sub-zerots:
La mirada masculina, hasta entonces inseparable de esa igual a la que buscaba analizar, se distrajo con la curvatura que dibujaban los labios ajenos, las palabras que brotaban de ellos comenzando a perder sentido ante la distracción provocada por la cercanía de ambos cuerpos. La yema de su pulgar delineó un camino por la mandíbula ajena, en lo que su irises buscaban reencontrarse con los contrarios. “¿Qué más me ibas a decir tú?” la acusó de un intento de engaño en el que no creía realmente, no existían motivos por los que ella pudiese buscar embaucarlo. Esa noche no se conocían, a menos que su mirada le hubiera entregado todas las respuestas que sólo alguien que lo conozca bien obtendría sin mucho esfuerzo, era un desconocido más en la multitudinaria fiesta. Y ante las palabras siguientes fueron sus labios los que consiguieron ser asaltados por una ligera sonrisa. “¿No estarás perdiendo tus habilidades, entonces?” y no hablaba de las sobrenaturales que podía ignorar poseía la criatura a la que ella representaba, sino a la que imaginaba, sin conocer nada de ella, que la fémina poseía por su propia naturaleza. Dejó escapar una risa, un sonido ahogado al ocurrir con labios sellados, la diversión proviniendo del relato de lo que había sido descubierto por la joven en la privacidad de los baños. Y ahí sus manos buscaron comodidad en las caderas ajenas, sin buscar invadir, casi aceptando como natural la cercanía existente entre los dos. “Uhm, ¿debería tomarme eso como una petición literal?” malinterpretó las palabras ajenas a conveniencia, su rostro buscó mayor cercanía con el ajeno, provocando que la pinta de su nariz rozara la piel de su mejilla en lo que comenzaba un camino que buscaba terminar en su cuello, la máscara en su rostro resultando un impedimento que sus hábiles dedos deshicieron en un movimiento simple, permitiéndole la búsqueda del encuentro de sus labios con la cálida y sensible piel de aquella zona de la anatomía femenina.
No se inmuta, ni le tiembla la respiración ni tampoco rompe con el contacto visual que para aquel momento la mantiene prisionera, no hay señales corporales que delaten el torrente de hormigueo que surca cada vértebra que compone su recta espina dorsal, aún cuando el contacto (simple en realidad) retrata aquello y más. "Te quedas con la duda" es un volumen casi imperceptible, ella misma queda sorprendida ante tal susurro, hecho una caricia de respiración hilada, renovando la curvatura protagonista como la luna menguante de algún cielo raso. "Puede ser, quizá pueden ser los tragos" coloca los ojos en blanco, como si aquel fuese el simple defecto en su (im)perfecta habilidad de manipulación y control sobre cualquier entidad cercana a su radar. La risa es contagiosa y de alguna manera se termina uniendo a ella, ha sido testigo del azar de tal escena escondido y compartirla sólo le da más diversión al asunto. Bailan sus ojos, brillan sus pupilas, por un momento se dedica a simplemente contemplar las acciones masculinas, pequeña corriente eléctrica la visita al percibir la fantasmal caricia, es sólo eso, una fantasmal sensación y sin embargo amenaza con los pilares de su imperio de serenidad. Permite, autoriza, cede, abre lugar a que la boca ajena recorra y conozca aquel escondite que es su cuello, su propia mano diestra comienza a moverse, obedeciendo a la acumulación de hormigueo en la zona de su vientre, los dedos se guían por omóplatos hasta posicionarse sobre su nuca, largos falanges perdiéndose entre sus hebras posterior al desliz de cálidas caricias de sus dígitos sobre la dermis expuesta de su nuca. Se caen sus párpados, clausuran el ingreso de luz, quizá como consecuencia natural del momento que invita a perderse, al breve despojo de liderazgo y compostura que tanto caracteriza. Es traviesa e inquieta, se percata de que aquello le encanta y también lo odia (se siente una pequeña presa), por eso la fricción de sus garras entre los cabellos café se profundizan, ahora tirando con delicadeza se encarga de obligar a la renovación de encuentro de miradas. "Recuerda que también me gusta que me rueguen o convenzan" susurra, la comisura diestra elevada en un gesto peligroso antes de apagar todas distancias y sellar sus labios con los ajenos, movimiento lento, tortuoso roce y colisión. "Es que te quedó maquillaje en la boca" se inventa, sabiendo que sólo ha empeorado la situación de los pétalos ajenos con aquella pequeña travesura.

















