Algo muy necesario me está sucediendo que creo que va a ser el inicio de una nueva época para mí como mujer, inmigrante, latina, trabajadora y esposa. Esto es lo que escribí en mi diario de reflexiones tras un fin de semana de energía puramente femenina:
"Por fin, llego a cierta conclusión con respecto a la raíz de mi estado mental: No estoy loca. Por alguna razón que puede deberse a miles de cosas, hay una pieza que me falta: el creer que tengo control sobre mi vida. Me siento debilitada cada día, con una fuerte dependencia de los y lo que me rodea. Si algo va mal, me derrumbo, como si no me diera cuenta de que tengo todas las herramientas necesarias para sobrevivir y brillar con fuerza. Me callo y lloro, y en cuanto no veo la solución inmediata, la idea de morir se ve como la más apetecible—la única forma de evitar el dolor que incontrolablemente invade mi cuerpo y lo paraliza. Es una sensación de derrota, como si estuviera en proceso de ahogarme en el mar lentamente, y yo pretendiera escapar sin éxito.
Pero lo que tengo que absorber de la gente que me rodea es esa sensación de seguridad en sí misma, esa idea de paz y tranquilidad que transmiten mi madre, Holly, Jackie, Emily, Allison, Blanca, Kashi, Blue y todas las autoras que estoy conociendo: Angela Davis, Patricia Collins, Gloria Anzaldúa, Lise Vogel, Sandra Cisneros, Lucrecia Martel, Frida Kahlo, etc. Esa imagen de mujer en control, con el poder de seguir el camino que ella se proponga, como yo. Puede que sea cierto que no haya podido escoger muchos de mis movimientos hasta el día de hoy, pero reconocer esta realidad y empezar una muy distinta es el principio de una nueva YO, alguien que no se deja pisotear y que expresa en voz alta sus deseos. Sí, es verdad, llegué a EEUU casi involuntariamente, y ahora no deseo (aunque sí puedo) regresar. Fui una novia sumisa, y ahora entiendo que esa sumisión venía de un miedo a lo desconocido, a tener que volver a España sin mis padres, sin un futuro claro, sin una pareja estable. Tenía miedo porque no estaba preparada para dirigir mi vida, una posición a la que se me tiró sin flotador.
Nunca aprendí a estar sola. Estuve soltera por 8 meses, y después apareció Dan, la persona con la que me casé y a la que prometí mi devoción eterna. Pero eso no es lo que tengo que hacer. Lo amo, sí, pero también tengo que aprender a amarme a mí misma y a saber tomar control sobre mis situaciones. Él me necesita mucho, sí, pero puede que no sea malo que nos pongamos unos límites, boundaries como se dice aquí, para así desarrollar una independencia de la que depende mi bienestar como mujer adulta. Me lo merezco. Nos lo merecemos. Me amo. Nos amo.
Y entonces, ¿qué significa tomar control sobre mi vida? Empieza con el deseo de ir a Venezuela y de llevarme a Dan conmigo. Empieza con la necesidad de que en mi casa también se hable mi idioma, y que pueda escoger a gente como Blanca y expulsar a gente como _______. Este es mi territorio, y a partir de ahora voy a tener que tomar mis propias decisiones más a menudo, tomar posesión de mi casa, mis estudios, mi trabajo, mi activismo, mis amigos, mis lecturas, mi cuarto. Quiero más luz en mi habitación. Quiero que Blanca y Jackie compartan un estudio conmigo. Quiero conducir. Quiero que estemos en Venezuela y que tengamos realizaciones especiales en castellano, en la montaña. Quiero conectar conmigo misma. Quiero conectar con él. Quiero no tener miedo de perder, o que el miedo no me devore todos los sentidos. Como en Lucía y el sexo. Lucía tiene poder sobre su situación y, ahora mismo, eso es a lo que aspiro.
Quiero que mis padres vengan aquí, pero no quiero depender de ello para empezar a ser feliz. La felicidad siempre será relativa, pero primero tiene que empezar a ser. No más resentimiento con Dan. Más sinceridad. Hasta donde pueda llegar llego, y él tiene que entenderlo. Y si no, todo está bien. Puedo conseguirlo todo. Empieza con una lectura: Angela Davis, Alejandra Pizarnik, Talya Mazuz, Gloria Anzaldúa, mujeres poderosas. Lo lograremos. Vete haciendo a la idea."