Cuando mi mamá me contó que iba a adoptar un Fox Terrier la verdad es que me costó bastante entenderlo… nunca había tenido un perro chico, y tampoco me gustaban mucho, pero desde el momento que conocí a la Pepa, se robó mi corazón.
Era muy simpático el contraste con el Lupo, David y Goliat… nunca le faltó actitud para mandonear al pobre Lupo.
Chica, enérgica, expresiva a no dar más. Con una sola mirada podía manipularte fácilmente, lo cual a lo largo del tiempo la fue haciendo “ganar peso”. Buena para pedir comida y participar de toda situación social habida y por haber.
A mi mamá la acompañó muchísimo, era su regalona máxima, y contribuyó enormemente a mejorar el ánimo de la casa, después de la muerte del Kike.
Mi mamá la quería tanto, que a veces se la sentaba en la falda durante las reuniones… situación la cual , honestamente, me sacaba de las casillas. Tratar de resolver problemas grandes, con asesores importantes, y un perro ladrando en la sala, no me parece muy sensato… pero a mi mamá le hacía bien y todos lo entendíamos. Creo que esos 3 años que alcanzó a vivir con mi mamá fueron hermosos para ellas dos sobretodo. Yo la quería mucho, incluso el 2017 conoció a la Nati, y se empezaron a encariñar bastante.
Después de la muerte de mi mamá mi relación con la Pepa obviamente cambió drásticamente… se intensificó muchísimo. Se convirtió en mi compañera. Se fue a vivir conmigo… y con la Nati también.
Si bien sólo estábamos pololeando, cada vez que yo me iba al campo a trabajar, la Nati la recibía con los brazos abiertos en su departamento, y a lo largo del tiempo se fue convirtiendo en su otra ama. Creo que la Pepa fue en gran medida lo más cercano que tuvimos a un hijo en esos años.
La importancia de la Pepa en nuestras vidas fue enorme, y la verdad es que quizás nuestra relación no sería lo que es hoy si no hubiera sido por ella.
Con el pasar de los años, y los cambios de casa, la Pepa nos acompañó a todos lados, literalmente. Lo único que nos faltó fue subirla a un avión creo… pero se convirtió en un miembro fundamental de nuestra vida cotidiana. Al punto de que te empiezas a cuestionar si la clasificación “de Perro”.
Creo que el peak fue cuando mandamos a hacer un cuadro de ella con el cuerpo de la Lady D. Una locura desde cierto ángulo, pero un acierto desde la importancia que alcanzó en nuestras vidas.
Pero sin lugar a duda el momento más épico de la Pepa fue para nuestro matrimonio, en la casa de Paul Harris… con su vestidito de brides maid, sentadita al lado nuestro durante la ceremonia. Un espectáculo.
Para la pandemia nos vinimos al Ñuble. Y cuando armamos la casa del Campo, se vino a vivir con los Lupos a Bellavista. Volvió a vivir en un parque, con extensión de pasto, y todo tipo de vida animal salvaje para entretenerse. Creo que ya llevaba un tiempo viviendo acá, unos 3 años aproximadamente.
Impresionante como le volvió la vitalidad viviendo en el campo, con sus hermanos, paseando por los huertos de fruta, siguiéndome en la bicicleta, jugando con la Oli y regaloneando con la Nati. Llegó a estar flaca de tanto hacer ejercicio. Un verdadero renacer de la Pepa, después de tanto tiempo vivir en departamentos, rogando que la bajaran al parque para ir al baño, u oler aromas ajenos.
De verdad creo que la Pepa tuvo muchas etapas, muchos compañeros y hogares. Tuvo una vida llena de amor y entretenimiento. También tuvo un sentido enorme en nuestra familia, y hoy la vamos a extrañar como a ningún otro perro.
No sabes como te vamos a extrañar Pepa, desde como movías tu chonguito de cola que te dejaron, a tu tufo a rosas, a la suavidad de tu guatita rosada, a esa mirada tan expresiva con la cual nos comunicabas lo que sentías.
No te imaginas el vacío que dejaste con tu partida, pero sólo me puedo imaginar la felicidad de mi mamá de tenerte de vuelta, ahora en el cielo.












