“¿Ahora nos pondremos a comparar cómo es que nos han llamado? No es por presumir pero mi historial es muy largo y algo me dice que el tuyo también” chasqueó su lengua, con algo de razón adornando su sarcástico comentario. Los apodos, nombres, como quisieran llamarle venían de entrada si tu familia era parte del circo, una bendición el que Cara jamás les hubiera prestado atención, pues como decía su padre, dejar que las palabras ajenas te afecten es darle demasiada importancia a personas que no lo merecen. “Oh sí, los he visto un par de veces, creo…” apretó sus labios, mueca que hacía por inercia cada vez que quería recordar algo. “¿no son los que se juntan en el centro de la ciudad? ¿O acaso son otros?” mera curiosidad era lo que la orillaba a hacer ese tipo de preguntas, una vez que el bichito picoteaba no paraba hasta obtener la información deseada. Y sin poner pero alguno, sus pasos avanzaron hasta el establecimiento de donde minutos atrás la habían echado, mirando por el rabillo del ojo a su acompañante. “¿Acaso debería saberlo?” pues si aquello era una especie de cuestionario era más que obvio que no había estudiado para el exámen. En cada grupo de adolescentes siempre había una pequeña oveja negra que desconocía los temas de moda o en su caso, la familia real y todo aquello que los rodeaba. “no se cuál sea tu definición de escándalo pero da igual, me apunto” a veces no sabía si ella llamaba a los problemas o si los problemas la llamaban a ella.
—No creo que sea necesario entrar en detalles ni iniciar una guerra sobre quién la ha pasado peor — respondió con una sonrisa formándose en sus labios, flashes de comentarios dichos hacia su persona arremolinándose alrededor de su rostro. Palabras invisibles que nunca tuvieron mayor impacto en ella, como simple fantasía de un arma que nunca hirió. Se consideraba a sí misma inmune a críticas ajenas, incluso a aquellas que nacían de sus propias entrañas. — Sí, son ellos. Aunque también frecuentan la zona este, sobre los acueductos vacíos, y la salida sur — compartió, entrecerrando su mirada sobre aquellas facciones que inútilmente intentó vincular sobre algún comentario dicho por sus amigos. Quizás eran amigos o incluso compañeros, y ella era la pieza que no encajaba del todo en esas vidas. Vaya mierda. — Nah, simple interés de saber si mis quince minutos de fama habían tenido resultado. Toqué junto a una sinfonía en el teatro hace un par de años, nada del otro mundo — esa manía por ocultar sus raíces. Pero no era ocultarlas; si no se lo preguntaban entonces no mentía, y si no la reconocían era mucho mejor. Decidida, sus manos toquetearon el cristal principal de aquel establecimiento, deseando captar la atención del dueño quien, echándole una aburrida mirada, alzó sus manos (una vez vio a la rubia) para indicarles a ambas que no eran bienvenidas. — Mi definición de escándalo es un tanto silencioso pero efectivo — compartió, tirando de la correa de la mochila que llevaba encima para abrirla de par en par. El destello plata de una botella captó su mirada al instante, haciéndose de la lata de pintura en spray para después volver a acomodar su mochila en su espalda. — Si los guardias o cualquier mierda aparece, te aconsejo echar a correr por tu vida — que a ella la dejarían ir con una nueva advertencia y una llamada a su madre, pero por el contrario dudaba que la circense tuviese tanta suerte como para no ganarse un problema mayor.


















