—Me avergüenza rogarle a una desconocida. ¿Por qué no le ruegas tú y me salvas de eso? —quizá le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, pero al encontrarse finalmente en aquella carpa circense era que todo lo comentado por la fémina se tornaba finalmente real y tangible. Y el pedirle a Bonnie por consejos ya no le parecía tan fácil.— ¿Sabes? Estoy acostumbrado a que me traten con amor y delicadeza. Si me sigues dando órdenes quién sabe cómo podría reaccionar a la próxima —aunque estaba resultando quejoso por demás y sin motivos reales. Pero era cierto que “anda” y “muévete” no eran palabras que acostumbrara a oír en su día a día. La azulada mirada del príncipe recorría cada rincón del lugar con notable curiosidad, sus pasos manteniéndolo siempre cercano a la figura femenina que lo guiaba a través de aquel desconocido lugar. Una vez la blonda ingresó en lo que, creía, casi podía ser el hogar pasajero de quien fuese su dueño, el príncipe de Rusia la imitó e ingresó en el lugar teniendo que encoger su figura algunos centímetros para pasar con comodidad por el marco de la muerta, sin hallar más que silencio y soledad en el interior de aquel camper.— Ya veo… —se paseó por el lugar, sin deseos de explorar demasiado porque se sentía un invasor de la propiedad privada.— ¿Estás segura de que no lo has planeado desde un primer momento con quién sabe qué ideas macabras? —chasqueó la lengua, una sonrisa delatando su broma poco después.— No he hecho un viaje hasta aquí por nada, así que la esperaremos.
“¿Quien es el que quiere una barba perfecta? Si no fueras tan vanidoso no estaríamos aquí” su cabeza se movió de manera desaprobatoria. Sus olivas curiosas examinaron cualquier rastro del lugar en busca de la fémina en cuestión pero no había señales de ella por ningún lado. “¿No eres un guardia? ¿Acaso no debes de estar acostumbrado a las órdenes?” entrecerró sus ojos en dirección al contrario, algunos fragmentos se habían quedado en su memoria del día que se conocieron y por alguna razón aquel detalle era uno de ellos. “además, me da curiosidad de cómo podrías reaccionar” ladeó su cabeza, retándole con la mirada. Poco pasó antes de que sus olivas se posaran en un frasco repleto de golosinas, las mismas que ella misma atacaba siempre que se encontraba en aquel lugar y frasco que la desaparecida fémina siempre llenaba para ella, en cuestión de segundos el frasco pasó a estar entre sus manos, atrapando una galleta en sus manos para después extenderlo hacia el contrario. “Me has descubierto” asintió con fingida seguridad, dándole una mordida a la galleta, al terminar de masticarla añadió: “mi plan era traerte hasta aquí y después matarte, o secuestrarte y pedirle el rescate a tu padre, o no hacerlo y obligarte a unirte al circo, podrías ser algo así como el niño más alto del mundo y ante el público tendrás seis años, mira que si los aparentas” medio bromeó.










