— ¿Qué parte de no presionar el botón rojo no entendiste? Porque estoy seguro de habértelo dejado muy en claro… —le reprochó a la persona situada frente a la licuadora, igual de afectada que él. Su tono de voz no mostraba señas de encontrarse furioso por lo ocurrido, pero si reflejaba cierta tristeza y cansancio. La cocina era un desastre, no existía nada a su alrededor que no tuviera una mínima mancha del batido, y si su esposa se enteraba de aquello, prácticamente estaría envuelto en un grave problema. Tras evaluar la situación, volvió sus claras orbes al rostro ajeno, encontrándose con una penetrante mirada por parte de este— N-no me mires así. Tu lo causaste, tu lo limpias.
De estar completamente limpia y recién duchada, la castaña ahora se encontraba cubierta por una capa de líquido pegajoso color rosa. Su rostro debía ser épico, eso seguro. — Te dije que yo no lo presioné Maxon, se prendió sola —espetó frunciendo sus labios, juraba no haber tocado ese botón, no era tan descuidada. Pasó sus manos por su rostro, tratando de quitar la sustancia de sus ojos. Soltó un sonoro suspiro y tomó un trapo de la mesada, para luego comenzarlo a pasar por todo lo sucio (incluida su cara) — Un poco de ayuda no vendría mal —le reprochó ladeando su cabeza en dirección al ojiazul, una sonrisa apareciendo en su rostro al verle. — Tienes en toda la cara, me ofrecería a limpiarte, pero eso es trabajo para tu esposa —comentó amena, lanzándole el trapo.














