decir cosas que lo lastimaron, también sé que amé desde un lugar mucho más consciente.
Pero al final, incluso las historias más bonitas tienen finales que uno nunca quiere aceptar.
Hoy es mi quinto día… y lo extraño muchísimo.
Estoy a nada de llamarlo, de buscarlo, de escribirle, pero lo pienso demasiado. Me duele profundamente no estar con él. Y escribo estas palabras con el corazón roto y lágrimas en mis ojos porque, siendo sincera, siempre imaginé un final feliz a su lado.
Me imaginé viajando juntos, construyendo una familia, teniendo una casa, envejeciendo juntos. Me imaginé muchas cosas que hoy solo viven en mi cabeza y en mi corazón.
Las circunstancias de la vida nos llevaron a tomar caminos separados.
Y aunque duele, no tengo nada malo que decir de él. Realmente fue una persona que marcó mi corazón para siempre. Me mostró lo más bonito que un hombre puede brindarle a una mujer: cariño, amor, cuidado y compañía.
Claro… también hubo momentos donde sentí que su falta de comunicación anulaba mis emociones y mis sentimientos. Pero quizás eso será tema para otro día… cuando tenga fuerzas para escribirlo.
Por ahora, aquí estoy otra vez… drenando mis emociones por medio de la escritura.











