Photographer : Qiu Mao
【ig:qiumao1996】
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I'd rather be in outer space 🛸
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he wasn't even looking at me and he found me
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Photographer : Qiu Mao
【ig:qiumao1996】
I'm so thirsty!
Tellement soif !
- DePrimera parte | Segunda parte
Había empezado a lloriquear, del miedo, del olor apestoso de ese rabo y de ese requesón y de que me estuviese grabando.
- Mira a cámara y lame el capullo, venga.
Saqué la lengua y la puse en el capullo, el sabor era amarguísimo, y miré de reojo arriba, cayéndoseme las lágrimas.
- Pobre maricón… Sois todos iguales, calentando pollas y luego no queréis rabo de verdad. Pues te jodes, porque a mí cuanto más llores más dura me la pones.
Se cogió el capullo hinchado y lo empezó a restregar por mi boca y lengua. Intenté apartarme pero me agarró fuerte del pelo y me lo metió a la fuerza, restregándolo. Lo sacó limpio de requesón, y yo no paraba de tener arcadas.
- Como potes te mato a ostias, maricón. Traga.
Intenté tragar, otra arcada.
- ¡TRAGA!
Me tapó la nariz y la boca mientras me miraba con una cara que me acojonaba. Entendí que o tragaba o me dejaba desmayarme, así que aguantando la náusea me lo tragué todo, espeso, quedándose pegado en mi garganta.
- Puta de mierda…
En cuanto me soltó, abrí la boca para coger aire pero duró poco: me empezó a follar la boca con ese rabazo enorme sin piedad, sin apenas poder respirar. Cogía una bocanada de aire en cuanto podía, soltando babas espesas y lloriqueo, y viendo ese pollón volver a acercarse.
- De aquí sales hecha una puta de verdad. No un mariconazo calientapollas, joder.
Me seguía zumbando la garganta y yo pensaba que en cualquier momento iba a desmayarme, potar, o ahogarme. Estaba acojonado, pero cada vez que veía ese pollón descomunal fuera de mi boca no podía evitar pensar en la preciosidad que tenía entre las piernas.
- Si en el fondo os encanta, putos maricones…
Empezó a soltarme pollazos en la cara, aún apestaba pero ya me había hecho al olor. Le miré desde abajo y vi una cara de cerdo salido que sabía que me iba a destrozar.
Volvió a cogerse el pollón por los cojones y lo enfiló a mi boca. Instintivamente la abrí de par en par, y oyéndole cómo se reía me sorprendió que no me la metiese de golpe. Empezó a meterla poco a poco, pero sin parar. Quería que me la tragase hasta los huevos, y yo creía que eso me iba a matar.
Encajó el capullo en mi garganta, apretando. Yo la notaba estrechándose y abriéndose, con un dolor descomunal. Aún quedaban unos centrímetros, pero su pelambrera ya se me metía en la nariz. Intentaba alejarme, pero él solo se reía y seguía apretando.
Mi barbilla tocó sus cojones y yo creía que me iba a partir el cuello o desencajar la mandíbula. Le intentaba mirar pero tenía la cabeza tan encajada que solo podía ver la pelambrera. Empujaba esas nalgas enormes y peludas pero no se movía. En cualquier momento tenía la sensación de que iba a caerme redondo al suelo.
Me soltó de golpe, sacando el pollón de mi cabeza con un cuajarón de babas espesísimas y me soltó un guantazo que me giró la cara y me quedé helado al encontrarme con Luis, el profesor de gimnasia, grabando todo y sonriendo.
- Joder, Enrique, ya te dije que este era un pedazo de maricón de campeonato. Lo vamos a pasar de puta madre.
[continuará]
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One of the funniest things on the net😄
El profesor de filosofía, II
Primera parte
Me había imaginado la situación mil veces, pero ahora que parecía tenerla delante, la verdad es que estaba acojonado. En mis fantasías había vicio, algo de caña, pero todo era muy estilo peli porno. Ahora estaba llorqiueando, temblando, y Enrique me miraba como si me fuese a matar ahí mismo.
- Venga, ¿no ibas tan de putita por Grindr?
Se agarró el paquete, yo seguía callado, en shock. Me fijé en que lo tenía hinchadísimo. Joder, siempre tenía buen paquete, pero eso parecía que iba a reventar. Le volví a mirar, esperando que en cualquier momento se riese, o me dijese que era una broma, pero no.
Sobriendo los mocos y limpiándome las lágrimas le sonreí de medio lado y acerqué la mano a su paquete. Igual iba a molar y todo. Enrique me cogió la muñeca, acercándome de golpe, y soltándome un guantazo que me hizo pitar el oído.
- Puta cerda, maricón de mierda…
Solo le oía entrecortado, mientras me ponía la mano en su paquete y notaba un rabazo descomunal hinchándose debajo. Una parte de mí no pudo evitar estremecerse de vicio. Nunca había tenido delante un verdadero pollón, rabos grandes, sí, pero no de esos de las pelis porno, y me moría de ganas, aunque el dolor de la cara y el pitido de los oídos no acaban de cuadrarme en mi fantasía.
Enrique me agarró del pelo, tirándome de la silla y poniéndome de rodillas. Me puso el paquete delante y noté el olor a polla. Joder, se la olía a través del pantalón.
- Si le dices esto a alguien, te mato. ¿Te queda claro, maricón?
Asentí mientras se bajaba la bragueta. Salió un paquetazo marcando un pollón venoso en unos slips que le quedaban tan justos que ni siquiera le llegaban a las ingles. El olor era cada vez más fuerte.
- ¿No ibas de puta cerda? Pues esto es un rabo de verdad. De macho de verdad. Maricón.
Se lo sacó por un lado del slip y me quedé clavado. Era un pollón peludo, venoso, gordísimo y con un pellejo que tapaba el capullo por completo y aún sobraba. De él empezaba a caer algo de baba bien espesa. Lo que no me esperaba era el olor, cada vez más fuerte. El rabo estaba bien morcillón, y para qué mentir, se me hacía la boca agua. Levanté la mano para agarrarlo pero me la quitó de otro guantazo. se agarró la polla por el capullo y empezó a descapullarla. La pegó a mi nariz y sacó un capullo hinchado, morado, y totalmente cubierto de requesón. Apestando.
No pude evitarlo y me dio una arcada. Joder, eso era demasiado. El calentón que llevaba se me pasó.
- Calientapollas de mierda, ¿no ibas de puta? Límpialo.
Me empezó a sobar el requesón por la nariz y los labios, dejándomelos manchados, por lo que el olor sólo iba a más. Me alegré de no haber llevado hoy bocadillo para el recreo, porque lo habría potado. No paraba de tener arcadas y Enrique me seguía pasando el capullo apestoso por la nariz. Cuadno levanté la vista, con los ojos nublados del olor, me lo encontré con el móvil apuntándome.
- Estoy haciéndote un buen book, maricón. O empiezas a limpiarme el rabo o esto circulará por toda la ciudad. Ya estás tardando.
[Continuará]
James Dean and Paul Newman’s incredibly iconic sexual tension filled screen test for East of Eden.
El profesor de filosofía, I
La verdad es que siempre he sido buen estudiante, se me daba bien estudiar y sacaba buenas notas. Sin embargo, al llegar a primero de bachiller, con las hormonas revueltas empecé a flaquear en algunas asignaturas. La que más, filosofía. El tema me interesaba, pero el problema era el profesor.
Un españolazo de la cabeza a los pies. Moreno, 50 y pocos años, buen cuerpo, un bigote espeso, gafas de pasta, pecho peludo que asomaba por el cuello de la camisa, y un aire de chulito que me hacía babear. Tenía hasta pinta de ser de derechas, y eso me hacía ponerme aún más cerdo. Me pasaba las clases imaginando ese culo, seguramente peludaco, en mi cara asfixiándome, y un rabo bien gordo reventándome la garganta y el culo. Joder, había veces que según terminaba la clase tenía que ir al baño a pajearme.
Mis notas fueron bajando, porque la verdad es que me pasaba más rato fantaseando que atendiendo, y había empezado a tontear por chats y Grindr. Estaba experimentando lo que era ser un buen zorrón, y aunque no quedaba tanto como quería, no me cansaba de tragar rabo, a ser posible maduro.
Un día estaba en clase zorreando por Grindr cuando me pilló, me confiscó el móvil y me emplazó a verle después de clase.
- No estás sacando notas como para andar con el móvil como tonto en clase y no atender.
La verdad es que razón no le faltaba. En ese momento yo solo pensaba en el tío que me había mandado su rabo por Grindr y en si aun estaría con ganas cuando terminase la reprimenda de Enrique, el profesor.
Al acabar la clase recogí, charlé un poco con unos colegas hablando de la putada de tener que ir a su despacho, aunque en el fondo no paraba de imaginarme que me reventaba allí mismo sin piedad, y me dirigí a su despacho mientras el instituto se iba vaciando.
En el despacho estaban él y una profesora de historia, y me hizo un gesto para sentarme en su mesa a su lado. Tenía mi móvil encima de la mesa, boca abajo. Yo solo pensaba en tragarme ese rabo que me esperaba a 250 metros del instituto.
- Alex, no estás sacando buenas notas, y tus profesores de otros años me dicen que siempre has sido un excelente estudiante.
Empezaba la reprimenda, y yo solo podía mirar la mata de pelo que le salía de la camisa.
- Ya… Es que se me está haciendo este año cuesta arriba.
- Ya, ya… Estáis en la edad del pavo, con el móvil, los ordenadores y pensáis que esto no sirve para nada…
En la posición en que estaba hablándome, como de lado, se le marcaba un pezón en la camisa, enorme, rodeado de un matojo de pelo.
- Bueno… Son muchos cambios, jejeje.
- ¿No hay nada que te preocupe? ¿Se está metiendo alguien contigo? El jefe de estudios está preocupado, eras el que mejores notas sacaba…
- No, no, nada de eso, para nada.
- Será que estás distraído…
Entonces giró el móvil, desbloqueó la pantalla y me enseñó las 12 notificaciones de Grindr. El calentón se me bajó de golpe y la fantasía se disipó. La profesora de historia estaba recogiendo también y yo solo deseaba que se fuese antes de que eso fuese a peor.
- Vamos a ver qué es lo que te distrae, a ver si te centras. Es mejor que lo hablemos antes de que eches por tierra tu expediente.
- No, de verdad, seguro que se me pasa…
No solía llevar el móvil bloqueado. No sé por qué. Intenté lanzarme a por el móvil, pero Enrique lo alejó y me miró de reojo, parecía que me iba a soltar un guantazo. La profesora de historia se giró.
- De verdad, los críos de hoy en día con el móvil…
En ese momento Enrique le dio a las notificaciones de Grindr, girando el móvil hacia nosotros. Salieron todos los chats, y se abrió el del tío con el que estaba hablando en clase.
- ¿Esto era lo que estabas haciendo en clase?
Me quedé mudo. Solo quería llorar. Me imaginaba que llamarían a mis padres, y además estas cosas en el instituto arderían como la pólvora… joder, joder.
- Bueno, yo me voy, que te sea leve, a estos críos de hoy en día si les quitas el móvil les quitas la vida…
La profesora salió por la puerta, y Enrique empezó a subir en el chat hasta llegar a mis mensajes. Solo arqueó las cejas. Podía leer desde mi sitio mi último mensaje, en el que se había parado Enrique: “ps klaro k trago jejeje”.
- Encima es que ni se entiende lo que pone con tanta abreviación… A ver, ¿qué dices aquí?
Tragué saliva y me lo quedé mirando. El cabrón estaba disfrutando de lo lindo humillándome.
- Q… que trago.
- ¿El qué?
Me quedé callado mirando al suelo. Me moría de vergüenza.
- No pareces muy tímido en estos mensajes… ¿Te da corte ahora?
Asentí.
- Pues igual te debería dar igual de corte por teléfono, ¿no? Ves, esto es lo que pasa, os envalentonáis por teléfono… Venga, mírame a la cara y dilo.
Subí la mirada y volví a bajarla.
- Venga, ¿qué tragas?
Volví a subir la mirada intentando mantenerla. La aparté y enfoqué a los libros que tenía de fondo.
- Lefa…
Enrique suspiró y sacó una hoja y un boli.
- Al final lo que mejor funciona es lo de toda la vida… Escribe.
Cogí la hoja y el boli, sintiéndome un crío. Joder, esto era cada vez más humillante.
- Escribe “soy una puta cerda comepollas que traga lefa”.
Me quedé helado mirándole con el boli en la mano. Pensaba que era una broma, pero él estaba serio. Me indicó con la mirada que empezase. Empecé a escribir “soy una puta…”
- ¿Cuántas veces?
- ¿Cuántas pollas te has comido?
- N… no sé…
- ¿Ni siquiera sabes cuántas? Hay que ser puta… Voy a tener que hablar con tus padres.
- No, no. Por favor. Lo he tendido. Si quieres borro la aplicación ahora mismo. De verdad, lo que sea…
- ¿Lo que sea? ¿Qué te crees, que esto es una peli porno? - empezó a reírse, se me llenaron los ojos de lágrimas. Joder, ¿qué cojones había hecho con mi vida?
- No, no…
- Sé cómo me miras en clase. Puto maricón. Qué asco me da cada vez que me giro y te veo que se te cae la baba.
Empecé a lloriquear. Enrique se seguía riendo.
- Vas a ser mi puta cerda a partir de ahora.
Me lo quedé mirando boquiabierto, con las lágrimas cayéndome por la cara.
- Borra el Grindr. Lo único que vas a tragar es lo que salga de mi rabo y mi culo. Puta cerda.
Mi novia lleva toda la semana fuera y necesito meterla en algún agujero hermanito, mis colegas dicen que la chupas de puta madre y que eres una guarra de cojones así que bájate que encima llevo tres días sin lavarme el rabo