¿Qué sientes cuando ves a la persona que te gusta?
Es diferente, porque están aquellas personas que me gustan pero sé que me harán daño inconscientemente. Y las personas que me gustan y cada día, sin darse cuenta, hacen algo que me atrae más a ellas.
El primer tipo; al principio es un sentimiento como cuando subes por una montaña rusa. Tienes ese hormigueo en la base del estómago y a veces, dependiendo de cómo andes de ácido clorhídrico, en la boca del mismo. Le ves y se incrementa a cada mili segundo que pasa antes de que gire su cabeza hacia ti. Te ve observándole un instante y te sostiene la mirada una fracción de segundo. En ese momento, no hay nada. Sientes vacío. Como si lo único que los separara fuese materia siendo absorbida por un agujero negro. Del que después escapas terminando el contacto visual. Te sientes tan a salvo cuando dejas de mirarle pero quieres volver a hacerlo porque jamás habías sentido algo tan intenso, pero que te causara tanto temor. En ese corto período de tiempo atraviesa tu cerebro una onda de electricidad que te hace razonar en menos de lo que te imaginas que la persona que acabas de ver te ha hecho demasiado daño, te percatas de que no te tiene la misma importancia que tú le tienes, recuerdas que lo que sientes te llevó a un risco del que no puedes tirarte pero tampoco permanecer en la orilla. Entonces necesitas volver a mirarle para buscar un gesto de vacilación que esperas esté ahí y que te baste para perdonarle todo. Lo haces y descubres que sigues sin tener importancia, pues ya giró su cabeza y ahora mira en otra dirección. Y te duele, porque, aunque sepas que no tiene manera de saber lo que pasaste durante esa mirada, te gustaría que de alguna manera no lo ignorara. Lo supiera. Lo entendiera. Pero no.
El segundo tipo; al principio hay como un aura de felicidad alrededor porque sabes que está ahí, muy cerca. Lo único que quieres hacer es verle, acabarte su existencia con la mirada. Notar cada detalle de su cuerpo ocupando espacio, y no ocupándolo. Querer estarle cerca para poder incrementar esa sensación de júbilo que te rodea. Luego viene el quedarte clavado en sus ojos, esperando a cada segundo que giren y se encuentren con los tuyos. Lo hacen, y por un momento estás de nuevo rodeado de materia siendo absorbida por un agujero negro, pero esta vez no te importa. No te importa porque no puedes ser afectado por las leyes de la física en ese instante. Es como si estuvieses, pero no. Como tirarte a un lago pero atravesar el agua en lugar de mojarte, y aún así llegar al fondo. La sensación es demasiado para ti y decides romper la conexión que la creó. Tus ojos dejan de apuntar a los suyos y el agua del lago comienza a mojarte. El agujero te empieza a jalar. Por lo que necesitas volver a verle. Tus ojos devuelven su atención a su rostro, y obtienes algo parecido, pero no igual. Ya no puede sentirse eso porque la conexión que había se deshizo y ya no te miraría a los ojos de nuevo a menos que le hablases. Y no quieres hacerlo, por lo que te resignas con eso.










