¿El fraude es corrupción?
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@manualmexicodf
¿El fraude es corrupción?
¿Soy youtuber ahora?
Pruebas de que Uruguay es otro mundo
1. La pizza es cuadrada. ¿???
2. El vino se sirve hasta el borde de la copa. (Esto lo apoyo incondicionalmente y ya lo extraño con lágrimas en mis ojos).
3. Los uruguayos hablan como si fuera Opposite Day. Si dices “gracias”, te contestan “por favor”, ir “pronto” a una cita significa que uno va tarde y/o con prisa, algo “bárbaro” es algo bueno pero no tan relevante, y si preguntas si el baño está ocupado te contestan “sí” y significa que NO. Todo es confuso.
4. Toman mate todo el tiempo y en todas partes. Incluso los argentinos admiten que es otro nivel más insano de consumo. ¿Conocen el libro de “Green Eggs and Ham”? Pues como dice ahí, los uruguayos toman mate in a boat, with a goat, in the rain, in the dark, on a train, in a car, in a tree, in a box, with a fox, in a house, with a mouse, here and there, THEY DRINK MATE ANYWHERE.
5. Las divisiones conceptuales entre un bar, un café, una pizzería y un restaurante son difusas. Los tres sirven café, postres, bebidas alcohólicas, pizza y cortes de carne, pero (según logré notar) sólo el bar se queda abierto hasta altas horas de la noche, sólo el café sirve desayunos y es más fácil encontrar un menú ejecutivo a la hora de la comida en un restaurante, aunque hay bares y cafés que los tienen. Aparte es posible que el café sea más juvenil que el restaurante y el bar, y hay lugares llamados “bar café” y “restobar” que no tengo idea de si son diferentes.
Cosas que aprendí al ir a Sudamérica este verano
Fui a estudiar a Uruguay este verano (invierno allá) y aprendí algunas cosas:
1. Los mexicanos tenemos horarios muy sanos para salir de fiesta. No sé si sea por culpa de mis amigos ñoños, pero generalmente tenemos “el pre” por ahí de las 7 PM (al salir del trabajo), el antro a las 10 PM, y a la 1 AM uno ya está mínimo en camino a casa, si no es que ya bañado y acostado. Ya una fiesta particularmente destructiva tal vez termina a las 3 o a las 4 AM, pero uno ciertamente no espera a que amanezca si tiene más de 19 años y es invierno. En Sudamérica, en cambio, “la previa” es a las 12 AM, “el boliche” se pone bueno a las 2, la fiesta acaba a las 6, y uno llega a casa a las 7 a desayunar. La desvelada (o la edad) me pegaba más que la tomada.
2. Los mexicanos somos snobs del café sin darnos cuenta, pero no tanto como los sudamericanos. Pasé semanas tomando espressos triples sin darme cuenta de que eso era lo que había en mi taza porque los cafés americanos son un concepto extranjero y ofensivo allá. Luego me cambié al mate y mi digestión y mi presión arterial lo agradecieron.
3. Soy más latino de lo que creía. Estar rodeado de tanta gente tan blanca de Uruguay, Argentina y Chile que baila poquito, toma poquito y cree que la pimienta negra es muy picante lo llega a perturbar a uno. Es medio raro ser subestimado por ser “de color”, que te digan que tal vez sabes qué onda en México pero ahí no, y luego ser el único que no se quemaba y deshidrataba con el sol por sólo caminar de la universidad al bar.
4. Soy más blanco de lo que creía. También fui a Bolivia, donde hay indígenas en todas las clases sociales y ámbitos laborales, y descubrí que tenía una barrera mental para entender que hay indígenas que no son pobres, disfuncionales o resentidos sociales. Fue chocante darme cuenta de mi propio racismo, pero pues todos somos una obra en proceso. También era molesto que La Paz es tan alto, que ahí yo era el que se quemaba con el sol, se emborrachaba con media cerveza y al que se le iba el aire por caminar de la casa al bar. Aparte le ponen salsa picante a la sopa y al pan simultáneamente, ¿qué onda con eso?
5. Sentirse “jodido” parece ser algo latinoamericano en general. Yo estaba allá cuando se escapó el Chapo, entonces a juzgar por mi Facebook y Twitter, México era el peor país del mundo esa semana. Sin embargo, al mismo tiempo, estaba rodeado de sudamericanos que no cansaban de decirme que les parece que México es un país enorme, rico, diverso y en avance constante. Fue consternante. Hay elementos de ignorancia ahí, como con la señora que me dijo que Enrique Peña Nieto le cae bien porque es blanco y eso lo hace buen político, quien me dijo que nuestras exportaciones culturales como “Rosa Salvaje” (actualmente en horario estelar en Bolivia) deben apreciarse más, o el chileno que me dijo que había sido una buena decisión estudiar la misma maestría que mi presidente y en la misma universidad. Lo que sí es que claramente hay de qué quejarse en todas partes y los latinoamericanos somos quitados de la pena al hacerlo.
Eres hombre o mujer?? 😁
El género sólo es binario en nuestra imaginación.
Por 88 votos a favor, 27 en contra y una abstención, el pleno de la Cámara Alta aprobó el dictamen que otorga otra personalidad jurídica a la capital del país; se procede al debate en lo particular
Tengo tantas preguntas. ¿El DF ahora también será provincia? ¿Dejarán de quejarse de ese ente amorfo y homogéneo llamado "los estados y municipios"? ¿Ya no podrán decirse a sí mismos "defeños" porque no habrá Distrito Federal? ¿Qué nuevo gentilicio que nadie use van a inventar? TANTAS PREGUNTAS.
Todos los días en el camión.
Culichi vernáculo #1: güilo/a
Ha llamado mi atención que a muchos chilangos (y mexicanos no originarios de Sinaloa) les llama la atención mi lista de regionalismos que podrían hipotéticamente llevar a malentendidos chistosos. Tengo al menos un par de historias al respecto, así que permítanme iniciar una serie de posts sobre el tema. Para eso, cuando sea posible, utilizaré "El Chilangonario" de Alberto Peralta y "Sinaloa, Historia y Destino" de Herberto Sinagawa como referencias, para que no digan que me falta rigor académico, y así. El primer post será sobre la palabra "güilo".
En la Ciudad de México, "güilo" o "güila" hace referencia a quien tiene mucho sexo por todas partes, usualmente cobrando por el servicio. Es decir, es un sustantivo y hace referencia a prostitutas o personas extremadamente amigables. Aquí la referencia bibliográfica:
En Sinaloa, por otro lado, "güilo" es adjetivo y sustantivo y significa "flaco". Además no es una palabra particularmente coloquial. Es decir, todo mundo la dice en contextos normales de la vida diaria para hablar de personas o animales flacos. Aquí la referencia bibliográfica:
Ahora la anécdota:
Alguna vez, por allá de finales de 2009, yo todavía estudiaba en Monterrey y visitaba a mi familia en la Ciudad de México durante las vacaciones. En una de esas, una buena amiga originaria de la Ciudad de México vivía en Veracruz, pero quería venir a pasar el fin de año conmigo en el DF. Le dije que por supuesto que podía, y hubo emoción en el aire y todo. Habíamos dejado de vernos algunas semanas antes, pero igual es padre cuando eres foráneo en una ciudad y tus amigos de ahí te visitan en OTRA.
Pasaron las semanas, llegó el día, y cuando mi amiga arribó a mi casa, la vi más delgada, así que con toda naturalidad le dije alguna variante de "oye, te veo más güila, ¿qué has estado haciendo?"
Por supuesto, QUE NO QUEDE DUDA, que yo me refería a posibles actividades deportivas que ella pudiera haber realizado antes de visitarme. Ella evidentemente no lo tomó con el mismo significado que yo tenía en mi mente y eso llevó a una explicación bastante incómoda mientras el taxista esperaba a que le pagáramos. No me cacheteó ni nada, pero pues tampoco se sintió halagada, ni siquiera cuando le expliqué lo que quise decir. Y nunca he vuelto a comentar nada acerca del peso de la gente.
Achilangamiento o crecimiento
Tengo opiniones sobre estas "13 señales de que creciste en la Ciudad de México". Empecemos, a ver si tengo señales de haber crecido en la Ciudad de México por haber vivido aquí 3+ años:
1. Conoces más de cien palabras que empiezan con la letra che.
Ah chingá chingá... ¿De cuándo a acá eso es algo chilango? Ok, esto sí lo tengo. 1/13
2. Utilizas el término “provincia”…
No, no y más no. 1/13
3. Sabes que una bicicleta con una canasta y plástico azul significan ¡comida!
A mí me remite más a ET el extraterrestre. 1/13
4. Pides tus quesadillas con queso.
No, aunque tampoco bromeo al respecto. 1/13
5. Eres a prueba de tráfico
A veces aún le afecta a mi psique, pero es cierto, ya no se me hace raro tardar al menos 1 hora en llegar a cualquier lugar. 2/13
6. Has estado de fiesta en una trajinera.
La última vez fue en 2011 y no sé si lo llamaría fiesta, ya que fue con mi familia y mi primito de 1 año, pero ciertamente he comido y bebido en trajineras. 3/13
7. Consideras que los sismos menores a seis grados no cuentan.
Casi nunca siento sismos de ningún tipo porque no estoy acostumbrado a ellos, pero es cierto que si son de menos de 5 grados (y por lo tanto no suenan las alarmas), no me parecen particularmente preocupantes. 4/13
8. Sabes lo que es un simulacro de contingencia ambiental.
En Culiacán también tenemos. Imagino que en otras ciudades también. NEXT. 5/13
9. Te refieres a los agentes de tránsito como “tamarindos”.
No, y nunca había escuchado de esto. Qué raros son los chilangos. 5/13
10. Se te hace muy normal que un edificio “se esté hundiendo”.
Ciertamente es común en la Ciudad de México, pero yo no lo llamaría normal. Digo, nadie construye edificios PARA que se hundan. O bueno, supongo que los aztecas sí lo hicieron. Quien sabe. 5/13
11. Conoces el lado salvaje de viajar en el transporte público.
Vaya que sí. 6/13
12. De todos los lugares que conoces para cenar… Más de la mitad son taquerías.
No, también disfruto la comida de verdad, aunque (true story) la única vez que me he enfermado del estómago por comer fuera en el DF fue en un Chili's. 6/13
13. Sabes como termina la frase “¡Lleve sus ricos y deliciosos…”
...¿tacos? ¿chacales? No, ni idea. 6/13
No, evidentemente crecí en las desérticas tierras de Provincia.
Mexico City © Moritz Bernoully 2014
Dato curioso: No hay tormenta que cubra toda la Ciudad de México, entonces el pronóstico del tiempo siempre dice "tormentas dispersas" o "chubascos dispersos".
Caos chiquito: Episodio 2
Por si no se acordaban, el episodio 1 fue lo que me pasó el verano pasado en el aeropuerto de Nueva York. Quedé de platicarles sobre mi experiencia en el Museo del Templo Mayor, entonces aquí va:
El telón se abre un buen día de mediados de junio, en el cual me encuentro paseando por el Centro Histórico con Enrique, quien es chilango, y Aidan, quien andaba aquí de turista. La progresión natural del recorrido nos llevó al Museo del Templo Mayor, cuyo recorrido consiste de pasar por los cimientos de la pirámide en el exterior, entrar al museo, subir cuatro pisos por la derecha, bajarlos por la izquierda y salir por donde mismo. No es nada del otro mundo.
Sin embargo, debido a que era aproximadamente la quinta vez que iba a este museo porque siempre me toca pasear turistas por ahí, terminé el recorrido rápido y me quedé al final esperando a mis acompañantes. Sorprendentemente (para nadie), me aburrí y decidí regresar a ver si los encontraba.
Aclaro que del lado izquierdo del museo no hay letreros o cintas o marcas que indiquen que regresar es contra las reglas.
Cuál fue mi sorpresa cuando justo al subir de regreso a la última sala, un guardia de seguridad de edad avanzada se planta a 3 centímetros de mi cara y empieza a gritarme que no puedo regresar por ahí porque estoy alterando el flujo de personas, pisoteando El Reglamento y faltándole al respeto al Patrimonio Cultural de los mexicanos. (Dijo esto textualmente).
Yo pensé, okey, supongo que sí estoy alterando el flujo de las únicas otras dos personas en la sala, quienes seguramente no podrían deducir que la salida es la escalera por la que no llegaron. Confundirlos sería de muy mal gusto, así que volví a bajar por la dirección correcta y tomé el elevador, el cual TAMPOCO tenía una sola marca, cinta o letrero que dijera que estaba prohibido o reservado. ¿Quieren pruebas? TENGO PRUEBAS.
¿Qué hace uno cuando ve un elevador perfectamente normal, no prohibido y requiere subir un par de pisos? Pues lo usa, y eso fue exactamente lo que hice. Nadie me detuvo, el mundo no se acabó, los espíritus del lugar no me maldijeron (creo).
Y cuál fue mi sorpresa cuando otra guardia de seguridad, esta vez una mujer de baja estatura con la típica sonrisa condescendiente de las burócratas chilangas que están experimentando la adrenalina de la autoridad ficticia en sus venas, se plantó a 3 cm de mi pecho (porque ahí me llegaba su cara) y empezó a decirme entre risas maleducadas que tal vez me cueste trabajo entenderlo, pero que el recorrido empieza por la derecha y termina por la izquierda, que puedo hacerlo cuantas veces quiera si es POR LA DIRECCIÓN CORRECTA y que el elevador está prohibido a menos que uno sea discapacitado (políticamente incorrecta, much?), de la tercera edad o "personal autorizado".
Le pregunté dónde dice eso y me dijo que en el reglamento. Le pregunté si podía quedarme ahora que ya estábamos los dos en ese piso, y me volvió a repetir que el recorrido empieza por la derecha y termina por la izquierda, y que yo lo podía hacer cuantas veces quisiera si era POR LA DIRECCIÓN CORRECTA. Yo aclaré que entendía y le aseguré que prometía no hacer el recorrido al revés.
Acto seguido, la guardia de seguridad empezó a volver a repetir, por tercera vez, que el recorrido empieza por la derecha y termina por la izquierda y que yo lo podía hacer cuantas veces quisiera si era POR LA DIRECCIÓN CORRECTA, pero esta vez apuntando a las siguiente sala, como indicándome que era por ahí pero sin quitarse para dejarme pasar. ¿Estaba ofreciéndose para acompañarme a hacer el recorrido de nuevo? No sé. ¿Esta historia suena medio redundante? Sí, porque lo es. Le pregunté con mi mejor voz de Dora La Exploradora si me iba a dar permiso de pasar y por fin se quitó.
Cuando por fin pude bajar a la última sala a esperar a Enrique y Aidan, adivinen quién se acercó a rondarme a 3 metros de distancia durante todo el tiempo que estuve ahí, para asegurarse de que no se me ocurriera enfurecer a los dioses mexicas equivocándome de escalera de nuevo. Sí, el primer guardia de seguridad que mencioné. Big Brother me estaba observando o ese guardia seguro era Illuminati.
¿Y en qué termina esta historia? En que tal vez ya no recomiende tanto que vayan al Museo del Templo Mayor. Hay mejores por ahí. Nada es peor que el Museo de la Basílica de Guadalupe, pero este se le acerca.
#166 SÍ charcos
Algo que poca gente te advertirá al momento de venir al DF es la lluvia. "Pero Francisco", dirán algunos, "ciertamente no tiene nada de complicado lidiar con un poco de lluvia". Es cierto, no es nada del otro mundo. Si tienen casa, botas y paraguas, ya la tienen armada. Lo que sí NADIE te advierte son los charcos que salen en las noticias, aunque no por la razón a la que estoy acostumbrado.
Ahora, hay que entender que mi sorpresa ante esto se debe a que los charcos salen en las noticias porque crean tráfico, lo cual (en mi humilde opinión) es igual de constante que la lluvia, y... no sé, ¿tal vez no es noticia?
En Culiacán los charcos también salen en las noticias por una razón completamente diferente: el dengue. Es decir, los charcos son el ambiente donde se reproducen los mosquitos, los cuales cargan el dengue y enferman a la gente y los convierten en zombies hemorrágicos. Los charcos en serio son de miedo en mi ciudad.
Entonces si un día de estos ven un charco como este:
Y escuchan un grito como este:
Probablemente soy yo huyendo del charco, porque todavía no internalizo en mi mente provinciana que los mosquitos chilangos no me matarán (aparte de matarme de comezón).
Saludos y lecturas veraniegas
Aparte de celebrar mi cumpleaños, planear para los próximos meses y tener una serie de interacciones bastante singulares con personas interesantes, mi verano ha sido relajante.
Ahí les debo algún post sobre la pelea que tuve con el personal de seguridad cuando fui al Museo del Templo Mayor. Posiblemente se convierta en la primera vez desde que tengo este blog que me retractaré de una recomendación. También fui al MUNAL, pero ese lo sigo recomendando. Otros eventos han sido más de mi vida personal, así que ya veremos si resultan relevantes.
Mientras tanto, me permito hacerles una lista breve de lecturas veraniegas, por si tienen ganas de soltar el Netflix un ratito:
- La Cámara Húngara es un proyecto literario que ofrece perspectivas frescas sobre el Mundial que estamos experimentando actualmente en Brasil. Como se habrán dado cuenta, yo soy muy crítico de la cultura futbolera en México y especialmente en la Ciudad de México, por lo que me da gusto ver puntos de vista que hagan cosas aparte de defender la palabra "puto" y extasiarse con los goles de equis jugador. En particular, permítanme dirigirlos a la explicación del proyecto, un relato chusco sobre querer ver el futbol en Canadá y algo sobre el futbol y España, para que no digan que soy completamente insensible a las aficiones chilangas.
- Actitud Alterna es un proyecto en el cual un grupo de jóvenes de la Ciudad de México buscan generar contenido sobre temas relevantes a la vida en Chilangolandia y su cultura urbana. Ellos lo describen diferente, pero estoy metiendo mi cuchara aquí. Fui a tomar pulque con uno de ellos y debo decir que estoy de acuerdo en que estuvo malo, aunque a mí todo el pulque que he probado me ha parecido malo. (Dios, ¿se acuerdan de ese drama que me hicieron el año pasado? Gracias a Dios ya no atraigo ese tipo de comentarios.) Aparte mi amigo David escribe sobre sexo ahí. Chéquenlo y opinen, porque yo no estoy de acuerdo en que los hotelazos sean una inversión.
- The Red Needle es el blog de un amigo inglés que es reportero y vino de visita a la Ciudad de México ahora en junio. Le tocaron justo los días en que el clima chilango se parece más al británico. Apenas lleva una entrada sobre su viaje (acerca de Coyoacán), pero si saben inglés y les interesa una perspectiva periodística y británica de esta ciudad tan interesante, chéquenlo.
Ayer fue mi cumpleaños y nadie aquí me felicitó, GRACIAS.
Ya que se acerca el primer mundial que viviremos juntos, yo escribiendo este blog y ustedes leyéndolo, me pareció que un poco de sátira nos caería bien.
Entren al link para ver mi entrada al concurso y ustedes también participen. Si ganan, invítenme un café de El Péndulo, y así.
Suerte. ;)